SINDICATO UNITARIO DE LA GOBERNACI√ďN DEL VALLE DEL CAUCA
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Culturales

ppotes04/23/2022
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Ensayo de la escritora bielorusa y premio Nobel, Svetlana Alexi√©vich , publicado originalmente en la Revista Granta en espa√Īol

Publicado originalmente en la revista literaria Granta


En 1986 decid√≠ no volver a escribir sobre la guerra. Despu√©s de acabar mi libro¬†La guerra no tiene rostro de mujer, durante mucho tiempo no pude soportar ver a un ni√Īo a quien le sangrase la nariz. Supongo que cada uno de nosotros tiene una determinada capacidad de protecci√≥n contra el dolor; la m√≠a se hab√≠a agotado.

            Dos acontecimientos me hicieron cambiar de opinión.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Iba conduciendo hacia un pueblo y recog√≠ a una ni√Īa por el camino. Hab√≠a ido a comprar a Minsk y llevaba una bolsa de la que sobresal√≠an cabezas de pollos. En el pueblo nos recibi√≥ su madre, llorando junto a la verja del jard√≠n. La ni√Īa corri√≥ hacia ella.

            La madre había recibido una carta de su hijo Andréi. La carta tenía remite de Afganistán.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒLo traer√°n como trajeron a Iv√°n el de Fiodorina ‚ÄĒdijo‚ÄĒ, y cavar√°n una tumba para meterlo dentro. Mira lo que escribe: ¬ęMam√°, ¬Ņno es estupendo? ¬°Soy paracaidista‚Ķ!¬Ľ.

            Y después hubo otro episodio. En la zona de espera medio vacía de la estación de autobuses de la ciudad había un oficial del Ejército sentado con una maleta. A su lado, un muchacho delgado con corte de pelo militar escarbaba con un tenedor en el tiesto de una planta de plástico. Dos mujeres de campo se sentaron al lado de los hombres y les preguntaron quiénes eran. El oficial les contestó que estaba escoltando a casa a un soldado raso que se había vuelto loco.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒLleva escarbando desde que salimos de Kabul con cualquier cosa que cae en sus manos: una pala, un tenedor, un palo, una pluma.

            El muchacho alzó la mirada. Tenía las pupilas tan dilatadas que parecían cubrirle los ojos enteros.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Y en esa √©poca la gente segu√≠a hablando y escribiendo sobre nuestro deber internacionalista, los intereses del Estado, nuestras fronteras al sur. La censura se encargaba de que los informes de la guerra no mencionasen a nuestras v√≠ctimas mortales. S√≥lo se o√≠an rumores de notificaciones de fallecimientos que llegaban a caba√Īas en zonas rurales y de ata√ļdes de zinc reglamentarios que entregaban en viviendas prefabricadas. No ten√≠a intenci√≥n de volver a escribir sobre la guerra, pero me vi inmersa en una.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Durante los tres a√Īos siguientes habl√© con muchas personas en mi pa√≠s y en Afganist√°n. Cada confesi√≥n era como un retrato. No son documentos, son im√°genes. Intentaba presentar una historia de los sentimientos, no la historia de la guerra misma. ¬ŅQu√© pensaban las personas? ¬ŅQu√© las hac√≠a felices? ¬ŅCu√°les eran sus miedos? ¬ŅQu√© permanec√≠a en su memoria?

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† La guerra de Afganist√°n dur√≥ el doble que la segunda guerra mundial, pero s√≥lo sabemos de ella lo poco que resulta seguro que sepamos de ella. Ya no es ning√ļn secreto que cada a√Īo, durante diez a√Īos, 100.000 soldados de las tropas sovi√©ticas fueron a luchar en Afganist√°n. Oficialmente, 50.000 hombres resultaron muertos o heridos. Se puede creer esa cifra si se quiere. Todo el mundo sabe c√≥mo hacemos las sumas. A√ļn no hemos acabado de contar ni de enterrar a todos los que murieron en la segunda guerra mundial.

            En el relato que sigue no he mencionado los nombres reales de las personas. Algunas pidieron que sus testimonios fueran confidenciales; respecto de otras, no considero que pueda exponerlas a una caza de brujas. Vivimos todavía tan cerca de la guerra que no hay escondite alguno para nadie.

            Una noche dormía cuando sonó el teléfono.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒEscucha ‚ÄĒempez√≥ a decir una voz de hombre sin identificarse‚ÄĒ, he le√≠do tu basura. Si publicas siquiera una palabra m√°s‚Ķ

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒ¬ŅQui√©n es usted?

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒUno de los tipos sobre los que escribes. ¬°Dios, c√≥mo detesto a los pacifistas! ¬ŅAlguna vez has subido una monta√Īa con todo el equipo de marcha a cuestas? ¬ŅHas estado dentro de un transporte blindado de tropas a setenta grados? Y una mierda has estado. ¬°Vete a tomar por culo! ¬°Es nuestra! No tiene nada que ver contigo, ¬°joder!

            Le pregunté otra vez quién era.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒ¬°Venga ya! ¬ŅNo? Mi mejor amigo, era como mi hermano, y lo traje metido en una bolsa de celof√°n despu√©s de un ataque. Lo hab√≠an despellejado, le hab√≠an cortado la cabeza, los brazos, las piernas, la polla, todo amputado‚Ķ √Čl pod√≠a haber escrito sobre eso, pero t√ļ no. La verdad estaba dentro de ese saco de celof√°n. ¬°Que os jodan a todos! ‚ÄĒcolg√≥; el sonido en el auricular fue como una explosi√≥n.

            Podría haber sido mi testigo más importante.

Una esposa

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒNo te preocupes si no recibes cartas ‚ÄĒescribi√≥‚ÄĒ. Sigue escribiendo a la direcci√≥n anterior.


El ata√ļd era demasiado peque√Īo y ol√≠a mal. No me pod√≠a inclinar para besarlo. As√≠ es c√≥mo me devolvieron a mi marido. Me arrodill√© delante de lo que una vez fue lo que m√°s quise en el mundo.

            Después nada durante dos meses. Nunca me imaginé que estuviese en Afganistán. Estaba preparando las maletas para ir a verlo en su nuevo destino.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† No escrib√≠a nada sobre una guerra. Dec√≠a que se estaba poniendo moreno y que iba de pesca. Envi√≥ una foto de √©l sentado sobre un burro, con las rodillas en la arena. No me enter√© de que estaba en una guerra hasta que vino a casa de permiso. Nunca sol√≠a mimar demasiado a nuestra hija, nunca mostraba ning√ļn sentimiento paternal, quiz√° porque fuese peque√Īa. Ahora, cuando volv√≠a, se pasaba las horas sentado mir√°ndola, con unos ojos tan tristes que daban miedo. Por las ma√Īanas se levantaba y la acompa√Īaba a la guarder√≠a, le gustaba llevarla a hombros. Por la tarde la recog√≠a. De vez en cuando √≠bamos al teatro o al cine, pero lo √ļnico que de verdad quer√≠a era quedarse en casa.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Todo el cari√Īo le parec√≠a poco. Le molestaba hasta el tiempo que pasaba arregl√°ndome para ir al trabajo o prepar√°ndole la cena en la cocina.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒSi√©ntate aqu√≠ conmigo. Olv√≠date hoy de las chuletas. P√≠dete unos d√≠as libres mientras est√© en casa.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Cuando lleg√≥ la hora de que cogiese el avi√≥n, lo perdi√≥ adrede para que tuvi√©semos dos d√≠as m√°s. La √ļltima noche fue tan bueno que me puse a llorar. Se me ca√≠an las l√°grimas, y √©l no dec√≠a nada, s√≥lo me miraba y me miraba. Luego dijo:

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒTamara, si alguna vez est√°s con otro hombre, no olvides esto.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒ¬°No digas tonter√≠as! ‚ÄĒle respond√≠‚ÄĒ. Jam√°s te matar√°n. Te quiero demasiado para que puedan hacerlo.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒD√©jalo ‚ÄĒme dijo riendo‚ÄĒ. Ya no soy ning√ļn ni√Īo.

            Hablamos de tener más hijos, pero dijo que no quería más por ahora.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒCuando vuelva, puedes tener otro. ¬ŅC√≥mo te las ibas a arreglar t√ļ sola?

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Cuando no estaba me acab√© acostumbrando a la espera, pero si ve√≠a un coche f√ļnebre por la calle, me sent√≠a enferma, y quer√≠a gritar y llorar. Iba corriendo a casa y me pon√≠a a rezar de rodillas, delante de donde estaba colgado el √≠cono.

Svletana escribe bastante sobre la guerra, pero, también, sobre la tragedia de Chernóbil donde explotó un reactor nuclear.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒ¬°S√°lvamelo, Dios! No dejes que muera.

Fui al cine el día que sucedió. Me senté allí, mirando a la pantalla sin ver nada. Tenía los nervios de punta. Era como si estuviese haciendo esperar a alguien o hubiera un lugar al que tuviese que ir. Apenas aguanté hasta el final de la película. Si lo pienso, creo que debió de ser durante la batalla.

            Pasó una semana antes de que me llegase ninguna noticia. Durante toda esa semana, si empezaba a leer un libro lo tenía que dejar. Incluso recibí dos cartas suyas. Normalmente me habría puesto contentísima, las habría besado, pero esta vez sólo me hicieron preguntarme cuánto tiempo más iba a tener que esperarlo.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† El noveno d√≠a despu√©s de que lo mataran, me lleg√≥ un telegrama a las cinco de la ma√Īana. Lo metieron por debajo de la puerta. Era de sus padres: ¬ęVen. Petia muerto.¬Ľ. Grit√© tanto que despert√© al beb√©. No ten√≠a ni idea de qu√© deb√≠a haber ni ad√≥nde ir. No ten√≠a dinero. Envolv√≠ a nuestra hija en una manta roja y sal√≠ a la calle. Era demasiado temprano para que pasaran autobuses, pero un taxi se par√≥.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒNecesito ir al aeropuerto ‚ÄĒle dije al taxista.

            Me respondió que estaba acabando su turno y cerró la puerta.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒHan matado a mi marido en Afganist√°n.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Sali√≥ del coche sin decir una palabra, y me ayud√≥ a entrar. Me llev√≥ a la casa de una amiga, que me dej√≥ dinero. En el aeropuerto dijeron que no quedaban billetes para Mosc√ļ, y a m√≠ me daba miedo sacar el telegrama del bolso para ense√Ī√°rselo. Tal vez todo fuese un error. No dejaba de decirme a m√≠ misma que si segu√≠a pensando que estaba vivo, lo estar√≠a. Estaba llorando y todo el mundo me miraba. Me pusieron en un avi√≥n de carga que llevaba un cargamento de ma√≠z a Mosc√ļ; desde all√≠ cog√≠ una conexi√≥n a Minsk. A√ļn me quedaban 150 kil√≥metros hasta Staryia Darogui, donde viv√≠an los padres de Petia. Ninguno de los taxistas quer√≠a conducir hasta all√≠, por mucho que rogase y suplicase. Por fin llegu√© a Staryia Darogui a las dos de la ma√Īana.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒ¬ŅTal vez no sea verdad?

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒEs verdad, Tamara, es verdad.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Por la ma√Īana fuimos al comisariado militar. Fueron muy formales. ¬ęSe le notificar√° cuando llegue.¬Ľ Esperamos dos d√≠as antes de llamar al comisariado militar provincial de Minsk. Nos dijeron que ser√≠a mejor que fu√©semos nosotros a recoger el cuerpo de mi marido. Cuando llegamos a Minsk, el funcionario nos dijo que lo hab√≠an enviado por error a Bar√°navichi. Bar√°navichi distaba otros cien kil√≥metros y cuando llegamos al aeropuerto ya era despu√©s del horario laboral; no hab√≠a nadie m√°s que un vigilante nocturno en su garita.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒHemos venido a recoger‚Ķ

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒPor ah√≠. ‚ÄĒSe√Īal√≥ hacia un rinc√≥n a lo lejos‚ÄĒ. Miren si esa caja es suya. Si lo es, pueden llev√°rsela.


No tenía ni idea de cómo matar. Antes del ejército era ciclista de carreras. Jamás había visto ni siquiera una pelea de navajas de verdad, y aquí estaba yo, en la parte trasera de un transporte blindado de tropas. Nunca antes me había sentido así: poderoso, fuerte y seguro.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Fuera hab√≠a una caja suc√≠sima con letras garabateadas en tiza en las que se le√≠a: ¬ęTeniente primero D√≥vnar¬Ľ. Arranqu√© una tabla del lugar del ata√ļd donde deber√≠a haber una abertura. Ten√≠a la cara entera, pero yac√≠a ah√≠, sin afeitar, y nadie lo hab√≠a lavado. El ata√ļd era demasiado peque√Īo y ol√≠a mal. No me pod√≠a inclinar para besarlo. As√≠ es c√≥mo me devolvieron a mi marido. Me arrodill√© delante de lo que una vez fue lo que m√°s quise en el mundo.

El suyo fue el primer ata√ļd que regres√≥ a mi pueblo natal, Yazyl. Todav√≠a recuerdo el terror en los ojos de la gente. Cuando lo enterramos, antes de que pudiesen subir las bandas con las que lo hab√≠an bajado, se oy√≥ un trueno espantoso. Recuerdo el granizo crujiendo bajo los pies como gravilla blanca.

            No hablé mucho con su padre y su madre. Pensaba que su madre me odiaba porque yo estaba viva y él muerto. Pensaba que me volvería a casar. Ahora me dice:

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒTamara, te tendr√≠as que haber casado otra vez.

            Pero entonces tenía miedo de mirarla a los ojos. Al padre de Petia casi se le fue la cabeza.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒ¬°Hijos de puta! ¬°Meter a un muchacho as√≠ en su tumba! ¬°Lo han asesinado!

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Mi suegra y yo intentamos decirle que le hab√≠an dado una medalla a Petia, que necesit√°bamos Afganist√°n para proteger nuestras fronteras al sur, pero no quiso o√≠rnos. ‚ÄĒ¬°Hijos de puta! ¬°Lo han asesinado!

            La peor parte vino después, cuando tuve que hacerme a la idea de que ya no tenía nada ni nadie a quien esperar. Me despertaba aterrorizada, empapada en sudor, pensando que Petia volvería y no sabría dónde vivían ahora su mujer y su hija. Todo lo que me quedaba eran recuerdos de buenos momentos.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† El d√≠a que nos conocimos, bailamos juntos. El segundo d√≠a fuimos a dar un paseo en el parque, y al siguiente me pidi√≥ matrimonio. Yo ya estaba comprometida y le dije que la solicitud estaba en la oficina del registro. Se fue y me escribi√≥ en letras enormes que ocupaban toda la p√°gina: ¬ę¬°Aaaaaargh!¬Ľ.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Nos casamos en invierno, en mi pueblo. Fue divertido y precipitado. El d√≠a de la Epifan√≠a, cuando la gente adivina su futuro, tuve un sue√Īo que le cont√© a mi madre por la ma√Īana.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒMam√°, ve√≠a a un muchacho guap√≠simo. Estaba de pie sobre un puente, y me llamaba. Llevaba el uniforme de soldado, pero cuando me acercaba a √©l comenzaba a alejarse hasta que desaparec√≠a por completo.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒNo te cases con un soldado. Te quedar√°s sola ‚ÄĒme dijo mi madre.

            Petia tenía un permiso de dos días.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒVamos a la oficina del registro ‚ÄĒme propuso antes de cruzar la puerta siquiera.

            Nos echaron una ojeada en el sóviet del pueblo y nos dijeron:

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒ¬ŅPor qu√© esperar dos meses? Id y traed el brandy. Nosotros haremos el papeleo.

            Una hora más tarde éramos marido y mujer. Fuera azotaba una ventisca.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒNovio, ¬Ņd√≥nde est√° el taxi para su flamante esposa?

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒ¬°Un segundo! ‚ÄĒSali√≥ y par√≥ para m√≠ un tractor bielorruso.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Durante a√Īos so√Ī√© que sub√≠amos a ese tractor, conduciendo por la nieve.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† La √ļltima vez que Petia vino a casa se encontr√≥ el piso cerrado con llave. No hab√≠a enviado un telegrama para avisarme de que ven√≠a, y yo hab√≠a ido a casa de una amiga a celebrar su cumplea√Īos. Cuando lleg√≥ a la puerta y oy√≥ la m√ļsica y vio a todo el mundo feliz y riendo, se sent√≥ en un taburete y llor√≥. Vino a buscarme al trabajo todos los d√≠as durante su permiso.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒCuando vengo a verte al trabajo me tiemblan las rodillas como si tuvi√©semos una cita ‚ÄĒme dec√≠a.

            Recuerdo que un día fuimos a nadar juntos. Nos sentamos en la orilla e hicimos un fuego. Me miró y me dijo:

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒNo te puedes ni imaginar hasta qu√© punto no quiero morir por el pa√≠s de otros.

Yo ten√≠a veinticuatro a√Īos cuando muri√≥. En esos primeros meses me habr√≠a casado con cualquier hombre que me quisiera. No sab√≠a qu√© hacer. La vida segu√≠a a mi alrededor igual que antes. Uno se constru√≠a una¬†dacha, otro se compraba un coche; alguien ten√≠a un piso nuevo y necesitaba una alfombra o una hornilla para la cocina. En la √ļltima guerra todo el mundo estaba desconsolado, el pa√≠s entero. Todo el mundo hab√≠a perdido a alguien, y sab√≠an por qu√© lo hab√≠an perdido. Todas las mujeres lloraban juntas. Hay cien personas en la escuela de hosteler√≠a donde trabajo y yo soy la √ļnica que ha perdido a su marido en una guerra de la que los dem√°s s√≥lo saben por los peri√≥dicos. Cuando los o√≠ por primera vez decir en televisi√≥n que la guerra de Afganist√°n hab√≠a sido una verg√ľenza nacional, me entraron ganas de romper la pantalla. Ese d√≠a perd√≠ a mi marido por segunda vez.

Un soldado raso

El √ļnico adiestramiento que recibimos antes de prestar juramento fue llevarnos dos veces al campo de tiro. La primera vez que fuimos nos repartieron nueve cartuchos a cada uno; la segunda vez, todos lanzamos una granada.

            Nos pusieron en fila en la plaza y leyeron la orden en voz alta.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒIr√©is a la Rep√ļblica Democr√°tica de Afganist√°n a cumplir con vuestro deber internacionalista. Si hay alguien que no quiera ir, que d√© dos pasos al frente.

            Tres muchachos los dieron. El comandante de la unidad los devolvió a la fila empujándolos con la rodilla en el trasero.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒEra s√≥lo para comprobar la moral.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Nos dieron v√≠veres para dos d√≠as y un cintur√≥n de cuero, y nos marchamos. Nadie dijo una palabra. El vuelo pareci√≥ durar una eternidad. Vi las monta√Īas a trav√©s de la ventanilla del avi√≥n. ¬°Precioso! Eran las primeras monta√Īas que ve√≠amos, √©ramos todos de cerca de Pskov, donde s√≥lo hay bosques y claros. Nos bajamos en Shindand. Recuerdo la fecha: 19 de diciembre de 1980.

            Me echaron un vistazo.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒMetro ochenta: compa√Ī√≠a de reconocimiento. Les vienen bien muchachos de tu tama√Īo.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Fuimos a Herat a construir un campo de tiro. Cavamos y cargamos piedras para los cimientos. Puse las tejas de un tejado e hice algo de carpinter√≠a. Algunos de nosotros no hab√≠amos disparado ni una sola vez antes de la primera batalla. Ten√≠amos hambre todo el tiempo. Hab√≠a dos cubas de cincuenta litros en la cocina: una para sopa, la otra para pur√© de patata o gachas de cebada. Ten√≠amos una lata de caballa para cuatro, y la etiqueta dec√≠a: ¬ęFecha de fabricaci√≥n: 1956. Consumir antes de 18 meses¬Ľ. En a√Īo y medio, la √ļnica vez que no tuve hambre fue cuando estuve herido. El resto del tiempo lo pasabas pensando en la manera de conseguir algo de comer. Ten√≠amos tant√≠simas ganas de fruta que nos col√°bamos en los huertos de los afganos a sabiendas de que nos disparar√≠an. Les ped√≠amos a nuestros padres que nos enviasen √°cido c√≠trico en las cartas para que pudi√©semos disolverlo en agua y beb√©rnoslo. Era tan agrio que nos quemaba el est√≥mago.


El 29 de agosto decidí que se había acabado el verano. Le compré a Sasha un traje nuevo y un par de zapatos, que todavía hoy siguen en el armario. Al día siguiente, antes de irme al trabajo, me quité los pendientes y el anillo. Por alguna razón no soportaba llevarlos. Ese fue el día en que lo mataron.

Antes de nuestra primera batalla tocaron el himno nacional soviético. El comandante político adjunto nos dio una charla. Recuerdo que dijo que nos habíamos anticipado a los americanos sólo por una hora, y todo el mundo nos esperaba en casa para recibirnos como héroes.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† No ten√≠a ni idea de c√≥mo matar. Antes del ej√©rcito era ciclista de carreras. Jam√°s hab√≠a visto ni siquiera una pelea de navajas de verdad, y aqu√≠ estaba yo, en la parte trasera de un transporte blindado de tropas. Nunca antes me hab√≠a sentido as√≠: poderoso, fuerte y seguro. Las colinas de repente parec√≠an bajas, las acequias peque√Īas, los √°rboles pocos y alejados entre s√≠. Despu√©s de media hora estaba tan relajado que me sent√≠a como un turista que observaba un pa√≠s extranjero.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Pasamos por encima de una zanja sobre un puentecito de barro: recuerdo mi asombro de que pudiese aguantar el peso de varias toneladas de metal. De repente hubo una explosi√≥n, el transporte de delante hab√≠a recibido un impacto directo de un lanzagranadas. Ya estaban llev√°ndose a hombres que conoc√≠a como animales de peluche, con los brazos colgando. No lograba entender este espantoso nuevo mundo. Proyectamos todos nuestros morteros hacia el lugar desde donde hab√≠an llegado los disparos, varios morteros hacia cada hacienda. Despu√©s de la batalla, raspamos con cucharas los restos de nuestros propios hombres de la placa de blindaje. No hab√≠a discos de identificaci√≥n para las v√≠ctimas mortales; supongo que pensar√≠an que pod√≠an caer en las manos equivocadas. Era como en la canci√≥n: ¬ęNuestra direcci√≥n no es una casa o una calle. Nuestra direcci√≥n es la Uni√≥n Sovi√©tica¬Ľ. As√≠ que simplemente extendimos una lona sobre los cuerpos, una ¬ęfosa com√ļn¬Ľ. La guerra ni siquiera se hab√≠a declarado; est√°bamos luchando en una guerra que no exist√≠a.

Una madre

Me sent√© junto al ata√ļd de Sasha y dije:

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒ¬ŅQui√©n es? ¬ŅEres t√ļ, hijo? ‚ÄĒsegu√≠ repitiendo una y otra vez‚ÄĒ: ¬ŅEres t√ļ?

            Decidieron que se me había ido la cabeza. Más tarde quise saber cómo había muerto mi hijo. Fui al comisariado militar y el comisario empezó a gritarme, me dijo que la muerte de mi hijo era un secreto de Estado, que no debería ir por ahí contándoselo a todo el mundo.

            Mi hijo estaba en la división paracaidista de Vítebsk. Cuando fui a verlo prestar juramento, no lo reconocí; parecía tan alto.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒEh, ¬Ņc√≥mo es que tengo una madre tan peque√Īa?

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒEs que te echo de menos y he dejado de crecer.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Se inclin√≥ y me dio un beso, y alguien hizo una foto. Es la √ļnica foto que tengo con √©l de soldado.

            Después del juramento tenía unas cuantas horas de tiempo libre. Fuimos al parque y nos sentamos en la hierba. Se quitó las botas porque tenía los pies llenos de ampollas y le sangraban. El día anterior, su unidad había participado en una marcha forzada de cincuenta kilómetros; no había botas del 46, así que le dieron unas del 44.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒTen√≠amos que correr con mochilas llenas de arena. ¬ŅQu√© te parece? ¬ŅEn qu√© puesto llegu√©?

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒCon esas botas, probablemente el √ļltimo.

‚ÄĒTe equivocas, mam√°. Llegu√© el primero. Me quit√© las botas y corr√≠. Y no derram√© arena como otros.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Esa noche dejaron a los padres dormir dentro de la unidad, sobre esterillas extendidas en el polideportivo, pero no nos acostamos hasta bien entrada la noche; en vez de eso, deambulamos por los barracones donde dorm√≠an nuestros hijos. Ten√≠a la esperanza de poder verlo cuando fuesen a hacer los ejercicios matutinos, pero todos iban corriendo con camisetas de tirantes a rayas id√©nticas y se me escap√≥, no alcanc√© a verlo fugazmente una √ļltima vez. Todos iban al ba√Īo en fila, en fila hac√≠an ejercicio, en fila iban al comedor. No les dejaban hacer nada solos porque, cuando los muchachos se enteraron de que los destinaban a Afganist√°n, uno se ahorc√≥ en el ba√Īo y otros dos se cortaron las venas. Estaban bajo vigilancia.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Su segunda carta comenzaba: ¬ęSaludos desde Kabul‚Ķ¬Ľ. Grit√© tan fuerte que los vecinos vinieron corriendo. Era la primera vez desde que naci√≥ Sasha que lamentaba no haberme casado y no tener a nadie que me cuidara.

            Sasha solía burlarse de mí.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒ¬ŅPor qu√© no te casas, mam√°?

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒPorque te pondr√≠as celoso.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Se re√≠a y no dec√≠a nada. √ćbamos a vivir juntos durante mucho, mucho tiempo.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Recib√≠ unas cuantas cartas m√°s y despu√©s hubo silencio, un silencio tan largo que decid√≠ escribir al comandante de su unidad. Sasha me respondi√≥ de inmediato: ¬ęMam√°, por favor no vuelvas a escribir al comandante. No he podido escribirte. Me pic√≥ una avispa en la mano. No quise pedirle a nadie que escribiese, porque te hubieses preocupado al ver una letra distinta¬Ľ. Enseguida supe que estaba herido y, entonces, si pasaba tan siquiera un d√≠a sin una carta suya me fallaban las piernas. Una de sus cartas fue muy alegre.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ¬ę¬°Hurra, hurra! Hemos escoltado una columna que volv√≠a a la Uni√≥n. Los acompa√Īamos hasta la frontera. No nos permitieron avanzar m√°s, pero al menos pudimos divisar nuestra patria a lo lejos. Es el mejor pa√≠s del mundo.¬Ľ

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† En su √ļltima carta escribi√≥: ¬ęSi aguanto el verano, volver√©¬Ľ.

            El 29 de agosto decidí que se había acabado el verano. Le compré a Sasha un traje nuevo y un par de zapatos, que todavía hoy siguen en el armario. Al día siguiente, antes de irme al trabajo, me quité los pendientes y el anillo. Por alguna razón no soportaba llevarlos. Ese fue el día en que lo mataron.

Cuando trajeron el ata√ļd de zinc a la habitaci√≥n, me ech√© encima de √©l y lo med√≠ una y otra vez. Un metro, dos metros. √Čl med√≠a dos metros de alto. Lo med√≠ con mis manos para asegurarme de que el ata√ļd era del tama√Īo adecuado para √©l. Estaba precintado, as√≠ que no pude besarlo por √ļltima vez, o tocarlo, ni siquiera sab√≠a lo que llevaba puesto, hablaba simplemente con el ata√ļd, como una loca.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Dije que quer√≠a escoger yo misma su lugar en el cementerio. Me pusieron dos inyecciones, y fui hasta all√≠ con mi hermano. Hab√≠a tumbas ¬ęafganas¬Ľ en la avenida principal.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒPongan a mi hijo aqu√≠ tambi√©n. Estar√° m√°s contento entre sus amigos.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† No recuerdo qui√©n estaba all√≠ con nosotros. Alg√ļn funcionario. Neg√≥ con la cabeza.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒNo nos permiten enterrarlos juntos. Tienen que estar repartidos por el cementerio.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Dicen que se dio un caso en el que trajeron un ata√ļd a una madre, lo enterr√≥ y un a√Īo despu√©s su hijo regres√≥ con vida. S√≥lo estaba herido. Nunca vi el cuerpo de mi hijo, ni le di un beso de despedida. Sigo esperando.

Una enfermera

Todos los d√≠as que pasaba all√≠ me dec√≠a a m√≠ misma que era tonta por venir. Sobre todo por la noche, cuando no hab√≠a ning√ļn trabajo que hacer. Todo lo que pensaba durante el d√≠a era: ¬ę¬ŅC√≥mo puedo ayudarlos?¬Ľ. No pod√≠a creer que alguien fabricase las balas que estaban usando. ¬ŅDe qui√©n hab√≠a sido la idea? La punta de entrada era peque√Īa, pero dentro desgarraban y hac√≠an pedazos sus intestinos, su h√≠gado, su bazo. Como si no bastase con matarlos o herirlos, ten√≠an que hacerles pasar tambi√©n por ese martirio. Siempre llamaban a gritos a sus madres cuando sent√≠an dolor o ten√≠an miedo. Nunca los o√≠ llamar a otra persona.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Nos dijeron que era una guerra justa. Est√°bamos ayudando al pueblo afgano a acabar con el feudalismo y a construir una sociedad socialista. De alguna forma no encontraron el momento de decirnos que estaban matando a nuestros hombres. Durante todo el primer mes que estuve all√≠ tiraban sin m√°s los brazos y piernas amputados de nuestros soldados y oficiales, y hasta sus cuerpos, justo al lado de las tiendas del campamento. Era algo que me hubiese costado creer si lo hubiese visto en pel√≠culas sobre la guerra civil. Entonces no hab√≠a ata√ļdes de zinc: a√ļn no hab√≠an tenido tiempo de fabricarlos.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Dos veces por semana ten√≠amos adoctrinamiento pol√≠tico. No paraban de hablar de nuestra misi√≥n sagrada, y de c√≥mo la frontera deb√≠a ser inviolable. Nuestra superior nos ordenaba que inform√°semos de todos los soldados heridos, de todos los pacientes. Lo llamaban seguimiento del estado de la moral: ¬°el ej√©rcito ten√≠a que gozar de buena salud! No deb√≠amos sentir compasi√≥n. Pero s√≠ que sent√≠amos compasi√≥n: era lo √ļnico que hac√≠a que todo tuviese sentido.


Un responsable de prensa de un regimiento

Comenzaré por el instante en que todo se vino abajo.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Avanz√°bamos por Jalalabad y vimos a una ni√Īa de unos siete a√Īos de pie al borde del camino. Ten√≠a un brazo casi arrancado que pend√≠a s√≥lo de un hilo, como si fuese una mu√Īeca de trapo destrozada. Ten√≠a los ojos oscuros, como aceitunas, y me miraban fijamente. Salt√© del veh√≠culo para cogerla en brazos y llev√°rsela a nuestras enfermeras, pero ella dio un brinco hacia atr√°s, aterrorizada y gritando como un animalito.

Todav√≠a dando gritos huy√≥ corriendo, con el bracito colgando, parec√≠a que se le iba a despegar del todo. Corr√≠ gritando detr√°s de ella, la alcanc√© y la apret√© contra m√≠ mientras la acariciaba. Ella mord√≠a y ara√Īaba, toda temblorosa, como si la hubiese atrapado alg√ļn animal salvaje. No fue hasta ese momento que la idea se me pas√≥ por la cabeza: no cre√≠a que quisiera ayudarla, pensaba que quer√≠a matarla. La forma en que huy√≥ corriendo, la forma en que temblaba y el miedo que me ten√≠a son cosas que nunca olvidar√©.


Nos dijeron que era una guerra justa. Est√°bamos ayudando al pueblo afgano a acabar con el feudalismo y a construir una sociedad socialista. De alguna forma no encontraron el momento de decirnos que estaban matando a nuestros hombres.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Hab√≠a partido rumbo a Afganist√°n con los ojos centelleantes de idealismo. Me hab√≠an contado que los afganos me necesitaban, y yo me lo hab√≠a cre√≠do. El tiempo que pas√© all√≠ jam√°s so√Ī√© con la guerra, pero ahora todas las noches vuelvo a correr detr√°s de esa ni√Īa de ojos aceitunados, con el bracito colgando como si se le fuese a despegar de un momento a otro.

All√° fuera ten√≠as sentimientos muy distintos por tu pa√≠s. ¬ęLa Uni√≥n¬Ľ la llam√°bamos. Parec√≠a que ten√≠amos algo grande y poderoso a nuestras espaldas, algo que siempre nos defender√≠a. Recuerdo, sin embargo, que una tarde despu√©s de una batalla ‚ÄĒen la que hubo bajas, hombres muertos y hombres gravemente heridos‚ÄĒ enchufamos el televisor para olvidarnos de eso, para ver qu√© ocurr√≠a en la Uni√≥n. Hab√≠an construido una nueva f√°brica colosal en Siberia; la reina de Inglaterra hab√≠a ofrecido un banquete en homenaje a una personalidad; unos j√≥venes de Vor√≥nezh hab√≠an violado a dos escolares porque les hab√≠a dado por ah√≠; hab√≠an matado a un pr√≠ncipe en √Āfrica. El pa√≠s segu√≠a a lo suyo y nos sentimos totalmente in√ļtiles. Alguien tuvo que apagar el televisor antes de que lo destroz√°ramos a tiros.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Era una guerra de madres. Ellas estaban en todo el meollo. La gente en general no sufr√≠a, no se enteraba de lo que pasaba. Les contaban que est√°bamos luchando contra bandidos. ¬ŅUn ej√©rcito regular de 100.000 soldados, en nueve a√Īos, no era capaz de vencer a unos bandidos harapientos?

Un ej√©rcito con la tecnolog√≠a m√°s avanzada. (Que Dios amparase a quienquiera que estuviera en medio de un bombardeo de artiller√≠a con nuestros lanzamisiles Granizo o Hurac√°n: los postes telegr√°ficos sal√≠an volando como f√≥sforos.) Los ¬ębandidos¬Ľ s√≥lo ten√≠an las ametralladoras Maxim que hab√≠amos visto en las pel√≠culas; los Stinger y las ametralladoras japonesas llegaron m√°s tarde. Hac√≠amos prisioneros a hombres escu√°lidos con manos grandes, de campesino. No eran bandidos. Eran la gente de Afganist√°n.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† La guerra ten√≠a sus propias reglas horrendas: si te dejabas fotografiar o te afeitabas antes de un combate, estabas muerto. Siempre mataban primero a los h√©roes de ojos azules: conoc√≠as a uno de esos tipos y antes de que te dieses cuenta, estaba muerto. La mayor√≠a de la gente muri√≥ durante los primeros meses, cuando ten√≠an demasiada curiosidad, o hacia el final, cuando ya hab√≠an perdido el sentido de la precauci√≥n y se hab√≠an quedado imb√©ciles. Por la noche se te olvidaba d√≥nde estabas, qui√©n eras, lo que hac√≠as all√≠. Nadie lograba dormir durante las √ļltimas seis u ocho semanas antes de volver a casa.

            Aquí en la Unión somos como hermanos. Un tipo joven que vaya por la calle con muletas y una medalla reluciente sólo puede ser uno de los nuestros. Puede que sólo os sentéis en un banco y fuméis un cigarrillo juntos, pero os dará la impresión de que lleváis todo el día hablando el uno con el otro.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Las autoridades quieren utilizarnos para tomar medidas contundentes contra el crimen organizado. Si hay que atajar y poner fin a alg√ļn problema, la polic√≠a recurre a ¬ęlos afganos¬Ľ. Para ellos, somos tipos con pu√Īos grandes y cerebros peque√Īos a los que nadie aprecia. Pero est√° claro que si te duele la mano, no la pones en el fuego, la cuidas hasta que mejora.


Una madre

Me apresuro hasta el cementerio como si fuese a encontrarme con alguien. Siento que voy a visitar a mi hijo. Los primeros días pasaba allí toda la noche. No me daba miedo. Estoy esperando a que llegue la primavera, a que una florecilla brote de la tierra y aparezca ante mí. Planté campanillas de invierno para tener un mensaje de mi hijo lo antes posible. Llegan desde él hasta mí, desde allí abajo.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Me quedo sentada junto a √©l hasta que oscurece y ya bien entrada la noche. A veces no me doy cuenta de que he empezado a gemir hasta que asusto a los p√°jaros, toda una tormenta de graznidos de cuervos, que vuelan en c√≠rculos y agitan las alas sobre m√≠; entonces recobro la lucidez y dejo de hacerlo. He ido todos los d√≠as durante cuatro a√Īos, si no es por la tarde, por la ma√Īana. Falt√© los once d√≠as que pas√© en el hospital, despu√©s me escap√© en camis√≥n para ir a verlo.

Me llamaba ¬ęMadre m√≠a¬Ľ y ¬ę√Āngel madre m√≠a¬Ľ.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒVaya, √°ngel madre m√≠a, han aceptado a tu hijo en la Academia Militar de Smolensk. Espero que est√©s contenta.

            Se sentaba al piano y cantaba.

Oficiales caballeros,

¡príncipes verdaderos!

Si entre ellos no el primero,

sí que soy uno de ellos.

Mi padre fue un oficial del Ej√©rcito regular que muri√≥ en la defensa de Leningrado. Mi abuelo tambi√©n fue oficial. Mi hijo estaba hecho para ser un militar: ten√≠a el porte, tan alto y tan fuerte. Deber√≠a haber sido un h√ļsar con guantes blancos, que jugase a las cartas.

            Todos querían ser como él. Hasta yo, su propia madre, lo imitaba. Me sentaba al piano como él, y a veces me ponía a caminar como él, sobre todo después de que lo mataran. De tanto que deseo que esté siempre presente en mí.

Cuando fue a Afganistán por primera vez, no escribía nunca. Esperé y esperé a que viniese a casa de permiso. Un día, en el trabajo, el teléfono sonó.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒ√Āngel madre m√≠a, vuelvo a casa.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Fui a recibirlo al autob√ļs. El pelo se le hab√≠a puesto canoso. No reconoci√≥ que estaba de permiso, que hab√≠a pedido que lo dejasen salir del hospital un par de d√≠as para ver a su madre. Ten√≠a la hepatitis, la malaria, no hab√≠a nada que no tuviera, pero advirti√≥ a su hermana para que no me lo contase. Entr√© en su habitaci√≥n de nuevo antes de irme a trabajar, para verlo dormir. Abri√≥ los ojos. Le pregunt√© por qu√© no estaba dormido, era muy temprano. Dijo que hab√≠a tenido un mal sue√Īo.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Lo acompa√Īamos hasta Mosc√ļ. Era un mayo soleado, hac√≠a un tiempo estupendo y los √°rboles estaban en flor. Le pregunt√© c√≥mo eran las cosas all√°.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒMadre m√≠a, Afganist√°n es un asunto donde no deber√≠amos estar metidos ‚ÄĒme mir√≥ s√≥lo a m√≠, a nadie m√°s‚ÄĒ. No quiero volver a ese agujero. De verdad que no ‚ÄĒse alej√≥ caminando, pero se dio la vuelta‚ÄĒ. Es tan sencillo como eso, mam√° ‚ÄĒnunca me llamaba ¬ęmam√°¬Ľ. A la mujer en el mostrador del aeropuerto se le ca√≠an las l√°grimas al mirarnos.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Cuando me despert√© el 7 de julio no hab√≠a estado llorando. Me qued√© mirando al techo con los ojos vidriosos. Me hab√≠a despertado √©l, como si hubiese venido a despedirse. Eran las ocho en punto. Ten√≠a que prepararme para ir al trabajo. Fui vagando de un lado para otro con el vestido, del cuarto de ba√Īo a la sala de estar, de una habitaci√≥n a otra. Por alguna raz√≥n no pod√≠a soportar ponerme ese vestido de color claro. Me sent√≠a mareada y no ve√≠a bien. Todo estaba borroso. Me fui serenando hacia la hora de almorzar, hacia el mediod√≠a.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† El d√≠a siete de julio. Llevaba siete cigarrillos en el bolsillo, siete f√≥sforos. Hab√≠a hecho siete fotos con su c√°mara. Me hab√≠a escrito siete cartas a m√≠, y siete a su novia. El libro sobre su mesita de noche estaba abierto por la p√°gina siete. Era ¬ęLos contenedores de la muerte¬Ľ, de Kobo Abe.

            Tuvo tres o cuatro segundos en los que podía haberse salvado. El vehículo en que iban salió volando por un precipicio. No podía ser el primero en saltar. Nunca podía haberlo sido.

De parte del comandante segundo del regimiento para asuntos políticos, el comandante S. R. Sinelníkov. Es mi deber como soldado informarle de que el teniente primero Valeri Gennadiévich Volóvich ha muerto hoy a las 10:45 horas.

Toda la ciudad estaba ya al tanto. En la Casa de los Oficiales hab√≠an puesto un cresp√≥n negro y su fotograf√≠a. De un momento a otro estaba previsto que llegase el avi√≥n con su ata√ļd, pero nadie me hab√≠a dicho ni una palabra. No ten√≠an el valor de hacerlo. En el trabajo todos llevaban rastros de l√°grimas en la cara.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒ¬ŅQu√© ha pasado? ‚ÄĒles pregunt√©.

            Intentaron distraerme de diversas maneras. Vino una amiga, y después por fin un doctor con bata blanca. Le dije que estaba loco, que muchachos como mi hijo no podían morir. Empecé a dar golpes en la mesa. Corrí hasta la ventana y empecé a golpear el cristal. Me pusieron una inyección. Seguí gritando. Me pusieron otra inyección, pero tampoco me hizo efecto.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒQuiero verlo, llevadme hasta mi hijo ‚ÄĒvociferaba.

            Finalmente tuvieron que llevarme.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Hab√≠a un ata√ļd alargado. La madera no estaba lijada, y en grandes letras pintadas en amarillo se le√≠a ¬ęVol√≥vich¬Ľ. Ten√≠a que encontrarle un sitio en el cementerio, un lugar seco, un lugar seco y agradable. Si eso significaba un soborno de cincuenta rublos, no importaba. Aqu√≠ tiene, tome, pero aseg√ļrese de que sea un buen lugar, seco y agradable. Dentro ya sab√≠a lo desagradable que era, pero yo s√≥lo quer√≠a que estuviese en un lugar seco y agradable. Las primeras noches no lo dej√© solo. Me qued√© all√≠. Me llevaban a casa, pero yo volv√≠a.

            Cuando voy a verlo, hago una reverencia, y cuando me marcho, la vuelvo a hacer. Nunca paso frío, ni siquiera cuando la temperatura cae bajo cero; escribo mis cartas desde allí; si alguna vez estoy en casa es porque tengo visita. Cuando camino de vuelta a casa por la noche, las farolas están iluminadas, los faros de los coches encendidos. Me siento tan fuerte que no tengo miedo de nada.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† S√≥lo ahora me despierto de mi pena, como si me despertase de un sue√Īo. Quiero saber de qui√©n fue la culpa. ¬ŅPor qu√© nadie dice nada? ¬ŅPor qu√© no se nos dice qui√©nes lo hicieron? ¬ŅPor qu√© no son juzgados?

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Saludo a todas las flores de su tumba, a cada peque√Īa ra√≠z, a cada tallo.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ‚ÄĒ¬ŅVienes de ah√≠? ¬ŅVienes de √©l? Vienes de mi hijo. ‚Ė†

 



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El Sindicato Unitario de la Gobernaci√≥n del Valle del Cauca-Diverso pero Unitario, es una Organizaci√≥n Sindical de Industria y/o rama de actividad econ√≥mica de primer grado y mixta, que tiene en su seno a Servidores P√ļblicos adscritos en los Niveles Central-Descentralizado, EICES-ESES-de Nivel Dptal. y Funcionaros de Educaci√≥n planta FODE .


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