SINDICATO UNITARIO DE LA GOBERNACI脫N DEL VALLE DEL CAUCA
NOSOTROSCONTACTO 30 Jun, 2022

El 1 de mayo. Entre la Historia y el Futuro

Por I帽aki Gil de San Vicente

Desde finales del siglo XX, el capital est谩 intentado reinstaurar formas de explotaci贸n de finales del s. XVIII. S贸lo se lo impide la lucha obrera y popular.

http://www.lahaine.org/skins/asevo/img/espaciador.gifDesde finales del siglo XX, el capital est谩 intentado reinstaurar formas de explotaci贸n de finales del s. XVIII y primera mitad del XIX. S贸lo se lo impide la lucha obrera y popular a pesar de las derrotas sufridas. La ofensiva del capital es tanto m谩s desesperada cuanto que no se atisba una s贸lida y prolongada tendencia al alza de los beneficios sino, a lo sumo, un largo estancamiento con repuntes tibios y cortos localizados en 谩reas muy restringidas del capitalismo mundializado. 


Crece en ferocidad en la medida en que se agotan los recursos naturales y energ茅ticos, se agrava la crisis socioecol贸gica y el calentamiento global provoca cat谩strofes socionaturales, y llega al paroxismo militarista cuando asiste impotente a las coordinaciones de los pueblos que se niegan a cumplir las directrices de un imperialismo que opta por el caos mundial para mantener su poder.

En este contexto de larga duraci贸n el sindicalismo revolucionario, sociopol铆tico, debe aprovechar la conmemoraci贸n del 1 de mayo para masificar la reflexi贸n obrera y popular sobre al menos tres cuestiones que han cobrado decisiva trascendencia en la lucha por el socialismo y contra el capitalismo mundializado. 

Una y la m谩s inmediata y urgente es parar en seco la ofensiva antiobrera y recuperar todo lo arrebatado; otra es fortalecer la alianza estrecha entre el sindicalismo sociopol铆tico, los movimientos populares y sociales, y las organizaciones revolucionarias para extender la lucha de clases a todas las realidades del pa铆s; y la 煤ltima es recuperar la noci贸n de urgencia del socialismo, es decir, de acabar con el sistema salarial. 

Existen otras muchas deficiencias de urgente soluci贸n como el desempleo, la precarizaci贸n, el corporativismo sectario de las franjas obreras menos golpeadas, la multidivisi贸n de la clase, el derechismo racista, el machismo, el miedo y la pasividad, la separaci贸n entre tiempo de trabajo y tiempo de vida, etc.

Semilla que aviva la lucha

Las deficiencias, vac铆os y errores son muchos, complejos e interrelacionados pero bien mirados nos remiten a los tres citados arriba, que a su vez se sintetizan en la necesidad de tomar conciencia de los dos niveles de la lucha de clases: el de las lecciones b谩sicas que se extraen de su historia, y el de su actualizaci贸n en el presente y cara al futuro. 

Sobre lo primero hay que decir que es vital para las naciones trabajadoras que se enfrentan al imperialismo, que descubran y actualicen los lazos de solidaridad y ayuda internacional que los y las oprimidas han practicado desde siempre.

La primera referencia escrita disponible aunque expresada en forma de mito polite铆sta, sobre la lucha de clases aparece hace alrededor de 5000 a帽os en Mesopotamia, en la Epopeya de Gilgamesh y sobre todo en El poema del muy sabio Atharasis en el que se narra la lucha entre los igigi, cansados de la sobreexplotaci贸n agotadora, y los anunnaki, que viv铆an sin trabajar, apropi谩ndose de los bienes producidos por los campesinos agigi. 

Como los agigi rechazaron una y otra vez las ofertas reformistas de los anunnaki, que s贸lo promet铆an algunas concesiones para que todo siguiera igual, al final esta enana clase dominante decidi贸 exterminar a los agigi nada menos que con el Diluvio Universal: tras la masacre, los dioses anunnaki crearon a los hombres, esclavos serviles, sumisos y cr茅dulos para que trabajasen para ellos por toda la eternidad.

Desde entonces, el mito del Diluvio Universal como castigo definitivo ante la rebeli贸n de los y las explotadas pas贸 a las religiones de la zona, y luego al juda铆smo, cristianismo e islamismo, y de aqu铆 al mundo entero. En el Egipto de hace 4200 y 3200 a帽os se libraron feroces luchas de clases unidas a las de los pueblos oprimidos. La Biblia narra la destrucci贸n con fuego y azufre ca铆do del cielo de Gomorra y Sodoma en cuanto 芦ciudades pecadoras禄, es decir libres y rebeldes. Diluvio, azufre y fuego eran parte del arsenal represivo simb贸lico de las clases dominantes, unidas a sus armas materiales. 

El imperialismo dispone de un poder exterminador cualitativamente superior al de hace cinco milenios lo que demuestra que la lucha de clase nunca ha desaparecido del todo sino que siempre ha resurgido con m谩s fuerza obligando a las clases explotadoras a endurecer y ampliar sus cr铆menes multiplicando sus fuerzas destructivas. Esta lecci贸n hist贸rica es una actualidad sociopol铆tica decisiva, como veremos luego.

Respuesta a la fuerza imperial

La tendencia a la ampliaci贸n incontrolada de las fuerzas destructivas responde, en s铆ntesis, a la agudizaci贸n de las contradicciones irreconciliables que minan todo modo de producci贸n basado en la propiedad privada de las fuerzas productivas, como se aprecia en las fuerzas tect贸nicas que desde su interior llegan a expresarse en las rebeliones en la Roma republicana e imperial; las sublevaciones en la China desde el siglo II, en la Europa del XIII; las resistencias innumerables de los pueblos americanos desde finales del XV, el quilombo brasile帽o de finales del XVII y la sublevaci贸n de los zendales mexicanos de comienzos del XVIII; las revueltas en la Rusia del XVIII; la dirigida por T煤pac Amaru a finales del XVIII; la sublevaci贸n india de mediados del XIX y poco despu茅s de los maor铆es, la rebeli贸n sudanesa y coreana de finales del XIX, y por no alargarnos, la tenaz resistencia de los herero y namaqua hasta que fueron aplastados por el genocidio alem谩n a comienzos del XX en lo que ahora es Namibia.

Hemos citado una parte infinitesimal, una diminuta part铆cula en el Cosmos de la dignidad humana insurgente en defensa de sus bienes comunes, de su identidad colectiva y libertad. A comienzos del XVI los anabaptistas lucharon y murieron por la consigna Omnia sunt comuna, 芦Todo es com煤n禄 y siglo y medio despu茅s las y los 芦cavadores禄 ingleses recuperaban y hac铆an colectivas y productivas tierras bald铆as propiedad de la nobleza e Iglesia. Marx y Engels admiraban la enorme capacidad de resistencia de las comunas campesinas de la extensa Eurasia, virtud a la que poco despu茅s Mari谩tegui rendir铆a honores por su fuerza en los pueblos de las Am茅ricas. 

Las lecciones pr谩cticas obtenidas en las luchas por la propiedad p煤blica de las fuerzas productivas penetran y enriquecen la memoria y cultura popular de las naciones trabajadoras, incluida la memoria militante y de lucha clandestina contra la opresi贸n, como Lenin reconoce y asume en 1902. 

La cultura popular que hunde sus ra铆ces en el valor de uso de la propiedad colectiva, siempre ha sido combatida a muerte por la cultura oficial de la clase dominante centrada en la propiedad privada y en el valor de cambio, en el dinero.
Sobre lo segundo hay que decir que el sindicalismo sociopol铆tico es decisivo para reforzar la cultura popular con sus componentes democr谩ticos, progresistas y revolucionarios inadmisibles por la cultura burguesa y por el Estado ocupante. Un hilo rojo recorre esta cultura trabajadora: la defensa de la propiedad comunal mediante la organizaci贸n de base comunista, sovi茅tica, consejista. La lecci贸n hist贸rica es tan aplastante que en 1920 la Internacional Comunista asume que los consejos y los soviets tambi茅n sirven en las sociedades campesinas, en los pueblos con apenas industria y sometidos al expolio colonialista e imperialista. 

No es por tanto sorprendente que Ho Chi Min asuma el valor de la cultura popular y de sus formas cuando educa al Ej茅rcito Popular en la necesidad de respetarla y aprender de ella; Mao cuando recurre al mito de El Viejo Tonto; Trotsky cuando habla de la campesina Mariette; Gramsci cuando demuestra el poder liberador de la cultura nacional-popular; Nkrumah cuando habla del pueblo militante; Argala cuando habla de pueblo con conciencia nacional de clase; Ch谩vez cuando habla de pueblo organizado, movilizado y consciente鈥

Fiesta combativa

El 1 de mayo s贸lo puede ser d铆a de fiesta combativa con visos de triunfo futuro cuando rinde honor y gloria a los agigi de todos los tiempos, cuando reaviva en el presente el valor actual de las antiguas y permanentes luchas contra la propiedad privada para recuperar los bienes comunes, lo que es del pueblo. 

La mejor manera de derrotar e integrar imperceptiblemente al movimiento obrero en la legalidad de la patronal se produce cuando el sindicalismo amarillo, burocr谩tico y reformista niega las lecciones de la historia, reniega de la necesidad de instaurar la propiedad socialista de los medios de producci贸n y se limita a implorar a la patronal y a su Estado que no golpee tanto al pueblo trabajador.

La mundializaci贸n capitalista, el poder financiero-especulativo, la gigantesca industria pol铆tico-medi谩tica estrechamente unidad al complejo industrial-militar imperialista, estas y otras fuerzas invaden obscena o sutilmente la d茅bil conciencia de amplios sectores populares que han olvidado los valores de la cultura trabajadora. 

El individualismo ego铆sta y acobardado cree que es libre cuando ejerce la democracia del televisor programado por EEUU y del consumismo teledirigido. Infinidad de deseos de libertad se ahogan antes de nacer en este oc茅ano g茅lido y espeso de mansedumbre. Otras muchas reivindicaciones que han logrado prender en la acci贸n se enfrentan a insalvables muros de silencio y aislamiento entre el lugar de trabajo y el lugar de vida, y a la inversa, y as铆 la burgues铆a se enriquece gracias a nuestra desuni贸n. Son bastantes las luchas que caen en la desorientaci贸n estrat茅gica y en la derrota porque no logran engarzar ni con el pueblo, ni con las organizaciones revolucionarias ni con el resto de la clase porque es muy d茅bil su conciencia pol铆tica y formaci贸n te贸rica. 

Y son hasta mayoritarios los sectores populares que apoyan activa o pasivamente a la clase que les explota y exprime la vida porque piensan como ella, incluso porque la cultura popular y sus valores colectivos.

El sindicalismo ha sido fuerte y hasta invencible el movimiento obrero y su lucha de clases cuando a la vez de pelear han creado cultura popular, conciencia-para-s铆. La mera conciencia-para-s铆 no sirve apenas porque su l铆mite es el economismo salarial, la escueta negociaci贸n sindical para actualizar en salario de vez en cuando y para mejorar las condiciones de trabajo, si la patronal quiere. 

Un sindicalismo ideol贸gicamente interclasista y corporativista, separado premeditadamente del resto de opresiones e injusticias que se padecen en las barriadas, escuelas, servicios asistenciales y sociales, en la vida entera del pueblo trabajador. Una aportaciones vital de la cultura popular y de la conciencia de lo colectivo, de los bienes comunes y p煤blicos, es que bajo el capitalismo la vida se malvive como un todo, y que por tanto es la vida entera la que ha de ser revolucionada por la praxis conjunta del sindicalismo, de los movimientos populares y sociales, y de las organizaciones revolucionarias.

La cultura burguesa, que es tan esencialmente pol铆tica como la popular pero de signo opuesto, hace esfuerzos permanentes y desesperados para aplastar la conciencia-para-si del pueblo trabajador. El sindicalismo siempre empez贸 a retroceder nada m谩s que iniciaba su alejamiento de la cultura popular, de las vivencias y sentimientos del pueblo una vez este sal铆a de las paredes del centro de trabajo. 

Muchos sindicalistas siguen cometiendo el error suicida de no defender reivindicaciones sociopol铆ticas tendentes a la victoria del socialismo. Se niegan a crear grupos de estudio sobre la historia de la lucha de clases, sobre la teor铆a socialista, sobre la necesidad de acabar con la dictadura del salario, sobre la plusval铆a y el capital, sobre el patriarcado como clave en la reproducci贸n ampliada del capital, sobre la necesidad de la revoluci贸n鈥, y se enceguecen en estos y otros errores desastrosos a pesar de toda la incuestionable experiencia mundial.

脕lvaro Ruiz

Cali, Abril/58. Economista con estudios pos universitarios Universidad de la Habana-Cuba. Especializaci贸n Administraci贸n P煤blica UNIVALLE. Directivo Sugoviano y L铆der Comunitario 鈥揓AC, Coordinador de Cuadra. Escribe desde 1984, siendo su primer fragmento 鈥淭risteza y Alegr铆a鈥. Desde entonces no ha cesado de trazar unas cuantas l铆neas denominadas MI VOZ. Su escuela literaria su T铆o el Escritor cale帽o Arturo Alape. Prepara compilaci贸n de sus trazos diversos pero unitarios: Imaginar Futuro como lo dec铆a Galeano.


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