SINDICATO UNITARIO DE LA GOBERNACI√ďN DEL VALLE DEL CAUCA
NOSOTROSCONTACTO 22 Sep, 2023

La Gabarra, una noche que nadie olvida

Escenas de dolor se apreciaron durante el sepelio de las 35 personas asesinadas en la masacre de La Gabarra, en el Catatumbo santandereano.

Inexplicablemente las autoridades no se percataron de la movilización de diez camiones en los que se transportó a los 150 paramilitares que protagonizaron la masacre de La Gabarra. Nación fue condenada por estos hechos.


Por Fernando Alexis Jim√©nez || @misnotasdeldia
Nadie sabe cu√°ntos camiones utilizaron, pero por el n√ļmero de paramilitares que realizaron la incursi√≥n, se estima que eran alrededor de diez. Avanzaron amparados en las sombras de la noche cubriendo la distancia de hora y media que separaba a Tib√ļ de La Gabarra, en Norte de Santander. Transportaban a 150 hombres que cambiar√≠an para siempre la historia del caser√≠o de 30 mil habitantes, a orillas del r√≠o Catatumbo. Como es natural, los carros hicieron mucho ruido porque eran bastantes, pero el ej√©rcito dijo no haberse percatado de su tr√°nsito por la √ļnica carretera de acceso. Iron√≠as de la vida, un suceso inexplicable o, simplemente, un misterio que quedar√° sin resolver.
La caravana de la muerte lleg√≥ pasadas las nueve de la noche y fue el profesor, Pedro Jos√≠as Buitrago, uno de los primeros en enterarse. Se lo advirti√≥ uno de sus estudiantes: ‚ÄúProfe, llegaron los paracos‚ÄĚ. √Čl se lo dijo a otros parroquianos que estaban bebiendo cerveza en el billar ‚ÄúLa Fortuna‚ÄĚ, y pronto la advertencia se reg√≥ como p√≥lvora. Muchos se fueron r√°pido a sus casas. Pocos segundos despu√©s de llegar y encerrarse con su mujer y los hijos, se fue la luz, y comenz√≥ la masacre que dur√≥ m√°s de tres horas.
Hacia la madrugada rein√≥ un silencio absoluto. Las aguas turbias del Catatumbo se ti√Īeron de rojo con una mancha que se hizo cada vez m√°s grande, conforme iban arrojando cad√°veres a su lechoBuena parte de ellos figuraron por mucho tiempo como desaparecidos. Las 35 v√≠ctimas que lograron identificar, fueron las que llamaron, lista en mano, porque sab√≠an que invariablemente se daban cita en las tiendas, cantinas y billares de la zona comercial del poblado.
En su mayor√≠a, raspachines de coca. Para la mayor√≠a, n√≥madas rebusc√°ndose algunos pesos, pero desde la perspectiva de los paramilitares, eran auxiliadores del frente 33 de las Farc que operaba en la zona, o de las compa√Ī√≠as del ELN y el EPL que tambi√©n hab√≠an compartido territorio.
Esa noche del 21 de agosto de 1999 no la olvida nadie, aun cuando hay quienes aseguran que las matanzas habían comenzado semanas antes en las 45 veredas que hay en el territorio.
Por esta calle céntrica de La Gabarra entraron los paramilitares.
Por esta calle céntrica de La Gabarra entraron los paramilitares.
FINANCIAMIENTO DEL PARAMILITARISMO
La primera masacre, para anunciar la llegada, se registr√≥ en La Carbonera, comprensi√≥n rural de Tib√ļ. Se enfrentaron con la insurgencia. Y fueron ganando terreno. Fue el 29 de mayo de 1998. Asesinaron 18 personas. Una segunda la hicieron el 21 de julio de ese a√Īo.
El comandante de las autodefensas, Carlos Casta√Īo, admiti√≥ que de la regi√≥n del Catatumbo proven√≠a el 70% para el financiamiento de sus tropasCada miliciano ganaba alrededor de $300 mil, un salario apenas comparado al de un profesional de la √©poca.
Jorge Iv√°n Laverde Zapata, alias ‚ÄúEl Iguano‚ÄĚ, quien comand√≥ la barbarie bajo las √≥rdenes de Salvatore Mancuso y del propio Casta√Īo, dijo en versi√≥n libre que el prop√≥sito era conquistar la regi√≥n.
El paramilitar de origen antioque√Īo, hab√≠a liderado 33 masacres. El CTI lo captur√≥ el 16 de noviembre de 2000 y, seis d√≠as despu√©s, en un cinematogr√°fico operativo, un nutrido grupo de sus subalternos lo rescat√≥. Posteriormente se someti√≥ a la justicia y el 23 de mayo del 2007 empez√≥ versiones libres ante Justicia y Paz, en Barranquilla. Cant√≥ hasta rancherasPidi√≥ perd√≥n a los familiares de las v√≠ctimas, pero ellas no pueden olvidar esa noche.
Algo que doli√≥ profundamente a padres, hermanos y familiares de quienes fueron asesinados, fue su revelaci√≥n de que optaban por desmembrar y cremar los cad√°veres para no dejar evidencias. Era una pr√°ctica com√ļn del Bloque Catatumbo. Creyeron que esa metodolog√≠a de Hitler era muy buena.

La primera masacre, para anunciar la llegada, se registr√≥ en La Carbonera, comprensi√≥n rural de Tib√ļ. Fue el 29 de mayo de 1998. Asesinaron 18 personas.


Los hechos ocurridos en La Gabarra, desencadenaron un desplazamiento de 13 mil personas.
Los hechos ocurridos en La Gabarra, desencadenaron un desplazamiento de 13 mil personas.
¬°LLEGARON LOS PARACOS!
Carmen Garc√≠a es una sobreviviente de la masacre. Dio su testimonio sobre la noche que nadie olvida. Para entonces ten√≠a 15 a√Īos, una edad en la que todo queda grabado en los recuerdos y las im√°genes no se borran f√°cilmente.
Han pasado muchos a√Īos, pero no puede dejar de lado las escenas de los cad√°veres de las 35 v√≠ctimas, desperdigadas por todas partes como cruda evidencia del paso de los militares que, a sangre y fuego, quer√≠an conquistar el territorio, otrora bajo dominio de la guerrilla. Ellos se hab√≠an asentado all√≠ para cobrar vacuna por el gramaje de coca y as√≠ financiar la guerra. Los nuevos inquilinos de La Gabarra procuraban generar una limpieza total, pero a muchos de los miembros de tropa el narcotr√°fico les pareci√≥ buen negocio.
La tarde del sábado en el que se produjo la masacre, el enfrentamiento de tres personas en una cantina y que dejó un saldo de dos muertos, hermanos de sangre por cierto, rompió la tranquilidad. Fue el incidente del que se habló por horas.
Cay√≥ la noche. ‚ÄúEst√°bamos hablando de aqu√©l incidente y escuchamos disparos por todo lado. La gente corr√≠a y gritaba ¬°llegaron los paracos, llegaron los paracos!, pero nosotras no ve√≠amos nada, porque lo que hicimos fue cerrar el local donde est√°bamos y ah√≠ se encontraban dos adultos que nos dijeron que no sali√©ramos a la calle, pues era peligroso. Nos quedamos ah√≠. Nos agachamos al lado de unos tanques y, sin darnos cuenta, los paramilitares ya estaban enfrente‚ÄĚ, recuerda Carmen.
Al menos 35 personas fueron asesinadas en la masacre de La Gabarra.
Al menos 35 personas fueron asesinadas en la masacre de La Gabarra.

Algo que doli√≥ profundamente a padres, hermanos y familiares de quienes fueron asesinados, fue su revelaci√≥n de que optaban por desmembrar y cremar los cad√°veres para no dejar evidencias. Era una pr√°ctica com√ļn del Bloque Catatumbo.


OPERACI√ďN RASTRILLO
Con los testimonios del profesor Pedro Jos√≠as Buitrago, de Carmen Garc√≠a y de Luis El√≠as Peralta, quien reside en el barrio El Poblado, del Distrito de Aguablanca en Cali, es posible reconstruir las horas de la matanza, las que se prolongaron como si el tiempo se hubiese detenido, salvo en el reloj de pared de ‚ÄúLa tienda del vecino‚ÄĚ. Era el negocio de don Braulio Moncada, a quien le segaron la vida porque le vend√≠a v√≠veres a quien le comprara, sin importar si era un simple parroquiano o un guerrillero. Lo que le importaba era vender.
Para Luis El√≠as lo m√°s tormentoso fue escuchar la conjunci√≥n de llanto, gritos, s√ļplicas y disparos, y no poder hacer nada. Al fin y al cabo, a los que estaban matando all√° afuera eran conocidos. Todos eran como una familia, al menos hasta ese d√≠a. Terminada la jornada de dolor, lo √ļnico que se escuchaban a lo lejos eran los aullidos de los perros.
Antes de la mortandad, los paramilitares usaban una camioneta a la que llamaban ‚ÄúLa √ļltima l√°grima‚ÄĚ. En ella transportaban a las futuras v√≠ctimas. Las llevaban a un sitio conocido como kil√≥metro 60, espec√≠ficamente a una finca. All√≠ las torturaban, asesinaban y enterraban.
Con diversas representaciones, se rememora uno de los hechos m√°s luctuosos del pa√≠s en los √ļltimos veinte a√Īos.
Con diversas representaciones, se rememora uno de los hechos m√°s luctuosos del pa√≠s en los √ļltimos veinte a√Īos.
UNA MASACRE QUE SE DESDIBUJA EN EL TIEMPO
La masacre de La Gabarra se ha ido desdibujando en el tiempo. Sin embargo, luego de muchos a√Īos y cuando las esperanzas para muchas v√≠ctimas estaban perdidas, la Secci√≥n Tercera del Estado conden√≥ en el 2015 a la Naci√≥nrepresentada en el Ministerio de Defensa, el Ej√©rcito y la Polic√≠a Nacional, por las omisiones en la protecci√≥n de la poblaci√≥n civil. La inexplicable ausencia de las autoridades favoreci√≥ los hechos. La decisi√≥n involucr√≥ a algunos agentes de la Fuerza P√ļblica y de mandos medios.
Otro de los condenados fue el excomandante del Batall√≥n Contraguerrilla 46, teniente Luis Fernando Campuzano. La pena a cuarenta a√Īos, fue impuesta por la Corte Suprema de Justicia el 12 de septiembre del a√Īo 2007.
Sin duda, todav√≠a no se sabe todo acerca de la noche que la noche que nadie olvida. La noche en la que cambi√≥ la historia de La Gabarra. La noche en que m√°s de 13 mil personas emprendieron un √©xodo hacia no se sabe d√≥nde. Los desplaz√≥ la violencia.
Luis El√≠as Peralta, es uno de los n√≥madas que lleg√≥ a Cali. No ha vuelto a La Gabarra. No quiere volver. Le trae malos recuerdos. Prefiere conservar las im√°genes de cuando todos eran una familia, en unidad aun cuando la guerrilla, en su momento, fuera la √ļnica autoridad que conoc√≠an.
En diciembre no puede escuchar la tronamenta del d√≠a del alumbrado, de navidad o de fin de a√Īo, porque recuerda los sonidos estruendosos de disparos que acabaron con tantas vidas.

About Author

√Ālvaro Ruiz

Cali, Abril/58. Economista con estudios pos universitarios Universidad de la Habana-Cuba. Especializaci√≥n Administraci√≥n P√ļblica UNIVALLE. Directivo Sugoviano y L√≠der Comunitario ‚ÄďJAC, Coordinador de Cuadra. Escribe desde 1984, siendo su primer fragmento ‚ÄúTristeza y Alegr√≠a‚ÄĚ. Desde entonces no ha cesado de trazar unas cuantas l√≠neas denominadas MI VOZ. Su escuela literaria su T√≠o el Escritor cale√Īo Arturo Alape. Prepara compilaci√≥n de sus trazos diversos pero unitarios: Imaginar Futuro como lo dec√≠a Galeano.


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