SINDICATO UNITARIO DE LA GOBERNACIÓN DEL VALLE DEL CAUCA
NOSOTROSCONTACTO 30 Jun, 2022

Fernando Alexis Jiménez

Sugov03/19/2022
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Decenas de personas se dieron cita en esta convocatoria que hizo el SUGOV. Amigos, afiliados a la organización y simpatizantes, tributaron un reconocimiento a toda una vida de lucha del compañero, Álvaro Ruíz Erazo.

El homenaje al compañero gestor y uno de los principales fundadores del Sindicato Unitario de la Gobernación del Valle del Cauca—SUGOV—, Álvaro Ruíz Erazo, se convirtió en un verdadero éxito.  Rebasó nuestras expectativas.

La representación de la administración departamental estuvo a cargo de la directora del Departamento Administrativo de Planeación, Lorena Sofía Velasco Franco, Karola Hernández, sub secretaría de Cultura del Valle y Luis Alfonso Cháves R, director del DADI. Por las organizaciones sindicales, el presidente de la CUT nacional, Francisco Maltés Tello; el presidente de la CUT Valle, Wilson Sáenz Manchola y Antonio Gutiérrez, de la misma directiva.

¿Y la asistencia? Más de cien personas. Además de quienes siguieron el evento en forma virtual. El Salón Gobernadores con lleno total.

Durante su intervención, el presidente nacional de la CUT, Francisco Maltés Tello, destacó la combatividad de una organización como el SUGOV y dijo, que en esta labor de defensa de los derechos de los trabajadores, incluyendo en su parte esencial a los servidores públicos, el aporte de Álvaro Ruíz Erazo ha sido relevante. “No hay palabras para resumir lo mucho que ha hecho el compañero Álvaro por el sindicalismo”, anotó y dijo que el gestor y uno de los fundadores de nuestra organización, ha ejercido en una época en la que dolorosamente han muerto más de 3000 dirigentes y activistas obreros. 

El escritor floridano, Leonel Bustamante, pronunció unas emotivas palabras de reconocimiento a Álvaro Ruíz Erazo. Proviniendo de alguien como él, quien es reconocido  por muchos años dedicado a las letras, su intervención fue a la vez la presentación oficial del libro “Mi Voz”, que escribió Álvaro. Nadie mejor que Leonel para presentar el libro de otro escritor.

Al intervenir en el evento, el periodista y dirigente sugoviano, Fernando Alexis Jiménez, puso de manifiesto que Álvaro Ruíz Erazo sentó las bases para la creación de un Sindicato como el SUGOV, que se fijó la meta de ser transparente y dar pasos sólidos hacia la recuperación de la credibilidad en el sindicalismo. Recordó que nuestra organización sindical ha traspasado las fronteras, siendo partícipe con amplio reconocimiento, en escenarios internacionales como Cuba y Venezuela.

Muchos de los presentes no pudieron impedir que se les humedecieran los ojos. “Álvaro ha sido un compañero, pero más allá, el amigo“, dijo e dirigente sugoviano, Heimer Bejarano Sandoval, quien tuvo a su cargo la apertura del evento.

La transmisión, en su totalidad, puede ser vista haciendo aquí>> https://bit.ly/3JrUMrd


Agradecemos los registros fotográficos de la comunicadora, Martha Cortés Buitrago, del compañero sugoviano, Carlos Alberto Salazar y la transmisión en redes a cargo de Andrés Estrada Sánchez.


El libro “Mi Voz” de Álvaro Ruíz Erazo, fue presentado en una ceremonia muy particular, de compañeros, al presidente de la CUT nacional, Francisco Maltés Tello. La presidente del SUGOV, Gicella Ochoa Bejarano, reconoció la trayectoria de Álvaro y dijo a los presentes, que gracias a la credibilidad que despierta, muchos que otrora tenían aversión al sindicalismo, se sumaron a nuestra organización.

 


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La jornada transcurrió tranquila, salvo el borrachito que gritó vivas y abajos, y terminó en la cárcel. Lo encerraron acusado de asonada y de subvertir la tranquilidad de Pueblo Pequeño.

Pedro, Juan y Álvaro se levantaron muy de mañana, tomaron café con un vivo entusiasmo que se reflejaba en sus rostros, mientras hacían cuentas mentales sobre el caudal electoral que los acompañaría en las urnas. Coincidían en algo: consideraban que aquel domingo, seria el mejor de sus días.

Mijo, están reclamando que los huevos salieron pichos, la leche agria y las lentejas con gorgojo. Que si les puede cambiar el mercado–, gritó la esposa de Pedro, desde la cocina, pegada del teléfono.

Claro, pero después de las elecciones–, respondió mientras salía de casa dando un portazo que escucharon hasta en el último rincón de Pueblo Pequeño.

Desagradecidos. Uno les calma el hambre y exigiendo por un voto. Definitivamente, así paga el diablo a quien bien le sirve”, murmuró mientras se alejaba.

Juan iba de camino a la plaza principal de Pueblo Pequeño. Pensaba en muchas cosas. Entre otras, que vendió el carro e hipotecó la casa para financiar la publicidad de la campaña.

Yo creo en el voto de opinión–, se repetía en voz alta, mientras saludaba con una sonrisa a todos cuanto veía en la calle. —La gente quiere una renovación… —

Álvaro, por su parte, se levantó tarde. Confiaba en que, como siempre, la gente lo acompañaría masivamente. “Ellos saben por quién deben sufragar. Para qué insistirles. Sería tanto como llover sobre mojado.”

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La jornada transcurrió tranquila, salvo el borrachito que gritó vivas y abajos, y terminó en la cárcel. Lo encerraron acusado de asonada y de subvertir la tranquilidad de Pueblo Pequeño.

Mientras avanzaban las votaciones, los mercados iban y venían, por encima de las narices de Juan, quien ignoró esa realidad o, como solía repetir: “Lo más maravilloso de este remanso de paz, es la solidaridad de las personas unas con otras. Hasta en domingo ayudan al necesitado.”

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Los escrutinios iban bien hasta que un sorpresivo corte de energía eléctrica, dejó todo en penumbra. Y en menos de quince minutos, cambió el curso del conteo.

En política nada está escrito—justificó Pedro Continuismo.

Juan Candidote perdió por tercera vez en una contienda. En adelante le tocará andar a pie o montar en bus intermunicipal, al tiempo que debe apropiar un presupuesto para pagar arriendo. Sin embargo, con una sonrisa, repite:

La quinta es la vencida. Voy a ganar en la próxima. Será mi revancha…–se consuela.

Álvaro Quemadito se encerró desde el lunes en su casa. Perdió hasta la sonrisa. Dicen las lenguas viperinas de Pueblo Pequeño que el culpable de su derrota fue Pedro Continuismo. Le sedujo hasta el último votante. De paso, le desbarato la maquinaria política. “En política todo se vale”, fue su argumento para tumbarlo.

Álvaro le dijo a su esposa, quien le estaba curando las heridas de las quemaduras:

Tranquila, mija, de esta nos levantamos. Volveremos a la contienda y, le aseguro, le juro por mi madrecita linda, que no dejo títere con cabeza cuando vuelva al poder—A renglón seguido le anunció que montaría un puesto de quesos en la galería, para sobrevivir.

Ella lo miró, le sonrió y le dijo: “No se mueva, que se arranca la gasa”.

La calma reina en los hogares de Pueblo Pequeño. Comenzaron a bajar las vallas y quitar los cartelones, que habían pegado hasta en la casa cural para sacarle la paciencia al sacerdote, de quien dicen las malas lenguas, tiene tendencia izquierdosa.

Todos están contentos, aunque los huevos hayan salido pichos, la leche agria y las lentejas con gorgojos. A menos este día tendrán algo en la mesa…

 


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No es de extrañar que ya tenga comprado el tiquete para Europa. Al fin y al cabo, ella no tiene nada qué perder. Se regresa a su vida de siempre, de lujos y comodidades, una vez haya causado daño en Colombia.

Lo que muchos colombianos guardan en el baúl de los recuerdos, es la imagen de Juan Carlos Lecompte cuando se tatuó en un brazo la efigie de Ingrid Betancur. La amaba. Soñaba repetidamente con verla libre, tras el secuestro de seis años en manos de las FARC. Uno de los “males buscados”, como dicen los abuelos en Colombia. La segunda postal, color sepia, es la sucesión de plantones que protagonizaba con una fotografía de la política. Como buen publicista, Lecompte quería tocar las fibras más sensibles de la ciudadanía, en procura de su solidaridad.

Sin embargo, su gran desilusión vino cuando la liberaron. En el recibimiento, ella eludió un beso y luego, con una contundencia demoledora, mirándolo a los ojos y ante el desconcierto de su esposo, le dijo: “Ya no te quiero”. Sus aspiraciones ahora no se enfocaban en la política, sino en irse a Europa, lejos de las tierras colombianas, de las que quería poner distancia.

Esporádicamente aparecía en noticieros uribistas, como NTN24 para despotricar del Proceso de Paz, al que considera, un paso para “dar impunidad a los violentos”. Ajena totalmente a la realidad del país. Cercana a sus intereses elitistas, los mismos que ahora defiende en todos los escenarios.

La fresa en el helado la puso el 17 enero último cuando oficializó su aspiración de ser Presidente. Asumió el discurso mesiánico como la única alternativa de los electores. Y desde entonces, no deja “títere con cabeza”. A todos los cuestiona. Sólo ella enarbola la bandera de la moral. De lo que no habla es de transparencia, porque ese no es un término que figure en su diccionario.

La también aspirante, pero de izquierda, Francia Márquez, la confrontó. Lo hizo en un debate. Dejó en claro que se trataba de una oportunista.

Yo le diría a Ingrid, que la respeto y todo, que uno no puede venir cada 4 años a hacer política; hay que asumir que nosotros estamos aquí como país y construimos como país, pero las situaciones que usted ha vivido las sigue viviendo mucha gente, todos los días, y es necesario entonces asumir el desafío de lo que a mí me pasó que no le pase a nadie”, le dijo con el desparpajo que caracteriza a la negra, descomplicada y franca. Le “cantó las cuarenta” en la cara e Ingrid, como en la legendaria foto del secuestro, asumió una actitud de víctima.

Ingrid no respeta las reglas del juego, al punto que se desmarcó de la Coalición Centro Esperanza. Una jugada de ajedrecista que ya tenía planeada, sin duda. Y salió de allí criticando a todos. Como la invitada a una comilona que, sin poner nada para el convite, sale después de almorzar criticando el sancocho, el tamaño de la pechuga de la gallina y, además, diciendo que no le permitieron repetir agua de panela.

Su más reciente desacierto, decir que algunas mujeres brindan las condiciones para ser abusadas sexualmente. La hizo, definitivamente. Y cuando vio el tamaño de su metida de pata, ella que siempre culpa a los demás por los equívocos, atribuyó el asunto a un lapsus porque –argumentó—, siempre está pensando en español y en francés.

No es de extrañar que ya tenga comprado el tiquete para Europa. Al fin y al cabo, ella no tiene nada qué perder. Se regresa a su vida de siempre, de lujos y comodidades, una vez haya causado daño en Colombia. Definitivamente, lo que es de esperarse con alguien que sin ser adalid de los principios y valores, ahora se cree la rectora moral de los colombianos…

Blog del autor https://cronicasparalapaz.wordpress.com/


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Semanas después, el domingo 8 de octubre de 2006 para ser precisos, apareció asesinado el cabo Raúl Carvajal, en el cerro de la Virgen, en el corregimiento de Lajas, en el municipio de Tarra, Norte de Santander. Se negó a asesinar civiles para hacerlos pasar por guerrilleros. Desafío la política macabra de los “falsos positivos”

Por Ricardo Romero Silva – Escritor y columnista de El Tiempo

Feliz Navidad, don Raúl Carvajal, descanse en paz porque de voz en voz en voz sigue viajando la noticia de que a su hijo, el cabo, lo mataron por negarse a cometer un par de “falsos positivos”.

Mijo, ¿y qué?: ¿Cómo está eso por allá?–, le preguntó usted la última vez que hablaron.

Papá, esto aquí está muy feo; a mí me mandaron a matar a dos muchachos para hacerlos pasar como guerrilleros muertos en combate y yo no los quise matar. Yo me voy a retirar–, advirtió él joven militar, que hoy encarna a tantos soldados que se negaron a la rutina del horror, como quien va dejando migas de pan en el camino a la verdad.

Semanas después, el domingo 8 de octubre de 2006 para ser precisos, apareció asesinado en el cerro de la Virgen, en el corregimiento de Lajas, en el municipio de Tarra, Norte de Santander. Y usted, respetado don Raúl, se dedicó a contar la historia.

Que el hijo que llevaba su nombre pertenecía al Batallón de Infantería Antonio Ricaurte de Bucaramanga. Que, luego de nueve años de servicios al ejército, acababa de ser trasladado a la Unidad Destructor Uno de la Brigada 30 de la Segunda División.

Y no fue asesinado por un francotirador de las Farc en la tal Operación Serpiente, como se repitió hasta la maldad, porque en aquellas fechas no hubo enfrentamientos en aquellos parajes, sino que fue atado de pies y manos, golpeado, torturado, ejecutado a dos metros de distancia y manipulado por otros soldados para cerrarle el paso a su fantasma, a su verdad:.

Tenía la cabeza rellena de papel periódico“, dijo usted, don Ricardo. Hace diez años le dieron los huesos de su niño, en el camposanto donde habían sido enterrados, pues no había con qué pagar la sepultura. Y empezó su odisea para contar lo que pasó como pasó.

Pero Colombia ha sido la distancia entre la verdad y la justicia. Usted despertó seguro de su paso a seguir, ordenó a su familia que se hiciera a un lado porque “yo ya no quiero llorar a otro“, subió al furgón Dodge en el que llevaba comida de las veredas a las ciudades, el PAH 605 de Montería, con los restos del cuerpo que fue su hijo, y vino a la plaza de Bolívar de Bogotá, el mar que recibe todos los ríos que ha olvidado, a contarles este relato en la cara a tantos poderosos que se encogen de hombros entre la guerra:

Si usted supiera lo que duele la muerte de un hijo”, le gritó a Uribe en la plaza el domingo 20 de febrero de 2011, “ustedes no han querido dejar que se esclarezca este asesinato“.

Y se parqueó diez años en la avenida Jiménez con la carrera 7.ª a esperar justicia. Y pidió a Dios que le dejara vivir hasta que esta historia pasara de vida en vida.

Murió el sábado 12 de junio de este año, a los 73, por culpa de la peste escabrosa que ha sido el fin de 129.534 colombianos. Escuchó que su hijo era uno de los 6.402 “falsos positivos” con los que dio la JEP. Pero no alcanzó a ver a Santos pidiéndoles “perdón a todas las familias, víctimas de este horror, desde lo más profundo de mi alma”.

No supo que al principio de esta Navidad –la moraleja de la Navidad es, se sabe, que vivir es volver a nacer– 21 militares aceptaron cargos por cientos de ejecuciones extrajudiciales; no imaginó que su gente vendría aquí, a Bogotá, a seguir su tarea, a pedir que su furgón quede parqueado en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación:

Necesito que mi hermano y mi padre descansen donde quiera que estén”, dijo su hija Doris en un funeral plagado de tapabocas, “ni siquiera sabía que esto era silencio“.

Feliz Navidad, señor Carvajal, descanse en paz que usted –con su historia a cuestas– no solo es el personaje de este año en el que fuimos llamados a decirnos la verdad, sino que será siempre el colombiano que dejó en claro que ningún padre merece ser evangelista de su hijo.

Página del autor www.ricardosilvaromero.com


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Organizaciones sindicales del Valle del Cauca, atendiendo convocatoria de la CUT, reafirmaron respaldo y compromiso con la jornada de movilización del próximo 28 de septiembre. El Paro Nacional sigue vivo, aseguraron dirigentes obreros.

Por Fernando Alexis Jiménez | Dirigente del SUGOV

La protesta sigue. No ha menguado. Ahora más beligerante que nunca. ¿La razón? Duque no baja la guardia y, en escenarios como la ONU, sigue vendiendo la imagen de una Colombia paradisíaca, desconociendo la realidad social cada vez más crítica, con un desempleo que cabalga por las nubes, una inflación sin precedentes y la máquina de la muerte bien aceitada para acabar con líderes sindicales y populares.

El panorama fue analizado en la convocatoria de la Central Unitaria de Trabajadores—CUT, subdirectiva Valle—y los dirigentes de los sindicatos coincidieron que el 28 de septiembre es necesario  salir a las calles, de un lado para respaldar los diez proyectos de ley que hacen tránsito en el Congreso, y de otro, reclamar que cese la voraz andanada de los grupos económicos del país por privatizar la salud, ahogando a su paso, las finanzas y futuro de los hospitales estatales.

EL PARO NO SE HA ACABADO

Contrario a lo que piensan muchos, aquellos que se rinden fácilmente, el Paro Nacional no se ha acabado. En esa dirección, el presidente de la CUT en el Valle del Cauca, Wilson Sáenz Manchola dijo que: “Este período que muchos equivocadamente consideran es un receso, no ha servido más que para estrechar los lazos con diferentes expresiones ciudadanas, que ahora quieren sumarse a la protesta ante la contundencia de un país en crisis. Hay que retomar la movilización comprometida. Debemos seguir firmes y más cuando los vientos electoreros amenazan con profundizar la crisis laboral con reformas que golpearán a los trabajadores. Esta es la hora de movilizarnos”.

El dirigente expresó su preocupación por la situación de la salud, lo que explica que la movilización del 28 de septiembre próximo inicie en la Plazoleta de San Francisco y concluya frente a las instalaciones del Hospital Universitario del Valle—HUV–. “La movilización popular es la que ha traído cambios en el país y, ahora, seguimos adelante, con un ingrediente particular: la defensa del derecho a la salud, que debe seguir siendo pública y no quedar en manos del sector privado”, precisó.

Informó que la agenda de protesta social incluye, también, fechas como el 20 de octubre, el 25 de noviembre y el 10 de diciembre.

Hay un claro compromiso de la CUT y de los sindicatos, de jalonar la movilización del 28 de septiembre, En la gráfica, de izquierda a derecha, Francisco Maltés Tello (presidente Nacional de la CUT y Wilson Sáenz Manchola, presidente regional de la central, entre otros. Foto Fernando Alexis Jiménez – Archivo.

COLOMBIA, UN PAÍS SE POBRES

Durante su intervención en modalidad virtual, el presidente de la CUT y vocero del Comité Nacional de Paro, Francisco Maltés Tello, resaltó con viva inquietud que Colombia se convirtió en un país de pobres, ante la indiferencia cómplice de la clase política tradicional, y la mirada inmisericordia de un gobierno como el que preside Iván Duque Márquez.

En nuestro país hay 21 millones de personas sumidas en la pobreza, es decir, el 40% de nuestros connacionales.  El DANE maquilla la realidad. Pero lo que no han podido ocultar es el estallido social por cuenta de la desigualdad. Por el contrario, ese estallido sacó a flote lo que está ocurriendo. Desde el Comité de Paro reivindicamos la movilización, que ya forma parte de la agenda pública. Nos corresponde a todos, presionar a los congresistas para que ayuden a jalonar los diez proyectos de Ley”, enfatizó.

Informó que, con los jóvenes, denominados durante el paro como primera línea, se han realizado nuevos acercamientos. Específicamente con quienes están organizados. Recordó que jamás se les han cerrado las puertas, aun cuando algunos sectores, en algún momento dijeron que no querían que intervinieran las organizaciones obreras. “Tenemos que avanzar con pasos de unidad, pero bien organizados”, explicó.

DURA RADIOGRAFÍA SOCIAL DEL VALLE DEL CAUCA

Durante la reunión de las organizaciones sindicales a instancias de la CUT, subdirectiva Valle del Cauca, se presentó una dura radiografía social del Departamento, que pone en evidencia el recrudecimiento de tres fenómenos que toman fuerza: el desempleo, la pobreza absoluta y la violencia contra los líderes.

Como consecuencia del actual modelo económico y político que favorece los intereses del capital extranjero y alimenta el afán de enriquecimiento de quienes detentan el poder, se estima que una de cada diez personas en edad productiva, se encuentran sin trabajo.

En Cali, 560 mil personas, viven del rebusque y más de 300 mil familias, enfrentan la pobreza extrema, la que se refleja—en términos prácticos—en el hecho de que solo consumen dos raciones de alimento al día.

Con la complicidad de la clase politiquera, los hospitales se encuentran al borde del colapso, al tiempo que las EPS –que pertenecen al sector privado—enriquecen sus arcas. En esa dirección, el temor es que la salud, que es un derecho inalienable, termine privatizada.

En general, se aprecia como el 86% del empleo formal ha desaparecido con el pretexto esgrimido por los empresarios, de que fue consecuencia del Paro Nacional. De la mano con su argumento manido, ofrecen colocación por debajo del mínimo y sin garantías de ninguna clase.

COLOMBIA NO PUEDE OLVIDAR SU HISTORIA

La reunión de las organizaciones sindicales del Valle del Cauca estuvo fortalecida con la intervención del analista económico e internacional y escritor, Aurelio Suárez Montoya. Su planteamiento fue contundente: Colombia no puede olvidar su historia y, menos, a quienes la han llevado a arrastrar una pesada carga de miseria, en la que –antes que repuntar—su economía va en picada y cada día se depende más de las importaciones. Esto, como lo explicó el catedrático, es muy grave porque desestimula la producción nacional y alimenta el desempleo.

Economista y escritor, Aurelio Suárez Montoya

Para cumplir compromisos, el país debió promover reformas y las exigencias del Consenso de Washington, más peligroso, viral y dañino, que las diez plagas de Egipto juntas.

El Banco de la República, fiel a los postulados trazados por el imperialismo económico de los norteamericanos, sometió la política de divisas y la cambiaria, en detrimento del poder adquisitivo de los colombianos. Esto abonó el terreno para la famosa apertura económica, en la que se desequilibra la balanza: se privilegia el que compremos lo que nos venden en dólares, mientras que nuestros productos los rechazan o quieren pagar a precio de huevo. En términos parroquiales, siempre llevamos las de perder.

Así las cosas, tomando como línea de tiempo el 2000, se quintuplicaron las importaciones del renglón agropecuario y se duplicaron las de producción industrial. ¿Resultado? Más desempleo. En otros términos, importamos mucho más de lo que exportamos. Y los capitales extranjeros, que gozan de todos los privilegios, avanzaron en un nuevo zarpazo: se apoderaron de lo que otrora era la banca estatal. Al fin y al cabo, entre sus prebendas, está el que tienen exenciones y rebajas en la tributación.

En su disertación, el profesor Aurelio Suárez Montoya, puso de relieve que han sido los inversionistas extranjeros los más beneficiados con la bonanza minero-energética que vivió Colombia. “Ni siquiera Pinochet, con todo y lo perverso, vendió los recursos de Chile. En Colombia si lo hicieron”, enfatizó.

Para sobrevivir, los gobiernos de turno se han endeudado. El economista precisó que, como consecuencia, cada colombiano le debería al capital extranjero alrededor de doce millones de pesos, si se pretendiera pagar la deuda externa.

El panorama no luce alentador, a menos que el pueblo colombiano le salga al paso”, advirtió, al tiempo que recordó, el mal manejo de la política fiscal del país, ha llevado a que en los últimos 20 años se hayan realizado 19 reformas tributarias que trasladaron casi el 60% de los tributos al pueblo. “Es una carga muy pesad que no puede soportar”, dijo.

La reunión del sindicalismo, concentrado en el Valle del Cauca, concluyó con el compromiso ineludible de sacar adelante la movilización del 28 de septiembre y las otras movilizaciones contempladas en la agenda hasta el mes de diciembre próximo.

 


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El sindicalismo colombiano debe someterse a un cuidadoso auto análisis para aplicar correctivos. Se han cometido errores. No podemos ocultarlo. Un análisis de la situación actual.

Por Fernando Alexis Jiménez

El más reciente Paro Nacional en Colombia que marcó un hito en la historia, dejó clara una realidad: Los sindicalistas ya no somos los “chachos de la película”. En pocas palabras, progresivamente hemos ido perdiendo el protagonismo.

Soy consciente de que mi planteamiento desatará una tormenta sin precedentes, y no faltará quien se rasgue las vestiduras. Sin embargo, antes que contemplar la posibilidad de considerarme hereje y que se proponga mi lapidación, pido me concedan unas pocas palabras con las que sintetizo mi argumento:

1.- La corrupción y la politiquería han infiltrado el sindicalismo. Para nadie es desconocido que algunos de quienes se denominan dirigentes, establecen nexos con los patrones, lo que por supuesto, va en detrimento de los trabajadores. De la mano con esta realidad, otra igualmente desalentadora: hay quienes comprometen su labor con los partidos tradicionales, los mismos que legislan para golpear a quienes deberían defender: los obreros.

2.- Se ha ido desdibujando la beligerancia. Las batallas que se libran con el sindicalismo, no son las de otras épocas, ni las que marcaron un distintivo como la huelga de las bananeras o el accionar de Jorge Ignacio Torres o María de los Ángeles Cano Márquez (María Cano), la primera mujer que lideró la organización de los trabajadores en diferentes regiones del país.

3.- Las acciones de carácter político-sindical están perdiendo fuerza. El ejercicio del sindicalismo tiene una incidencia política no partidista, que, a la fecha, o bien perdió su norte o no tiene la fuerza de antes. Pese a ello, en muchos escenarios queda en evidencia que incurren en la improvisación, el inmediatismo y se dejan de lado las actividades con incidencia en la búsqueda de reivindicaciones para la clase obrera.

4.- Falta de capacitación y formación de cuadros sindicales. La generación sindical que nos tocó, la que llamamos de vanguardia, demanda la formación política y de liderazgo antes de ocupar un cargo. Eso significaría que el dirigente se desenvuelva a conciencia, con un solo norte: la defensa de la clase trabajadora. A esto se debe sumar que no se están preparando cuadros que puedan contribuir, en el corto plazo, a la renovación generacional en las organizaciones sindicales.

5.- Toma fuerza la división del sindicalismo. Antes que propiciar un fortalecimiento de los sindicatos, como un bloque monolítico, salta a la vista que hay fuertes huracanes de divisionismo. Esta tormenta alimenta el surgimiento de nuevas organizaciones débiles que favorecen los intereses de los patrones. Hay tantos sindicatos como religiones en el mundo.

Es cierto que los pretendidos dirigentes quedan amparados por el fuero sindical, pero el creciente fraccionamiento no ha hecho otra cosa que debilitar el movimiento obrero.

6.- Paulatinamente se va perdiendo la capacidad de convocatoria. Retomo el tema del Paro Nacional. Mientras que en las calles brillaron por su ausencia muchos sindicatos—representados en sus lideres y afiliados–, se hizo evidente que sí salieron a manifestarse otras expresiones populares: indígenas, campesinos, comunales, estudiantes y quienes jamás habían marchado y que integraron la llamada primera línea.

7.- Seguimos usando el lenguaje de hace veinte años. Que no queremos a los yanquis, que las políticas neoliberales nos están hundiendo y que las trasnacionales acaban con toda garantía laboral, son entre otros, hechos que conocemos a ciencia cierta. Sin embargo, seguimos utilizando el mismo lenguaje de otras épocas y no estamos llegando de manera clara a las nuevas generaciones y al ciudadano del común.

ES HORA DE HACER UN ALTO EN EL CAMINO

Desconozco cómo quiera usted rotular la situación actual del sindicalismo colombiano. Desde mi perspectiva, que no refleja una verdad revelada—por supuesto–, estamos experimentando una crisis sin precedentes y, además, profunda.

Dadas las actuales circunstancias es tanto como encontrarnos en medio de un puente. No podemos llegar a la frontera sin retorno, porque será la clase trabajadora la que lleve la peor parte.

En ese orden de ideas, además de hacer un alto en el camino, urge reorientar el movimiento sindical para que responda a las expectativas de la actual situación y de las futuras, porque es evidente que los politiqueros querrán seguir atornillados en el poder atropellando a la clase trabajadora.  

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Duque es ilógico en sus decisiones. Para él, lo que hizo la turista europea, es intromisión en asuntos internos, pero no lo es el que una veintena de ex militares de Colombia participaran en el frustrado golpe de Estado y asesinato del presidente de Haití, Jovenel Moise. De hecho, envió una delegación diplomática para que brinde asistencia jurídica y humanitaria a estos mercenarios, o en términos más parroquiales, paramilitares o paracos.

Por Fernando Alexis Jiménez – Dirigente sugoviano

La doble moral del presidente Iván Duque cuestionando los gobiernos de izquierda, a los que acusa de dictaduras, quedó evidenciada al ordenar la expulsión de la alemana, Rebecca Linda Marlene Sprößer, como retaliación al apoyo que brindó la joven a las protestas del Paro Nacional.

Desde la perspectiva del mandatario colombiano, ese es el ejercicio de la soberanía nacional. Para observadores del país y del extranjero, es una clara evidencia del estado dictatorial que enfrentan los colombianos y que fue puesto de manifiesto tras las recomendaciones que hizo la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

La europea fue aforada en un vuelo que cubría la ruta Cali-Bogotá y Bogotá- Alemania y, como castigo, no podrá entrar a Colombia durante los próximos 10 años.

Si esa no es una decisión dictatorial, ¿qué si lo es? Duque es ilógico en sus decisiones. Para él, lo que hizo la turista europea, es intromisión en asuntos internos, pero no lo es el que una veintena de ex militares de Colombia participaran en el frustrado golpe de Estado y asesinato del presidente de Haití, Jovenel Moise. De hecho, envió una delegación diplomática para que brinde asistencia jurídica y humanitaria a estos mercenarios, o en términos más parroquiales, paramilitares o paracos.

La joven alemana, Rebecca Linda Marlene Sprößer, apoyó la protesta social en Cali.

LA HISTORIA DE LA ALEMANA EN COLOMBIA

Rebecca Linda Marlene Sprößer se sintió atraída por Colombia, el país del realismo mágico que inmortalizó en sus creaciones literarias, el Premio Nobel, Gabriel García Márquez. Lo que jamás imaginó es que le tocaría vivir en carne propia esa inverosimilidad de los hechos que solo ocurren en un país como este, en pleno ombligo geográfico de América.

Desde el 15 de marzo pasado, cuando llego, recorrió lugares atractivos que subió a redes sociales. Comentó que se trataba de parajes paradisíacos, porque su propósito inicial no era otro que el de hacer turismo. Pero inmersa en esos recorridos, le tocó vivir el Paro Nacional que, particularmente en Cali, se vivió con mayor intensidad.

Fue allí cuando tuvo estrecho contacto con los jóvenes de primera línea. Los apoyó. Se tomó fotos con ellos. Se puso casco, careta antigases y hasta cubrió su cuerpo con la bandera de los colombianos, ¿Delito? No. No estaba propiciando un golpe de Estado como los connacionales en Haití. Simplemente, apoyó las manifestaciones.

Pero, como en Colombia protestar es un delito por cuenta de la mentalidad guerrerista del presidente Duque, la sacaron a sombrerazos, como si se tratara de la peor delincuente. Desde la apreciación del gobierno nacional, Pablo Escobar y quienes integraron los carteles del narcotráfico, son niños de kindergarden.  

La protesta social es constitucional, pero en Colombia la han querido satanizar

LA DETUVIERON POR DENUNCIAR

La detención de Rebecca Linda Marlene Spröße se produjo en unas circunstancias insólitas, propias de una telenovela en la que los buenos resultan ser los malos y viceversa. Para ser más específicos, una narrativa con matices Kafkianos.

Linda, como ella misma abrevia su nombre, fue víctima de un atentado sicarial el pasado 22 de julio. Y, como es apenas natural, fue a denunciar el hecho ante el CTI de la Fiscalía. La declaración la rindió en la sede del Comité de Presos Políticos en Cali y a una cuadra de allí, cuando terminó ese procedimiento, fue detenida por agentes de Policía y de Migración Colombia y dirigida, inmediatamente, al aeropuerto Internacional Alfonso Bonilla Aragón.

Cuando llegué a Cali me enamoré totalmente de la gente, de la forma de vivir y decidí que quería vivir un tiempo más acá. Empecé a trabajar como voluntaria en una escuela muy reconocida de baile que se llamaba Arrebato Caleño, pero se intensificaron los toques de queda y ya no pudieron dar las clases que se hacían en la noche y quebraron después de resistir lo que más pudieron durante la pandemia. Esa fue una fuerte motivación para unirme a la gente que empezó a protestar. Después pensé que como en México había trabajado en periodismo, aquí también podría documentar con mi mirada lo que estaba sucediendo. Entonces empecé a grabar testimonios y abusos de la Policía y a mandarles eso a mis contactos que tenía de prensa”, dijo la joven alemana.

En tanto se sataniza la protesta social en Colombia, el presidente Duque envió una delegación diplomática a auxiliar a paramilitares que pretendían un fallido golpe de Estado en Haití.

Su existencia comenzó a correr peligro desde que se solidarizó con las marchas y decidió hacer presencia en los diferentes puntos de resistencia de Cali. Por ese motivo, el Comité de Solidaridad de Presos Políticos ha cuestionado la expulsión de Rebecca Marlene Sproesser, como un procedimiento administrativo arbitrario del que tomó parte Migración Colombia, sin dar margen a ninguna reclamación.

No podría concluir sin enfatizar que, para quienes dudan que el presidente Duque es un dictador, sus acciones cada día tornan fehaciente la condición en que se encuentra Colombia, y anotar, por último, que el temor que nos asiste a quienes escribimos, es que nos terminen amenazando las fuerzas oscuras que siembran el terror y la muerte.

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NOTA IMPORTANTE: El autor del presente artículos se hace responsable por su contenido ya que, si bien forma parte de la dirigencia sugoviana, sus planteamientos no necesariamente están en consonancia con el pensamiento político-sindical de la organización sindical.


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Como habían advertido con anticipación las organizaciones sociales, la protesta de este 20 de julio, iba a ser infiltrada por las fuerzas oscuras para deslegitimar informe del CIDH que se refirió a desmanes de la fuerza pública y que recomendó correctivos inmediatos.

Por Fernando Alexis Jiménez – Dirigente Sugoviano

Fotografías: Oliverio Montealegre Tierradentro – Yesid González Sabi

Nuevamente Cali se convirtió este 20 de julio en un campo de batalla por cuenta de los actos de provocación de la fuerza pública a los manifestantes en la concentración de la Loma de Cruz, confrontaciones que se replicaron en los sectores de Sameco, Puente del Comercio, Meléndez y Calipso. De acuerdo con las autoridades, siete agentes de antidisturbios resultaron heridos, pero no mencionaron que más de veinte manifestantes resultaron seriamente afectados en su integridad. Ironías del país del “realismo mágico” donde solo cuentan unos, y las clases populares resultan invisibilizadas.

Las marchas de las horas de la mañana transcurrieron en paz. Sin embargo, frente a la actitud intimidatoria del Escuadrón Anti Disturbios—Esmad–, se generaron las condiciones para los enfrentamientos que buscan sustentar los vaticinios aterrorizadores que promovió el presidente Iván Duque, para deslegitimar y satanizar la protesta social.

Para generar temor en la ciudadanía y evitar que liberaran su inconformidad saliendo a las calles, el mandatario anticipó que se fraguaban planes terroristas, con apoyo de la insurgencia y el narcotráfico, para desestabilizar la institucionalidad. Pero de la mano con estos pronunciamientos, enarbolaba la tesis de que todo estaba bajo control gracias a los operativos de seguridad en toda la geografía nacional.

El común denominador de las marchas: transcurrieron en paz, pese a las provocaciones de las fuerzas estatales.

GOBIERNO NACIONAL PREPARÓ ESCENARIO PARA LOS COMBATES

Para nadie es desconocido que esta andanada gubernamental de desinformación, es una cortina de humo que busca echar por tierra el informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sobre los abusos de la fuerza pública y las recomendaciones para que se apliquen correctivos urgentes.

Quedó claro que se trató de dos cosas claras: una estrategia concebida para esconder la corrupción que rodea la vacunación contra el covid-19, y generar una sensación de “seguridad”, que su propio gobierno ha roto con los asesinatos aleves de manifestantes, y las desapariciones de líderes sociales.

La arrogancia del gobierno nacional levanta barreras al diálogo y el Comité Nacional de Paro ha visto renacer, con mayor fuerza, la llama de la inconformidad que asiste a millares de personas por la arbitrariedad del presidente Iván Duque.

El Sindicato Unitario de la Gobernación del Valle–SUGOV– a través de su dirigencia, hizo presencia en las marchas. Si dejar de lado su filosofía de beligerancia en defensa de los derechos de la clase trabajadora, reafirmó su compromiso con la pacificidad en las movilizaciones. 

 

NOTA IMPORTANTE: El autor del texto es responsable por sus opiniones. Aun cuando pertenece a la dirigencia sugoviana, no necesariamente expresa todo el pensamiento político-sindical de nuestra organización. No obstante, fieles al criterio de ser diversos, pero unitarios, publicamos este contenido escrito.


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Dedicado a Marcelo Agredo, Cristian Delgadillo Sánchez, Segundo Jaime Rosas, Nicolás Guerrero y  Elkin Andrés Fernández, algunos de los jóvenes asesinados en Cali y en Colombia por la fuerza pública.

Por Fernando Alexis Jiménez – Dirigente sindical

En el fondo suena atronador “Amor encapuchado”, de Anarkía Tropical. Las notas multicolores emergen estridentes desde una cabina de sonido junto a una trinchera popular, en una de las muchas ciudades de Colombia, aún en resistencia. Un tema pegajoso que habla de barricadas. “Un cuerpo de silueta hermosa y tras la capucha, unos ojos me miraban”, dice la letra. Es una escena fugaz de cómo surgen las chispas del gusto y del amor entre dos jóvenes de los tantos que defienden la lucha del Paro Nacional en Colombia.

El escenario es el mismo para dos jóvenes de “primera línea” que decidieron contraer matrimonio en el barrio Aures, de Buga. Así, como en el disco. Se juraron amor eterno, encapuchados. Ella con un vestido negro, elegante, aún muy jovencita,  y él, cubriendo su rostro y con un escudo elaborado a partir de una tina de aluminio.

Prometieron estar juntos hasta el final de sus vidas o hasta que la represión brutal de la fuerza pública los separe. Como toda pareja de enamorados, les brillaban los ojos. Tenían una sonrisa a flor de piel escondida con tela oscura, para protegerse.

–A los jóvenes nos están matando porque salimos a las calles a protestar.

–Sí, pero confiamos en una nueva Colombia para nuestros hijos—dice la muchacha tras escuchar a su, ahora, esposo.

El sacerdote se hace a un lado, prudentemente. Algunos de los poquísimos asistentes, lloran apreciando ese momento único entre las sillas plásticas que han sido distribuidas en el modesto recinto.

La familia les tiene un “sancochito de gallina y una tortica”, como decimos la inmensidad de pobres de Colombia. Los millares de hombres y mujeres que viven del rebusque, porque a diferencia de la imagen que vende el presidente Iván Duque a nivel internacional, en esta tierra el desempleo cabalga sobre las estadísticas con cifras alarmantes.

OTROS NO TUVIERON ESA MISMA OPORTUNIDAD

Otros jóvenes, con iguales sueños, ganas de luchar, empuje cuando salían a “frentiar lo que fuera”, también enamorados y que le dijeron a su novia que “cuanto termine toda esta vaina, pensamos en el futuro”, no tuvieron la misma oportunidad.

Salieron de casa ante la mirada angustiada de sus madres y el corazón palpitante de sus padres. Como cantaba Piero: “Él tiene los ojos buenos, y una figura pesada. La edad se le vino encima sin carnaval ni comparsa. Yo tengo los años nuevos, mi padre los años viejos. El dolor lo lleva dentro, y tiene historia sin tiempo, viejo mi querido viejo…”

La realidad de ellos, tal vez era otra. Ahora en las calles se está peleando por un futuro. Y pocos lo entienden, como el taxista que me trajo a casa. Sobrevive con cuarenta mil pesos diarios, sin ninguna garantía ni seguridad social, y se queja de las manifestaciones. “Ya deben dejar esas protestas, estoy cansado…”, reniega.

Igual que tantos otros, no han hecho una evaluación de los logros del Paro Nacional. La caída de la reforma tributaria, de la reforma a la salud, de la propuesta que hace carrera de involucrar los jóvenes en una política que consulte las realidades populares y, además de otras cosas positivas, la advertencia al presidente, Iván Duque, de que si pretende impulsar nefastas reformas de carácter laboral y pensional, el pueblo sale de nuevo a las calles.

Y en medio del fragor de la lucha, junto a los sindicalistas que marchamos, los jóvenes de primera línea, que hicieron lo que muchos reconocemos, amerita arrojo: enfrentar las arremetidas inmisericordes de la fuerza pública.

En homenaje a los jóvenes del primera línea asesinados, se realizaron velatones en diferentes lugares de Cali

NO SE PUEDE DESCONOCER SU APORTE EN LA LUCHA

Millares de colombianos se rasgaron las vestiduras por los cortes de ruta o bloqueos como los llama peyorativamente el presidente Duque. Ese término les resulta más sensacionalista a él, a los “camisas blancas” de Ciudad Jardín en el sur de Cali, y a Escobar, el paraco frustrado que aparece disparando junto a la policía, muy cerca de la Estación Univalle.

Nadie puede negar que los bloqueos eran necesarios. De otra manera, el pueblo colombiano no habría sido escuchado. Claro, durante algunos días hubo escasez, pero las cosas hay que mirarlas a largo plazo, en una línea de tiempo amplia. Lo que se ha librado es una batalla sin parangón histórico para legarle a las nuevas generaciones, un país que ya no soporta que le pongan el pie en la nuca.

¿Quiénes fueron clave en todo este proceso? Los jóvenes. Hombres y mujeres. ¿Por qué encapuchados? Por una razón sencilla: si se dejan ver, los matan las fuerzas oscuras del país, que todos saben que existen y de quiénes se trata, pero nadie se quiere referir a ellas.

LOS GRITOS DE LA MUERTE

El día que mataron a Cristian Delgadillo Sánchez y Segundo Jaime Rosas, frente al lugar donde vivo, los vi batallando desde temprano  tras la violenta recuperación que hicieron el Esmad y el Ejército del espacio que ocupaban en el Puente del Comercio.

¿Armas? No les vi en sus manos. Comparten la misma opinión nuestros vecinos, que fueron testigos. ¿Escudos y rocas? Sí. Claro que los tenían. Yo mismo, en mi lejana juventud, tiré piedra cuando subían el precio del bus urbano, consciente como mis compañeros del Colegio “Eustaquia Palacios”, de que esa medida afectaba el bolsillo de nuestros padres, obreros del común que vivían de un modesto salario.

Eran otros tiempos. Lo que repartían los antimotines de la época, era garrote y con generosidad, por cierto. Hoy, por obra y gracia de un fantasma, pareciera, se reparte bala y las autoridades dicen no saber de dónde provenían. Cosas del país del realismo mágico de Gabriel García Márquez.

Un joven fue golpeado en el pecho por una bala aturdidora. Estaba angustiado, por el dolor. Le brindé agua. “Gracias vecino”. Podría haber sido uno de mis hijos. Sentí dolor también, dolor de patria.

El enfrentamiento siguió por varias horas hasta que, hacia la medianoche, sonaron los disparos que segaron la vida de los dos jóvenes. Murieron en medio de la importancia que asiste a quienes creemos que la protesta social es válida en un país que se precia de democrático.

Nadie puede negarnos el derecho a llorar a nuestros muertos, los que cayeron en el marco del Paro Nacional.

Ni Marcelo Agredo, Cristian Delgadillo Sánchez, Segundo Jaime Rosas, Nicolás Guerrero y Elkin Andrés Fernández, entre otros jóvenes asesinados por la fuerza pública en Colombia, tendrán futuro. No disfrutarán del “Amor encapuchado”, ni de la brisa que baña a Cali en las noches cuando se escucha música junto a la Loma de la Cruz o en el Boulevard, cerca del Puente Ortiz, con el rumor del río como fondo.

Duele la muerte de los miembros de la fuerza pública. Nadie lo niega. También son Colombia. Pero tampoco dejan de doler los muertos que estaban en primera línea. Ellos también tienen padres, hermanos, amigos, novia. También soñaron un futuro, pero no volverán a casa, ni hoy ni nunca…

Concluyo agradeciendo a quienes me han advertido, en reiteradas ocasiones, que me pueden matar por lo que escribo. A ellos les he dicho lo que comparto con ustedes, y es la frase del argentino, Ernesto del Che Guevara: “Bienvenida la muerte, donde quiera que me encuentre, siempre y cuando nuestro grito de lucha se siga escuchando.”

NOTA IMPORTANTE: Los planteamientos expresados en este artículo comprometen a su autor, quien se hace responsable, y no necesariamente reflejan el pensamiento político-sindical del movimiento sugoviano. 

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Nos preguntamos: ¿La conciencia deja dormir a la gobernadora del Valle y al alcalde de Cali? Si duermen en paz, es porque, evidentemente y como suponemos, no tienen conciencia ni sentido social.

Por Fernando Alexis JiménezDirigente sugoviano

La solicitud de la gobernadora del Valle del Cauca, Clara Luz Roldán, al presidente Iván Duque para que ordenara la “asistencia militar”, que en términos castizos es la militarización, deja a poco más de un día de entrar en vigencia, al menos trece muertos y más de treinta heridos. El desprestigiado alcalde de Cali, Jorge Iván Ospina, coincidió con la petición. Se hizo partícipe de este “golpe de estado regional”.

El argumento de la mandataria local fue bélico y sin mayor profundada. “Hago un llamado respetuoso al señor presidente de la República, Iván Duque, comandante en jefe de las Fuerzas Militares, para que despliegue toda la capacidad de la Fuerza Pública y se haga efectiva la asistencia militar para retomar el control del orden público en el departamento, siempre apegados al respeto de los derechos humanos”. Simplemente contribuyó a encender aún más a una ciudad capital, referente nacional de lucha por más de un mes, y los puntos de resistencia en diferentes municipios.

De hecho, ella ha mantenido agentes del Escuadrón Móvil Anti Disturbios—Esmadacantonados al interior del edificio donde gobierna, sin importarle que haya ciudadanos que realizan diligencias y funcionarios públicos cumpliendo su horario. Pasó por alto jurisprudencia alrededor de la no permanencia de la fuerza pública en medio de un conflicto, en aquellos espacios donde hay población civil, ni tampoco los postulados del Derecho Internacional Humanitario.

La militarización del Valle del Cauca abre las compuertas para que se comentan arbitrariedades.

Al disponer que los militares se desplegaran en la región, tanto la gobernadora como el alcalde, abrieron las compuertas para que, mediante acciones represivas, se buscara ahogar la protesta social y, de paso, se legitimara todo tipo de represión.

Claro que no es nada que debiera sorprender, porque para impedir el ingreso de indígenas del vecino departamento del Cauca y el arribo de una caravana nacional de solidaridad con Cali, ordenó el cierre de fronteras.

HORAS DE TERROR

El diario colombiano El Tiempo, advirtió que, tras la implementación de la mal llamada asistencia militar, Cali y el Valle del Cauca vivieron horas de terror. No era para menos.

En uno de los apartes de la nota, los periodistas señalan:  “… algunos ciudadanos temían por los manifestantes por lo ocurrido horas antes cerca de la Universidad del Valle y en el barrio Ciudad Jardín, donde además hubo daños estructurales con un incendio en las instalaciones del Icetex. Sin embargo, hombres que portaban armas con silenciador llegaron a ese sector de la calle 4B con Quinta y dispararon contra la multitud.  Los Bomberos reportaron la situación a las 8:04 de la noche, al indicar que al sitio se dirigió una ambulancia con dos paramédicos. Al llegar encontraron a tres personas sangrando.”

Según organizaciones indígenas, Sebastián Jacanamejoy fue supuestamente asesinado por civiles armados en Cali.

En un comunicado que se viralizó, varios líderes sociales e indígenas, expresaron su angustia e impotencia, por encontrarse en estado de indefensión:

Esta jornada fue una de las peores vividas desde que inició el Paro Nacional. En los puntos de Univalle y Melendez, las comunidades indígenas de Cali, que manifestábamos, en unión, alegría con nuestra música propia, con nuestra danza. Nos encontrábamos grupos de los diez cabildos de la ciudad. La fuerza pública arremetió en contra nuestra, sin importar que había niños, adultos mayores y mujeres, simplemente por qué el presidente Duque había llegado a la ciudad a reunirse con gente de bien, como llaman a los empresarios. Y fue Duque quien dio la orden de arremeter contra nosotros.” Acompañaron su denuncia con imágenes que no se publican para guardar su seguridad.

Pero no contentos con cometer arbitrariedades, los agentes del mal llamado orden, arremetieron con más fuerza, como prosigue el relato: “Asesinaron a nuestro hermano indígena, Sebastián Jacanamijoy, estudiante de Univalle, del cabildo indígena Inga de Cali, danzante, médico tradicional y un joven que nos dió ejemplo de lucha durante todo este tiempo. Así mismo hirieron gravemente a Izan David Imbachi, hijo del Consejero de Cultura Municipal (suplente) Leonardo Imbachi, un joven artista, músico, cantante, compositor, estudiante, intérprete de la Chirimía. Él intentó calmar la tensión que se vivía en el lugar.”

Las medidas arbitrarias del gobierno nacional no acallan la disposición popular a seguir luchando.

En diferentes puntos de la capital vallecaucana por espacio de varias horas se ha escuchado el sobrevuelo de helicópteros, disparos y la gritería de jóvenes que huyen ante los ataques. Estas denuncias ya se elevaron ante las diferentes instancias y organizaciones de derechos humanos. Se esperan resultados que evidencien de qué manera, masacrar, herir y hasta torturar, ha sido la respuesta del gobierno del presidente Duque frente a la protesta social.

DESMOVILIZAR EL PARO A SANGRE Y FUEGO

El objetivo del presidente Iván Duque, quien definitivamente mostró a Colombia y al mundo que el Paro Nacional le quedó grande y por eso se niega a negociar con los organizadores, es frenar las expresiones de inconformidad a sangre y fuego.

Una vez más, tanto la gobernadora, Clara Luz Roldán como el alcalde, Jorge Iván Ospina, incurren en desaciertos al pedir la militarización del territorio.

No de otra manera se explica que se haya aliado con la gobernadora del Valle del Cauca y el alcalde de Cali, para convertir el Departamento y su cuidad capital, en piloto nacional de acciones represivas para acallar las voces de quienes protestan.

Contrario a lo que espera, millares de personas han decidido desafiar la política represiva del establecimiento y siguen saliendo a las calles. Los muertos que todavía permanecen en la morgue sin identificar y las decenas de heridos, parecen convertirse en semillas de rebeldía cívica y pacífica que afloran por todas partes.

Por supuesto, hay críticos a favor del gobierno nacional. Los que siempre han tenido, los que experimentan miopía crónica y desconocen qué pasa en Colombia porque gozan de los privilegios que no tienen millares de personas.

Son un grupúsculo como lo evidencia el recorrido que hizo el mandatario por las calles de Cali. Los ricos de la llamada Ciudad Balín (antes Ciudad Jardín) en alusión al ataque que hicieron a los indígenas en esa zona, lo avivaron. Cuando fue ante comerciantes, lo abuchearon y le animaron a escuchar a los jóvenes en los diferentes puntos de resistencia. En esencia, su presencia no fue bien recibida por las reacciones encontradas, como lo expresara una nota del diario El Espectador.

Con una realidad como estas, ante la certeza de que la presencia militar proseguirá en Cali y el Valle del Cauca, no cabe menos que preguntarse si la conciencia—si es que la tienen—deja dormir en paz a la gobernadora, Clara Luz Roldán y al alcalde, Jorge Iván Ospina.

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NOTA IMPORTANTE: El presente artículo refleja la opinión de su autor, quien se hace responsable por el contenido, consciente de que sus planteamientos, no necesariamente interpretan el pensamiento político-sindical del movimiento sugoviano.

La protesta social continúa en el Valle del Cauca y Colombia.


Nosotros

El Sindicato Unitario de la Gobernación del Valle del Cauca-Diverso pero Unitario, es una Organización Sindical de Industria y/o rama de actividad económica de primer grado y mixta, que tiene en su seno a Servidores Públicos adscritos en los Niveles Central-Descentralizado, EICES-ESES-de Nivel Dptal. y Funcionaros de Educación planta FODE .


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