SINDICATO UNITARIO DE LA GOBERNACI脫N DEL VALLE DEL CAUCA
NOSOTROSCONTACTO 25 May, 2022

Mi abuelo, un simple colombiano



(Tomado de Rebelion.Org).-Yo casi llegaba a adolescente cuando me dobl茅 bruscamente un pie, saltando un charco que se hab铆a hecho frente a la casa por la lluvia. Dolor horrible, grito, llanto y pantano, pues termin茅 metido donde no quer铆a. Mi abuelo, Pedro Nel Ospina, corri贸 en mi salvaci贸n. Luego de quitarme el zapato y la media, empez贸 a tantearme el tobillo. Peores gritos y torrenciales de l谩grimas. 鈥溌os hombres no lloran por tan poquito!鈥, me dijo muy seriamente. Claro, como no era a 茅l a quien le dol铆a. Mi madre ve铆a con ternura e impotencia el sufrimiento de su beb茅, en manos de ese insensible abuelo.

Pedro trajo una cajita que yo hab铆a abierto muchas veces al escondido, para olerla. Era ung眉ento 鈥淓l Tigre鈥. Despu茅s supe que en muchos hogares ten铆an ese producto, al ser utilizado como medicamento en aquellos barrios donde un m茅dico era tan extra帽o como comer carnes tres veces a la semana. Ese d铆a me lo pusieron en el pie; antes me lo hab铆an aplicado en una picadura de zancudo un poquito infectada; las narices se destapaban luego de una evaporaci贸n con el ung眉ento, aunque los ojos lloraran del ardor.

El abuelo termin贸 de sobarme el tobillo con el producto m谩gico. Mi llanto solo par贸 cuando me puso una especie de venda, hecha con cualquier trapo viejo aunque no inservible. En estos barrios, algo es inservible cuando realmente ya no sirve para nada. D铆as despu茅s le pregunt茅 al abuelo c贸mo hab铆a aprendido esas t茅cnicas de curandero de huesos y ligamentos. Sin el menor rubor me contest贸 que sanando mulas. Es que fue arriero de verdad. Subi贸 y baj贸 monta帽as conduciendo hasta 30 mulas cargadoras de caf茅. Ganaba una miseria, pero le alcanzaba para mujeres y aguardiente. Com铆a en los galpones donde el patr贸n amontonaba a los trabajadores para dormir.

Su curr铆culo dec铆a que no hab铆a cumplido doce a帽os y ya trabajaba en una mina de oro explotada por 鈥済ringos鈥, cerca a Medell铆n. Sin ser a煤n mayor de edad, un d铆a, mientras almorzaba arroz con fr铆joles fr铆os, aparecieron el cura del pueblo y unos soldados. El de la sotana se帽al贸 a mi futuro abuelo y a otros tres adolescentes. Se los llevaron porque estaban obligados al servicio militar. Los seleccionados eran todos de padres militantes del partido Liberal. Tan s贸lo el cura pod铆a saberlo porque en aquel entonces, y por much铆simos a帽os, se anotaba la posible filiaci贸n partidista familiar al bautizar un ni帽o.

Mi abuelo pas贸 casi siete a帽os enrolado en el ej茅rcito. Bueno, enrolado es mucho decir, pues la mayor parte de ese tiempo estuvo en calabozos Desde el primer d铆a de conscripto su 煤nica idea fue fugarse del cuartel, donde los oficiales eran tan fieles a los dirigentes conservadores como el cura: Se evadi贸 en cuatro ocasiones.

La 煤ltima deserci贸n me pareci贸 como para pel铆cula. Llevaba apenas tres semanas de haber dejado el calabozo debido a la anterior fuga. El abuelo se fue rob谩ndose cinco gallinas metidas en un costal, un bulto de caf茅 y haciendo correr a una mula por entre el monte. Iba acompa帽ado de la esposa de un sargento. La relaci贸n con la dama duro apenas unos d铆as. Ella regres贸 arrepentida al hogar. Mi abuelo no le ofrec铆a ninguna seguridad material, tan solo una loca vida de escondite en escondite.

鈥淢e cambiaron la cabeza de un cerdo robado por cinco botellas de aguardiente. Bebiendo la mitad de la primera ya hab铆a olvidado a la ingrata. La mula nunca me dej贸 y el caf茅 nunca me falt贸鈥.

Nadie sabe cu谩ntos a帽os vivi贸. Parece que much铆simos. M谩s de cien. Esa cantidad de a帽os dieron testimonio de su pasi贸n por la vida. Y desde que se acordaba era constante a las mujeres, al aguardiente, al caf茅 y al partido Liberal.

Ya de viejo no hablaba de pol铆tica mientras beb铆a su infaltable licor. Sobrio, no dejaba de repetir que los problemas de Colombia eran culpa de los curas, los ricos y los gringos. No hab铆a estudiado, pero inteligente s铆 era. Un d铆a tuvimos que agarrarlo porque sali贸, cuchillo en mano, tras dos evangelizadores rubios, que hablaban espa帽ol como si fueran Tarz谩n. La verdad es que ellos huyeron a las carreras, no tanto por miedo a mi abuelo, sino por las piedras que les llov铆an de los vecinos.

Le faltaban muchos a帽os para morir, pero un d铆a estuvo 鈥渁l borde del hueco鈥, como dec铆a. Era un domingo. El abuelo estaba tendido en la cama, ojos cerrados, boca entreabierta, p谩lido, rostro huesudo. El cura termin贸 la misa y lleg贸 a casa. Los dejamos solos. Unos minutos despu茅s sali贸 el hombre de la sotana con rostro compungido: 鈥淣o hay nada que hacer. Ni balbucea. Partir谩 en cualquier momento鈥, dijo, y se march贸 despu茅s de pag谩rsele el oficio. Entramos a la habitaci贸n. Miramos al moribundo. Este fue abriendo un ojo, luego los dos. Despu茅s habl贸 con voz cansada: 鈥淵o no tengo por qu茅 confesarme a ning煤n cura hijodeputa鈥. Y exigi贸 que le limpiaran la unci贸n con el 贸leo que el p谩rroco le hab铆a puesto en la frente. 鈥淢e est谩 quemando鈥, dijo enojado.

En la noche expres贸 que quer铆a hablarme a solas. Al o铆do me pidi贸 que le consiguiera aguardiente, pues se mor铆a de sed. Eso no se lo iba a negar nunca, as铆 estuviera tomando medicamentos. De todas maneras le daban horas para morir. Al escondido entr茅 su amado n茅ctar. Le ayud茅 a levantar la cabeza y tres largos tragos se bebi贸 como si fuera el m谩s delicioso elixir. Me lo agradeci贸 con ojos brillantes. Al d铆a siguiente, a la madrugada, lo encontramos en la cocina preparando un caf茅.

Era un perdido enamorado. El r铆o Cauca, ancho y bravamente acaudalado en aquella 茅poca, separaba a dos peque帽os pueblos campesinos. En uno viv铆a mi abuelo, a煤n solter贸n. Al otro lado del puente de hierro viv铆a una juguetona y coqueta, de largas trenzas negras y ojitos provocadores, que ten铆a al joven mozuelo postrado de amor.

Lleg贸 la llamada 鈥溍塸oca de Violencia鈥, donde los dirigentes liberales y conservadores pusieron a pelear a sus humildes bases, para ellos quedarse con sus tierras. Sin ning煤n otro motivo, los dos pueblos se enemistaron a muerte. As铆 ten铆a que ser, porque en uno se defend铆a la bandera roja y en el otro la azul. De la noche a la ma帽ana el puente dej贸 de ser transitado. A un extremo estaban los liberales que se alistaban a defenderse de los conservadores; al otro, los godos prestos a un descuido de los liberales para arrasarlos.

Pero durante muchas de esas noches, llegaba sigiloso mi abuelo hasta la orilla del r铆o. Se desvest铆a todito. Met铆a la ropa en una bolsa pl谩stica y la escond铆a entre los arbustos. Se lanzaba a desafiar la corriente, que en el centro del r铆o zumbaba. Al otro lado lo esperaba esa linda campesina pronta a darle sus amores, en duelo de carnes partidarias del placer.

Hernando Calvo Ospina es periodista y escritor colombiano, residente en Francia y colaborador de Le Monde Diplomatique. Su 煤ltimo libro, traducido a seis idiomas, es “Calla y Respira”, publicado en espa帽ol por El Viejo Topo. Su p谩gina web: http://hcalvospina.free.fr/

脕lvaro Ruiz

Cali, Abril/58. Economista con estudios pos universitarios Universidad de la Habana-Cuba. Especializaci贸n Administraci贸n P煤blica UNIVALLE. Directivo Sugoviano y L铆der Comunitario 鈥揓AC, Coordinador de Cuadra. Escribe desde 1984, siendo su primer fragmento 鈥淭risteza y Alegr铆a鈥. Desde entonces no ha cesado de trazar unas cuantas l铆neas denominadas MI VOZ. Su escuela literaria su T铆o el Escritor cale帽o Arturo Alape. Prepara compilaci贸n de sus trazos diversos pero unitarios: Imaginar Futuro como lo dec铆a Galeano.


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