SINDICATO UNITARIO DE LA GOBERNACIÓN DEL VALLE DEL CAUCA
NOSOTROSCONTACTO 17 Oct, 2021

La historia de nuestra lucha se escribe en las calles: Sugov

Firmes, poniéndole el pecho a la brisa, los sugovianos presentes en las luchas por una Colombia justa, diferente…

Por Fernando Alexis Jiménez
Hoy san Pedro no se acordó de los sindicalistas. Tal vez estaba tomando tinto o jugando parqués en el cielo, porque no mandó ni siquiera una nube, ni una gotica de agua, nada. Y además del calor insoportable, el sol quemaba a las espaldas y nos hacía temer que de pronto el pavimento se tornara blando y el asfalto se nos pegara en los zapatos. Pero allí estábamos, firmes, librando esa batalla por la clase trabajadora que encarnamos. Conscientes como nunca que la nueva historia de los obreros se escribe en las calles.

Y en las aceras el señor que oferta pitos “para que hagan más buya“,  la señora que vende agua en bolsitas plásticas, y el que nos ofrece helados con esa sonrisa cómplice que nos hace sospechar que los envió san Pedro para hacer su agosto aunque estamos en junio. El viejo allá en la eternidad sabe que esta pobre gente también le pone “la trampa al centavo”, que no tienen más ingresos y que con los pocos pesos que reciben por su mercancía, pagarán el estudio de sus hijos, le comprarán los zapatos al menorcito o cubrirán los pasajes de bus para el mayorcito que comenzó a ir a estudiar al Sena con la esperanza de encontrar trabajo en un mañana no lejano. 

Esas tres personas y otras tantas que viven del rebusque, que ven la miseria cara a cara y no se resignan a sus gestos demoledores, son nuestro pueblo y son parte de nosotros. También por ellos marchamos, porque creemos en un mejor mañana para todos, donde no haya familias que viven con menos de un mínimo y aún así jamás pierden la esperanza de que todo cambie.

Nos une un común denominador: protestar contra las injusticias

Esta vez marchábamos por varios motivos. Por el trato de tercera categoría que le da el Gobernador a los empleados del Palacio de San Francisco. Porque se olvidó que la palabra se honra y los compromisos se asumen. Porque sistemáticamente nos ahogó este año toda posibilidad de negociación del Pliego Petitorio para favorecer su afán politiquero de figurar como el mesías del Valle del Cauca, el que logró llevar al Departamento a la categoría especial. 

El Gobernador que no se preocupa ni siquiera por los de él y gracias a su indolencia condenó a los compañeros y compañeras del aseo y de oficios varios, a vender rifas y bombones a la salida del edificio porque llevan más de un mes sin contrato y no tienen cómo venir a laborar.

Es que si  no estoy al pie del cañón, así sea trabajando gratis, pues no me dan el contratico de nuevo;  tengo una hija estudiando en la universidad y con esos pesos nos ayudamos–, me explicó Consuelito, la señora que ya debería estar en casa disfrutando de una pensión pero que le creyó a Ubeimar cuando le prometió que si llegaba a la Gobernación era para ayudarlos. 

Pero el tema no sólo es de salarios, sino de condiciones laborales. En Jurídica y en Control Disciplinario –por ejemplo–han debido modificar el horario diario porque el calor no lo soportan–por falta de aire acondicionado y de lámparas–, hasta el punto que si colocan una olla con agua para el tinto, basta una hora para que esté hirviendo. Así de verraca es la situación. 

¿Y qué decir de los ascensores? Los usuarios y los propios empleados de la Gobernación ya entendieron para qué construyeron un oratorio en el primer piso. La explicación es sencilla: Lo aconsejable es que antes de montarse en uno de esos obsoletos aparatos, primero le haga una plegaria a Dios para que lo lleve a buen final y pueda ir al piso que necesita sin que la aterrorizante caja metálica se quede varada en cualquier lado.

Con los compañeros de Cadbury Adams

Pero la decisión de azotar las calles con nuestro paso firme, de quijotes modernos, de idealistas convencidos, de trabajadores comprometidos, también iba por los compañeros de Cadbury Adams. Son 539 condenados al desempleo porque la compañía decidió irse de Cali y un día les dijo “no vamos más“. Ese fue el comienzo de un drama para las decenas de familias que miran el futuro con incertidumbre. 

Con los compañeros que instalaron tres carpas de la resistencia obrera, en la planta ubicada sobre la carrera primera con calle 60, hemos estado solidarios desde un comienzo. Es cierto, trabajamos en el sector estatal, pero no somos ajenos a la lucha que ellos libran. Su batalla también es nuestra, como lo son las jornadas combativas de los destechados del Jarillón que ocupan La Ermita porque el Alcalde decidió desalojarnos y no les ofrece ninguna alternativa.
Y la gente que pasa en los carros y pitan, y los usuarios del monopolio masivo del MIO que hacen señas de solidaridad. Ellos saben que la decisión de tomarnos las calles no es en vano. Que aquí, avanzando a pasos firmes, estamos escribiendo la nueva historia porque aun cuando las circunstancias a veces lucen adversas, los empleados y trabajadores creemos que este país puede cambiar. No nos quedamos impasibles sino que, empuñando los brazos, estamos diciendo: “Estamos dispuestos a aportar para alcanzar esa transformación“.

¿Acaso es un pecado soñar? Sin duda que no, porque fue a partir de los sueños que se produjeron transformaciones estructurales profundas en países donde el curso de su destino hoy es otro. Y fueron los sindicalistas los que aportaron su cuota, con la vida incluso, para que esos cambios trajeran visos de igualdad, para que los niños no siguieran muriendo por desnutrición, para que se generara trabajo digno y no viéramos tanta gente con rostro de dolor pidiendo ayuda porque pesa sobre sus hombros una miseria que jamás pidieron.
Y la fuerza pública marchando junto con nosotros. Irónico pero real. No somos enemigos. Ellos están en una orilla y nosotros como sindicalistas, en otra. Pero compartimos el mismo sufrimiento. 

Ellos al igual que nosotros sufren las inclemencias de un gobierno atropellador que nos saca cualquier peso del bolsillo a costa de impuestos; ellos al igual que nosotros se devanan los sesos pensando cómo diantres conseguir la plata para enviar los hijos a la universidad; ellos al igual que nosotros a veces andan buscando en los bolsillos–a finales de mes–unas monedas para completar lo del bus; ellos al igual que nosotros echan lápiz y papel con preocupación cuando vemos cómo sigue creciendo el costo de vida, y la canasta familiar anda por las nubes aunque las estadísticas de Santos digan que este país es uno de los más baratos del mundo.
Terminó una jornada. Pero nos la gozamos. El calor muy fuerte–como si lo hubiera enviado Ubeimar quien por generaciones será de ingrata recordación para la clase trabajadora–pero nos asiste el convencimiento de que hoy escribimos un nuevo capítulo de la historia de nuestro pueblo. 

Sentimos que se suma una nueva hoja en esa novela preñada de esperanzas que terminará el día en que Colombia sea otra, y la igualdad social deje de ser la conjugación habilidosa de dos términos aristocráticos del diccionario, y la podamos ver reflejada en las calles que hoy recorrimos librando una nueva batalla…




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El Sindicato Unitario de la Gobernación del Valle del Cauca-Diverso pero Unitario, es una Organización Sindical de Industria y/o rama de actividad económica de primer grado y mixta, que tiene en su seno a Servidores Públicos adscritos en los Niveles Central-Descentralizado, EICES-ESES-de Nivel Dptal. y Funcionaros de Educación planta FODE .


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