SINDICATO UNITARIO DE LA GOBERNACIÓN DEL VALLE DEL CAUCA
NOSOTROSCONTACTO 24 Oct, 2021

Pido la Palabra

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La esencia de la pacificidad de las manifestaciones es innegable. Un asunto distinto es que las manifestaciones han sido infiltradas. Jamás se validará el vandalismo, venga de donde venga, como mecanismo de expresión de la inconformidad. Desde el SUGOV, le apostamos a marchar en paz.

Por Fernando Alexis Jiménez – Dirigente sugoviano.

Las movilizaciones que se han desarrollado desde el 28 de abril, cuando inició el Paro Nacional, están marcadas en su mayoría por un distintivo: su carácter pacífico. Desde un comienzo, ese fue el espíritu que animó al Comité Nacional de Paro. Y bajo ese convencimiento, los dirigentes, afiliados y simpatizantes del Sindicato Unitario de la Gobernación del Valle del Cauca—SUGOV–, hemos participado de las marchas.

Nuestra presencia ha sido comprometida, conscientes que protestar es un derecho constitucional al que no vamos a renunciar y, en esa dirección, ningún colombiano debería eximirse de salir a las calles, a expresar su inconformidad.

En todos los escenarios el SUGOV ha reafirmado su compromiso con la protesta social, pero en paz.

ESTIGMATIZACIÓN DE LA PROTESTA SOCIAL

Jamás se validará el vandalismo, venga de donde venga, como mecanismo de expresión de la inconformidad. Y se plantea así, porque aquí nadie puede afirmar a ciencia cierta que los encapuchados que vandalizan, sean cercanos al Paro. Bien podrían provenir de las fuerzas oscuras interesadas en la desestabilización del país.

No es algo nuevo. El sabotaje a las concentraciones populares es una estrategia mundial enseñada por las escuelas norteamericanas de inteligencia donde se preparan las fuerzas policiales de primera línea, de todos los países, incluso de Colombia.

Cuando se quema una estación de transporte, un vehículo, se agrede a un agente del orden o se atenta contra un civil, lo que se desvirtúa es el procedimiento de la protesta social. ¿A quién más que al propio establecimiento podría interesarle esto? Un punto de reflexión que no podemos pasar por alto.

TOQUE DE QUEDA EN EL VALLE DEL CAUCA Y SOLICITUD DE MILITARIZACIÓN

En ningún conflicto social la militarización es el camino. Está probado. Ordenar la presencia de este tipo de fuerzas, lo que desencadena son brotes de violencia y una licencia tácita para que se produzcan desmanes contra la población civil

La declaratoria del toque de queda en los 40 municipios y los Distritos de Cali y Buenaventura a partir de las 7:00 pm, de este viernes 28 de mayo, y la solicitud de la Gobernadora, Clara Luz Roldán, al presidente Duque para que genere asistencia militar (militarización en términos castizos), enrarece el ambiente en la región. 

La mandataria argumentó: “Hago un llamado respetuoso al señor presidente de la República, Iván Duque, para que, como comandante en jefe de las Fuerzas Militares, despliegue toda la capacidad de nuestra Fuerza Pública y se haga efectiva la asistencia militar para retomar el control del orden público en el departamento, siempre apegados al respeto de los Derechos Humanos

Esto, por supuesto, va en contravía de lo que está solicitando el Comité Nacional del Paro, que es justamente la solicitud de desmilitarización y que se brinden garantías para la protesta. Algo distinto, lo que hace es levantar barreras para el diálogo. Y eso es preocupante, porque desde el SUGOV somos proclives a que se abran puertas al entendimiento, no el nuevo escenario que vemos ahora.

NUESTRO ANHELO: EL DIÁLOGO Y NO UNA RÉPLICA DE LA LARGA NOCHE

En Chile, a mediados de los setenta, se hizo famosa la larga noche. Aludía al control represivo ejercido por los militares sobre el país. Al amparo de sus facultades, no solo se extralimitaron, sino que promovieron desapariciones, ejecutorias sumarias y torturas. Esa larga noche no la olvidarán ni los chilenos, ni el mundo, ni la historia. 

Porque abogamos por el diálogo en un marco civilizado, en paz, llamamos a que se reconsidere esa decisión. En este planteamiento estamos en consonancia con lo que plantea el Comité Nacional del Paro.  Militarizar puede conducir a una larga noche que no soportaría Colombia, salvo que se avivaran más la inconformidad, confrontaciones innecesarias y sangrientas, y motivos de responder. Ese bien puede ser el catalizador de una guerra civil que nadie quiere. Y eso no es precisamente lo que espera un pueblo sufrido como el nuestro. 

Esa la larga noche se replicó en Nicaragua, El Salvador, Argentina, Bolivia y en Colombia, después del Paro de Septiembre de 1977. Se ordenaron allanamientos sin que mediara ninguna justificación, se judicializó a sindicalistas y desaparecieron sinnúmero de líderes sociales. 

Lo que resta es el desescalonamiento de esta situación. ¿Quién debe dar el paso? El presidente Duque, quien se ha negado sistemáticamente a refrendar los protocolos que garanticen la protesta social para emprender las siete meses propuestas por el Comité Nacional del Paro, así como permitir la veeduría de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. El pueblo está dispuesto, pero necesitamos de un presidente que deje la arrogancia y se disponga a concertar… Es la única salida de la encrucijada…

NOTA IMPORTANTE: El presente artículo refleja la opinión de su autor, quien se hace responsable por el contenido, consciente de que sus planteamientos, no necesariamente interpretan el pensamiento político-sindical del movimiento sugoviano. El autor agradece al compañero, Juan Carlos Vergara, por haberle facilitado las fotografías.


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Fuerza policial impidió oportuno avance de las más de doscientas personas provenientes desde diferentes lugares del país. Cerrar fronteras fue una decisión equivocada de la Administración Departamental. Por fin, se abrió la posibilidad de avanzar.

Por Fernando Alexis Jiménez – Dirigente sugoviano

El día un poco nublado. Sabroso. Como siempre, cuando uno sale y se encuentra con ese despertar vallecaucano y dice: “Hoy nos va bien”. Es la actitud con la que salimos a las marchas. Con expectativas, con alegría. Y la espera de la Caravana de la Solidaridad que arribaba a Cali para recorrer los puntos de resistencia, no era para menos.

Ya tengo listo el sonido. Atronador. Se va a escuchar hasta en Yumbo”, Rómulo en la línea. Ring. Otra llamada: “Ya vamos en la buseta, recogiendo la gente”. Gicella. Organizada, cuidadosa en cada detalle. “Como la mamá de los pollitos”, sugiere Álvaro, quien se ha convertido en un referente. Marcha a pesar de ciertas dificultades de salud. Los sugovianos activos, dispuestos a concentrarnos en el Puente de Sameco. Lo de siempre; el agua, los refrigerios, los pendones para los vehículos, todo. Detrás de la participación en una movilización siempre hay mucho camello.

Y ya sobre la marcha, la noticia: la Caravana de la Solidaridad fue retenida en San Pedro, atendiendo la orden de la Gobernadora, Clara Luz Roldán, de cerrar fronteras. Una decisión equivocada, como la de meter al Esmad al edificio de la Gobernación y de la Asamblea Departamental.

Caravana de la Solidaridad
Los estaba esperando pero la fuerza policial. Una situación incómoda que pudo evitarse, de no cerrar fronteras en el Valle del Cauca, como lo dispuso la Gobernadora, Clara Luz Roldán.
El recibimiento a la Caravana lo hizo el Esmad. Desconocieron que se trataba de una movilización pacífica.

LA CARANAVA EN EL PUENTE DE TODOS LOS SANTOS, EN SAN PEDRO

Los docentes y dirigentes sindicales de Cundinamarca, Bogotá, Tolima, Risaralda, y Quindío en sus vehículos, se concentraron en Armenia de camino a Cali, constituida en referente nacional de lucha dentro del Paro Nacional. No obstante, en el centro del Valle del Cauca, tuvieron su primer tropiezo.  Hacia las 10:00 p.m., el paso de los buses y automóviles fue detenido por la Policía Nacional.

Luz Stella León, miembro de la junta directiva del Sindicato de Trabajadores de la Educación del Quindío, Suteq, lo explicó: “Encontramos una camioneta de la Policía atravesada con unas motos. Descendimos de los carros y buses y lo que se nos informa es que había una orden presidencial que la Gobernadora del Valle estaba haciendo cumplir y era evitar el ingreso de la caravana“.

Fue necesaria la intervención del presidente nacional de la CUT, Francisco Maltés Tello, para que se permitiera la continuidad de la movilización. “En eso insistimos siempre y aún ahora en los diálogos previos con el gobierno del presidente Duque, y es que se nos brinden garantías para el ejercicio de la protesta social“, dijo en diálogo con el Portal informativo del SUGOV.

Los dejamos con valiosas imágenes de la participación sugoviana en este evento…

Rómulo, como siempre, atento al sonido en el Móvil de la Resistencia Sugoviana…
Sindicato Sugov
Como siempre, los sugovianos con los tenis puestos… listos a marchar…
Los compañeros en Sameco, firmes y en resistencia.
Los compañeros indígenas, como siempre, al pie del cañón, firmes en la lucha
Aquí en el recibimiento de la Caravana de la Solidad por Cali

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El Paro Nacional del 28 de Abril del 2021 que se ha prolongado por más de doce días, marca un hito en la historia de Colombia. La inconformidad popular en todas sus expresiones, quedó probada. El gobierno nacional por primera vez en muchos años debió escuchar a las clases populares.

Por Fernando Alexis Jiménez – Dirigente sugoviano

El que inició el 28 de abril en Colombia, es el Paro Nacional más grande en toda su historia. La movilización gigantesca en todo el país, a diferencia de otras que han ocurrido desde 1977, integró todas las expresiones de inconformidad popular, en las marchas y bloqueos. El saldo es de casi 40 muertos (dos terceras partes de población civil), 1613 heridos y 2113 denuncias por abusos de la fuerza pública, al tiempo que el ánimo enardecido de millares de personas sigue enarbolando el deseo de proseguir.

El presidente Iván Duque Márquez quien subestimó las actividades y esgrimió el argumento de la “tercera ola del covid-19” procurando que los manifestantes no salieran a las calles, debió admitir que el país se le salió de las manos y bajo la presión popular y aún de la clase politiquera, debió desplazarse hasta Cali en la madrugada del 10 de mayo, declarada como “capital nacional de la resistencia”. Sin embargo, su mensaje fue dictatorial: “Tierra arrasada”, como se deduce de sus declaraciones. En otras palabras, vía libre a la fuerza pública para que siga arremetiendo contra el pueblo.

Ese mismo lenguaje poco conciliador e incendiario es el que comparten hoy la gobernadora del Valle del Cauca, Clara Luz Roldán y el alcalde de Cali, Jorge Iván Ospina, éste último, hijo de un comandante de la guerrilla del M-19 y quien murió combatiendo al ejército en su casa del barrio Los Cristales, en el suroccidente de la capital. De hecho, la gobernadora mantiene acantonados a uniformados del Escuadrón Móvil Anti Disturbios (Esmad) en las instalaciones en el Palacio de San Francisco, con lo cual se pone en peligro la vida de decenas de empleados.

La Gobernadora del Valle y el Alcalde de Cali se reunieron con el Presidente Duque. Sus discursos después de ese Consejo de Seguridad, revela que solamente “recibieron instrucciones” de qué hacer frente al Paro Nacional en Cali, denominada “capital de la resistencia”

LECCIONES DEL PARO

El Paro Nacional de Colombia arroja varias lecciones que se deben tener en cuenta para movilizaciones futuras, en procura de reivindicaciones para las clases populares:

1.- Las convocatorias deben ir de la mano con una amplia divulgación de las razones de las movilizaciones. Esto debido a que infinidad de colombianos, que son los más golpeados con la arremetida tributaria, de salud y las reformas pensional y laboral, al desconoce sobre el tema, salieron a abogar por el presidente, Iván Duque Márquez. Las víctimas defendiendo el gobierno de su victimario.

2.- Una convocatoria con fundamento en reivindicaciones comunes, congrega pueblo. Quedó probado que un llamamiento a las clases populares alrededor de temas que concitan su interés, aviva la participación de todos, sin distingos. Las marchas no deberían ser por casos puntuales, porque muchas personas se hacen a un lado o se sienten al margen.

3.- Las convocatorias deben reunir a todas las fuerzas políticas. No podemos seguir pensando que solamente los de un ala de pensamiento en particular, somos quienes jalonamos la lucha. Como insistiera en su momento el fallecido comandante del M-19, Jaime Báteman Cayón, es necesario converger en el “sancocho nacional” en el que todos ponen y se llama a las fuerzas políticas tradicionales, inconformes, a ser partícipes. Esta no puede ser únicamente una bandera de la izquierda y el movimiento obrero, popular, indígena, estudiantil y campesino.

4.- La necesidad de mantener cohesión entre todos los sectores. Camioneros y gremio de taxistas se sumaron en un comienzo, pero progresivamente se desligaron en muchos lugares del país. Además, demostraron que les asistían intereses particulares y no de colectivo. Otro elemento preocupante el definir un Comité Nacional de Paro y acoger sus directrices. Caer en la actitud de “Ustedes no nos representan”, favorece los intereses del gobierno nacional.

5.- La importancia de prever los corredores humanitarios. Una de las principales protestas ciudadanas, pasada una semana de bloqueos, fue la falta de alimentos. Ligado a esto, la negativa de grupos pequeños de permitir los corredores humanitarios para el ingreso de alimentos, combustibles y medicamentos, entre otros. ¿El resultado? Brotes de inconformidad y molestia de aquellos a quienes necesitamos: a los ciudadanos del común.

Un distintivo en las manifestaciones populares han sido los desmanes del Esmad, cuerpo policial al que se insiste en desmontar por sus acciones que desdicen de la institución.

6.- Los bienes públicos como el transporte masivo, son necesarios. Se trata de algo estratégico. ¿Qué se saca con vandalizar—al menos para quienes lo hicieron—una estación de transporte? Absolutamente nada. Por el contrario, alejar a los sectores obreros que pueden ser aliados. De igual manera el vandalismo de algunos grupúsculos a los supermercados, desdibujaron el propósito original del Paro Nacional.

7.- No caer en las estrategias desinformativas del gobierno. Las fuerzas macabras del gobierno supieron utilizar las redes sociales para tratar de deslegitimar la protesta social y muchos compañeros sucumbieron a esos planes. Todo mensaje que busca bajar la moral de los participantes, con contenidos amenazantes o informaciones faltas, deben ser desenmascarados y no convertirnos en caja de resonancia replicándolos.

¿PARA QUÉ SE INTEGRA UN COMITÉ DE PARO?

Un Comité de Paro, a nivel nacional, regional y municipal, busca unificar esfuerzos y coincidir en temas reivindicatorios. Es evidente que, si se abre un compás de diálogo, es ese conjunto de integrantes, quienes llevan la vocería. Es cierto, en el desarrollo de actividades, sin duda se sumarán varios sectores. Bienvenidos. Pero una vez lo hagan, deben avanzar en la misma dirección.

En caso de una negociación que atienda los puntos de las demandas, se debe acoger. Sin embargo, el Paro Nacional del 21 de noviembre del 2019 demostró que hay quienes definitivamente no aceptan absolutamente nada. Por el contrario, cuestionan a quienes llevan la vecería, dirigiendo hacia ellos términos peyorativos. ¿A quién favorece esa actitud? Al propio gobierno que aplica apropiadamente el principio de “Divide y vencerás”.

No podemos desconocer todo lo que encierran las lecciones aprendidas, menos en el Paro Nacional #28A que marcó un hito en la historia de Colombia y traza un sendero para las nuevas generaciones.


NOTA IMPORTANTE: Los planteamientos contenidos en el presente artículo comprometen a su autor y no necesariamente expresan el pensamiento del Sindicato Sugov.


 


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El panorama en Colombia es desalentador. Los más golpeados, son aquellos de a pie, quienes sobreviven poniéndole la trampa al centavo, los que se ganan el sustento con el “rebusque”, en lo que sea.

Por Fernando Alexis Jiménez

La movilización del 9 de abril, aunque fue nutrida en la mayoría de las ciudades del país, la invisibilizaron los medios tradicionales afectos al establecimiento, pretendiendo desconocer el esfuerzo de millares de colombianos que salieron a las calles. Ahora queda un gran desafío por delante: la preparación del Paro Nacional del 28 de abril.

En este aspecto, el presidente de la Central Unitaria de Trabajadores—CUT–, Francisco Maltés Tello, considera que se debe socializar mucho más cuáles son los móviles de la protesta: Unificar esfuerzos para frenar el paquete de medidas lesivas a las clases populares como las reformas tributaria, pensional y laboral, al tiempo que el gobierno de Iván Duque favorece a la clase económica privilegiada a la que pertenece.

Las cortinas de humo para deslegitimizar la movilización social, son múltiples. Ponderar la situación del covid-19 es una de ellas. De la mano con las advertencias sobre el incremento en los contagios, se masifican las noticias que llegan a saturar en torno a los ingentes esfuerzos del gobierno nacional por conseguir vacunas y ampliar el esquema de inmunización contra reloj en toda la geografía colombiana.

Se busca ocultar, por ejemplo, que Colombia es el único país del mundo en donde aparecen con dosis de biológicas personas que murieron hace tiempo, menores de 20 años y hasta políticos. Se han saltado la programación para este tipo de contingencias. Las irregularidades son múltiples y actualmente objeto de investigación por parte de la Procuraduría General de la Nación. Lo más probable es que no concluyan en nada, por supuesto.

La vacunación tal como está planteada, es un rotundo fracaso. A buen ritmo y con confianza en que no ocurran más tropiezos, se estaría tardando dos años y medio. ¿Cuántas personas habrán fallecido para entonces?”, advierte Francisco Maltés Tello, dirigente de la central obrera con quien tuvimos oportunidad de compartir un café tinto.

Millares de personas sienten en el alma el dolor por el creciente número de asesinatos agotados en la vida de líderes sociales. Sin embargo, la administración Duque se esfuerza por atribuir estos crímenes, alimentados por una máquina de la muerte bien aceitada, a razones distintas a las de carácter política. Su gran delito es pensar diferente y militar en la oposición.

Desde la perspectiva del presidente de la CUT: “A este gobierno le quedó grande resolver graves problemas que azotan al país: el hambre, el desempleo, la desnutrición, el manejo de la pandemia, su decisión equivocada de afectar el bolsillo de los colombianos con nuevos tributos que ampliarán la brecha de la miseria, y la impunidad que rodea el asesinato de líderes sociales.”

Francisco Maltés Tello acompaña sus argumentos con ejemplos sencillos. Al fin y al campo, es catedrático universitario y economista con una amplia trayectoria. “La del 9 de abril fue una experiencia significativa y, ahora, hay que prepararse para el 28 de abril, para el Paro nacional”, señala. En su criterio y dadas las actuales circunstancias, es necesario unificar las fuerzas de todos los colombianos para evitar que las reformas terminen acabando con las posibilidades de empleo, de pensionarse y, con el pago de nuevos tributos, se ahogue toda oportunidad de subsistencia.

El panorama en Colombia es desalentador. Los más golpeados, son aquellos de a pie, quienes sobreviven poniéndole la trampa al centavo, los que se ganan el sustento con el “rebusque”, en lo que sea.

Y al concluir mi reunión con el presidente de la CUT, el vendedor de tintos de la esquina, de casi setenta años. Parece esquimal, con las medidas de bioseguiridad. ¿Un tinto?, me ofrece. Se lo compro, y al darme el cambio por el billete, una frase lapidaria que todavía me ronda en la cabeza: “A los pobres nos quedan solamente dos alternativas: morirnos de covid o de hambre…

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Es hora de que cese el asesinato de líderes sociales y de quienes, tras apostarle al Acuerdo de Paz, se desmovilizaron del movimiento insurgente. Sólo así podremos decir que se avanza en la conquista del entendimiento nacional.

Por Fernando Alexis Jiménez – Dirigente del SUGOV

Colombia se prepara para marchar este 9 de abril en el marco de la conmemoración del Día Nacional de las Víctimas.

El gobierno nacional enfatiza que la fecha tiene incidencia en el conflicto armado. Las centrales obreras, los sindicatos y las diferentes expresiones populares, estudiantiles, campesinas e indígenas, plantean el asunto con otro prisma: es necesario retomar las calles para denunciar el agravamiento del asesinato sistemático de los líderes sociales y el duro golpe al proceso de paz, al acribillar a tiros a quienes se reincorporaron.

El asunto es muy grave. Los hechos saltan a la vista: entre el 1 de noviembre de 2016 y el 30 de junio de 2020, 255 personas fueron víctimas de homicidio, 213 de ellas personas defensoras de derechos humanos, líderes y lideresas sociales, y 42 excombatientes de las FARC-EP.

La información documentada permitió identificar 57 víctimas, de las cuales 44 pertenecían a Marcha Patriótica, lo que indica que la violencia contra líderes y lideresas vinculados a movimientos políticos afecta en mayor medida a sectores de oposición.

Las zonas más afectadas comprenden el Norte del Cauca, en el Urabá Antioqueño y el Bajo Atrato Chocoano, en el sur de Córdoba, y en el nordeste y bajo Cauca Antioqueños. Llama la atención que el incremento en los hechos de violencia contra líderes, lideresas y excombatientes tienen un común denominador: abarcan áreas priorizadas para el desarrollo de Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDETs).

Ahora, no es una invención de aquellos que escribimos desde la óptica independiente y a quienes el gobierno pretende deslegitimar, por ser de oposición o porque, simplemente, considera que estamos empecinados en desprestigiar su gestión a nivel nacional y en los portales informativos de otros países. Las cifras son avaladas por las organizaciones que convergen en la Comisión de Justicia y Paz de Colombia.

Hay tres elementos recurrentes: un accionar sistemático de criminalidad, estigmatización a quienes son opositores al establecimiento o quienes hicieron dejación de las armas después de militar muchos años en las Farc-EP, y un elemento que llama poderosamente la atención: las investigaciones no son concluyentes en torno a los responsables. En pocas palabras, hay impunidad.

Esta situación amerita que haya unidad de esfuerzos alrededor de la movilización del 9 de abril en todo el territorio colombiano, pero no para hacerle el juego a Iván Duque quien señala que las víctimas son quienes se desplazaron como consecuencia de las confrontaciones armadas entre ejército e insurgencia, sino de quienes, por ser oposición, están siendo asesinados. Una dictadura con un cariz de democracia, como la que se evidencia en el ejercicio del gobierno nacional.

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Nota importante: Las opiniones contenidas en el presente artículo, ponen en evidencia el pensamiento del autor y no necesariamente reflejan lo que tiene el movimiento sugoviano dentro de su línea de pensamiento.


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Por el momento, los refritos noticiosos se limitan a anunciar que 20, 30 o 50 personas del sector salud, fueron vacunadas. A ese ritmo, se necesitarán por lo menos 20 años para alcanzar la meta… El tremendo oso de la vacunación nacional contra el covid-19.

Solo en un país como Colombia que encarna el realismo mágico que describió Gabriel García Márquez en Macondo, un alto número de electores puede seguir considerando al expresidente Álvaro Uribe Vélez como el redentor, aun cuando en su administración se hayan registrado 6.402 victimas de los “falsos positivos”.

La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) no se inventó las cifras de este drama que vivió el país entre el 2002 y el 2008 y que prosigue hoy con el asesinato sistemático de líderes sociales. Sin embargo, Uribe atribuye esta información a una andanada persecutoria. Ahora resulta que es víctima. En pocas palabras: “Los pájaros tirándole a las escopetas”.

Y es en un país como Colombia, en donde el presidente Iván Duque Márquez monta un show con discursos veintijulieros cuando llegó la vacuna contra el Covid 19 que incluyó un desfile con carro de bomberos, sirenas, selfies y sonrisas triunfalistas como si se hubiera descubierto el “agua tibia”. Un verdadero “oso” que pone en evidencia la mentalidad tercermundista de la clase política y que involucra a los colombianos, lamentablemente.

De la mano con el presidente Duque, los miembros del gabinete, como la Vicepresidenta, Martha Lucía Ramírez; el ministro de Salud, Fernando Ruíz; el alcalde de Medellín, Daniel Quintero; el Gobernador de Sucre, Héctor Espinosa; el alcalde de Barranquilla, Jaime Pumarejo; el ministro de Defensa, Diego Molano; el ministro de Justicia, Wilson Ruíz y la alcaldesa de Bogotá, Claudia López—entre otros–, tomándose fotos “mesiánicas” con las biológicas y con las personas a las que están vacunando.

No se necesita ser muy agudo en los análisis para concluir que están haciendo política con las jornadas de protección a la ciudadanía. Comerciando votos con una necesidad colectiva.

En Colombia están haciendo política con las vacunaciones.
En Colombia estás haciendo política con la vacunación. En pocas palabras, se juega con la salud de los necesitados.

Otro hecho sorprendente por su ridiculez que raya con lo inverosímil, son los bajos niveles de distribución en las regiones apartadas. Una entrega a “cuenta gotas” con la que abren noticias en la prensa, la televisión y los portales digitales como si se tratara de un avance comparable al arribo del robot Perseverance a Marte.

Preocupa y sigue en el imaginario colectivo la inquietud de que pese, a la programación anunciada por el gobierno nacional, el cronograma no se cumpla. Que pasen los días y después de la efervescencia del show mediático liderado por el presidente Duque, los resultados resulten distantes de las expectativas.

¿Alguna razón en particular? Por supuesto que sí. Vacunar 35 millones de colombianos como anunció el mandatario sólo será posible si diariamente se vacunan alrededor de doscientas mil personas, y no hay la logística para alcanzar ese nivel. Por el momento, los refritos noticiosos se limitan a anunciar que 20, 30 o 50 personas del sector salud, fueron vacunadas. A ese ritmo, se necesitarán por lo menos 20 años para alcanzar la meta

¿Comprenden ahora por qué me reafirmo en que Colombia es un país macondiano? Un territorio donde ocurren los hechos más inverosímiles, producto sin duda, de la imaginación desbordada de un escritor frente a su vieja máquina Remington.

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La propuesta de ampliar períodos no es nueva, pero en momentos como el actual cuando el ambiente político comienza a calentarse, nada mejor para la derecha que promoverlo de nuevo.

 

¿Cómo reaccionar frente a la propuesta de unificar los períodos del presidente con el del  Congreso, alcaldes y gobernadores en Colombia? Uno no sabe si recibir la propuesta con risa pensando que se trata de un mal chiste, con desconcierto en un país que montó un teatro con el tema de las vacunas o, sencillamente, con rabia ante la posibilidad de que tengamos que soportar al presidente Iván Duque Márquez otros dos años.

El mandatario, aunque fuera de foco salvo cuando presenta el telemagazin diario sobre el covid -19, ha favorecido los intereses económicos de quienes están detrás de la Federación Colombiana de Municipios. Se trata de la amalgama de politiqueros y un grupo reducido que maneja la economía del país, en su anhelo de seguir con un presidente de bolsillo y, de paso, mantener en sus posiciones a los alcaldes y congresistas que golpean a la clase popular mientras esgrimen discursos populistas para engañar incautos, igual que el culebrero de Vijes.

Detrás de la propuesta está un demagogo y arribista como Gilberto Toro, quien ocupa desde 1996 el cargo directivo en la Federación. A fuerza de argucias se ha convertido en el puente entre el gobierno nacional y los gobernadores y alcaldes. Concentra poder.

Este abogado fue alcalde de un modesto municipio, Jericó. Luego paso a la gobernación de Antioquia en representación del partido conservador. Y gracias al respaldo de un amplio sector político, fue elegido presidente de esa organización, en la que se encuentra atornillado. Por supuesto, la continuidad de Duque, favorece su pensamiento afín al uribismo.

Pensar en tener en el horizonte a Duque dos años más, es una pesadilla por varias razones. Primero, porque no ha sido buen presidente; segundo, porque ni siquiera como político es hábil, y tercero, porque al igual de Álvaro Uribe Vélez, ha golpeado a la clase trabajadora y ahora pretende sacar una reforma al sistema de salud, al sistema pensional y una reforma tributaria.

El argumento de la Federación Colombiana de Municipios es, por supuesto, que el país no tiene para el financiamiento de un proceso de elecciones. ¿Y qué decir de los millones que se perdieron durante la pandemia c0mo por la magia de birlibirloque? ¿Y de los medicamentos con los que se especuló o los mercados humanitarios que jamás llegaron a los beneficiarios? Al menos los órganos de control no han dicho en qué han parado las investigaciones.

La propuesta de ampliar períodos no es nueva, pero en momentos como el actual cuando el ambiente político comienza a calentarse, nada mejor para la derecha que promoverlo de nuevo con la esperanza de que el gran grueso de Colombianos, que todavía sigue creyéndole a Uribe, contemplen la posibilidad de apoyar al expresidente y ex senador como también al presidente de las canas teñidas, de alimentar su ego mesiánico en un país que se hunde en la miseria.

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Las declaraciones de Timochenko lo que dejan entrever, como parte de los secretos de la guerra, es que, al interior de algunas organizaciones, cada comandante actúa de forma autónoma.

 

Las declaraciones de Timochenko ante la JEP, pusieron en evidencia un fenómeno que igual se presenta hoy en el ELN y es que, en su momento, las FARC no tenían control ni conocimiento sobre las acciones de algunos de sus frentes. Eso es grave porque, entonces, cada comando podría actuar al margen de las órdenes que se impartían desde el nivel central.

Sobre esa base, y si partimos del principio de la buena fe, en el Secretariado no conocían el plan que se urdió encaminado a “ajusticiar” al político, Álvaro Gómez Hurtado.

Justamente esa autonomía de los militantes de las organizaciones insurgentes fue lo que llevó al rompimiento de los diálogos entre el gobierno nacional y el Comando Central del ELN en La Habana. El punto crítico se desencadenó cuando se produjo el atentado en la Escuela de Cadetes General Santander, en Bogotá, por parte del frente oriental de guerra, lo que dejó un saldo de 21 personas muertas y 68 heridas.

¿Por qué este planteamiento ante la JEP es preocupante? Porque no se puede asegurar que toda acción tiene un fin político. Es algo elemental dentro del accionar de toda organización insurgente.

Escuela de Cadetes General Santander – Foto El Tiempo

Sobre esa base, si el CoCe no tenía conocimiento en La Habana sobre el atentado a la Academia en la capital de la República, lo que pretendió ser una “acción político militar”, produjo el desmoronamiento de los acercamientos y proceso de sentar las bases con el ELN. Todo diálogo se rompió y se hicieron trizas las aspiraciones de los colombianos, entre los que me encuentro yo, de que la guerra terminara de una vez por todas y que, si persiste el anhelo de que Colombia experimente una transformación en su modelo económico y político, se busque por la vía electoral.

Ahora está sobre la palestra el anuncio de un atentado eleno en Santa Fé de Bogotá o cualquier otra capital del país, hecho por el embajador cubano.

La “autonomía” de quienes permanecen alzados en armas, hace prever dos cosas: en primer lugar, que puede configurarse una anarquía entre las organizaciones guerrilleras y, la segunda, que esa mal llamada autonomía lo que abre paso es a divisiones en futuros procesos de negociación.

No se puede desconocer que las injusticias y el desequilibrio social han alimentado por años la insurgencia, y ahora el asesinato sistemático de líderes sociales, pero es necesario que una aspiración de retomar acercamientos de cara a un acuerdo de paz con los elenos, esté rodeado de la unificación de criterios. No se puede estar planeando un atentado, cuando millares de colombianos lo que queremos es que “termine la horrible noche”.

Las declaraciones de Rodrigo Londoño Echeverri, Timochenko, lo que dejan entrever, como parte de los secretos de la guerra, es que, al interior de algunas organizaciones, cada comandante actúa bajo el convencimiento de que todo redundará alrededor de unos objetivos. Insisto, grave, porque si hay una directriz de avanzar hacia la paz, esa pretendida autonomía llevará a que haya quienes no reciban las orientaciones.

Le invitamos a escuchar en formato de Podcast, algunas de las columnas del autor.

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No es por ofender a Matías, el culebrero de Vijes, pero el presidente Duque le está haciendo competencia con tantos anuncios, al tiempo que pone un velo de misterio alrededor del proceso de compra, bajo el argumento de cierto grado confidencialidad que no se puede violar por acuerdo tácito con las multinacionales que las producen.

Llegaba a Vijes los domingos en la tarde en el bus intermunicipal. Todos sabían que arribaba alrededor de las dos de la tarde con su enorme maleta café, bastante trajinada, a la que le hacía falta la manija; por eso siempre la llevaba sobre el hombro. De él solo se sabía que su nombre era Matías. ¿La edad? Indeterminaba. Bien podría tener cincuenta años que setenta.

Apenas reunía parroquianos, comenzaba a darle órdenes a la peligrosa serpiente que traía en la valija. Tan mortífera era, que jamás la abrió. Solo le gritaba: “Quieta, Margarita, que primero fue el niño Dios que vos”.

Y aunque las cabezas de varios curiosos se asomaban al ruedo, jamás quisieron descubrir que había adentro, porque él los amenazaba. “La mordida de este animal es mortal, así es que, si no quiere ver a sus deudos tomando tinto en un velorio, mejor ni se acerque”, advertía, para –con sutileza—desempacar de una bolsa toda suerte de ungüentos que servían para curar la artritis, el mal de ojo, el asma, el cáncer, las cefaleas y hasta los dolores de un amor incomprendido.

Logró interesar así a un buen número de personas que le compraban la mercancía hasta que un día, sin mayor explicación, desapareció. No volvieron a ver al culebrero que amenazaba con la temible serpiente, de no se sabe cuántos metros, a la que jamás vieron y que el misterioso hombre portaba en su maleta.

La historia vino a mi memoria ahora que el presidente anda con el cuento de que la vacunación masiva comenzara el próximo 20 de febrero y que la meta, a diciembre, es haber inoculado con la “mágica poción”, a por o menos el 70% de la población colombiana.

En las ruedas de prensa y en sus intervenciones en el aburrido telemagazín que transmite todos los días el asunto suena interesante. Sin embargo, el gran interrogante es: ¿en este país, que ocupa un deshonroso puesto entre los más corruptos del mundo, será posible que esas dosis biológicas lleguen a la gente que las necesita? Al margen de si son efectivas o no, la cuestión es si el volumen de vacunas, muy costosas, por cierto, no se pierden en el camino por la magia de birlibirloque y lo más probable es que nunca terminen entre los más vulnerables.

Para nadie es desconocida la serie de escándalos que se produjeron en el 2020 por malversación de fondos en la compra de medicamentos o la destinación inapropiada de ayudas humanitarias. Los roedores de siempre, aquellos que no faltan en el sector público o privado, se encargaron de que desaparecieran y, en la mayoría de los casos, se desconoce cuál ha sido el curso de esas investigaciones.

No es por ofender a Matías, el culebrero de Vijes, pero el presidente Duque le está haciendo competencia con tantos anuncios, al tiempo que pone un velo de misterio alrededor del proceso de compra, bajo el argumento de cierto grado confidencialidad que no se puede violar por acuerdo tácito con las multinacionales que las producen.

Como decía el eterno notario del pueblo, don Angelino Barco, tomando tinto en la cafetería de doña Josefa García: “Amanecerá y veremos”. Esa expresión resumía la incredulidad, la misma que nos asiste como parroquianos del común, frente a los anuncios rimbombantes del presidente Duque en torno a la vacunación, y el temor de que la mano gigante y tenebrosa de la corrupción no vuelva a hacer su aparición ante la indiferencia de los entes de control.

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Por Fernando Alexis Jiménez| @misnotasdeldia
Llegó al cargo de alcaldesa argumentando una posición de centro izquierda a la que, por supuesto es ajena. Y lo digo porque sus actuaciones riñen con lo que pregona. Su más reciente “metida de pata” en la larga cadena de errores y contradicciones, fue la orden de ordenar que 90 mil empleados de la Alcaldía retornaran a sus puestos, sin haber tomado ninguna medida de bioseguridad para asegurar el regreso.
No es coherente porque ella misma ha asumido posiciones radicales en contravía del también errático presidente, Iván Duque, en cuanto a aperturar espacios de trabajo. Y el mandatario le jaló las orejas y dejó claro que no es procedente, tras recordarle que ella  ha insistido en el riesgo que representa para la ciudad la utilización de muchas personas en el sistema de transporte público.
Francisco Maltés Tello, miembro del Ejecutivo Nacional de la Central Unitaria de Trabajadores, consideró este un gran equívoco de varias formas. “En primera instancia, pedir al gobierno nacional que amplíe el confinamiento y ella disponer que los empleados salgan a trabajar. No ha dispuesto medidas de bioseguridad. Este tipo de medidas, se deben concertar con el movimiento sindical que representa a la base de trabajadores los protocolos para que luego los avalara la Secretaría de Salud. Igualmente concertar qué tipo de elementos son necesarios y, si para garantizar el desplazamiento, se pondrán rutas de buses. Las decisiones deben ser concertadas”, insistió.
De hecho, el director del Departamento Administrativo de la Presidencia, Diego Molano, cuestionó, sin mencionar a la funcionaria su decisión al trinar lo siguiente:  “Las entidades públicas del orden nacional, de acuerdo con Directiva Presidencial 02 del 12 de marzo 2020, durante esta emergencia deben privilegiar el teletrabajo para proteger su vida, seguir cumpliendo sus funciones y no congestionar transporte público”.​
Por supuesto, no es la única medida en la que dice y no hace, en una ciudad donde el Escuadrón Móvil Antidisturbio (ESMAD) ha respondido en varias ocasiones conrepresión a quienes salen a pedir comida porque, o se contagian de coronavirus o se mueren de hambre.
Claudia López que restringió la salida a la calle para adquirir alimentos, por esas contradicciones que le asisten, salió junto con su esposa de “compras”, fue en procura de víveres pasando por alto las mismas instrucciones que había impartido.
Sin que haya sido jamás ni vaya a ser el santo de mi devoción por su posición neoliberal, uno entendería que la oposición de Claudia a Iván Duque, obedece a que está haciendo campaña para, en un futuro, cobrar los réditos y pretender materializar su aspiración de llegar a la presidencia.
Dice muchas cosas, con ese prurito populista que la caracteriza, pero sus palabras distan mucho de los hechos.
Los que votaron por ella, en los barrios populares, creyendo en sus discursos mesiánicos, han descubierto muy tarde, que ella va por lo suyo. En pocas palabras, los tres PY: “Primero yo, segundo yo y, tercero yo”.
No ha llegado a sus primeros seis meses de gobierno y ya ha brillado el cobre. ¡Santo Dios, todavía faltan algo más de tres años y medio de desgobierno! Cada día uno se pregunta: ¿Con qué nuevas saldrá hoy?

 



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