SINDICATO UNITARIO DE LA GOBERNACIÓN DEL VALLE DEL CAUCA
NOSOTROSCONTACTO 03 Dic, 2021

Fernando Alexis Jiménez

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6min2020

Las declaraciones de Timochenko lo que dejan entrever, como parte de los secretos de la guerra, es que, al interior de algunas organizaciones, cada comandante actúa de forma autónoma.

 

Las declaraciones de Timochenko ante la JEP, pusieron en evidencia un fenómeno que igual se presenta hoy en el ELN y es que, en su momento, las FARC no tenían control ni conocimiento sobre las acciones de algunos de sus frentes. Eso es grave porque, entonces, cada comando podría actuar al margen de las órdenes que se impartían desde el nivel central.

Sobre esa base, y si partimos del principio de la buena fe, en el Secretariado no conocían el plan que se urdió encaminado a “ajusticiar” al político, Álvaro Gómez Hurtado.

Justamente esa autonomía de los militantes de las organizaciones insurgentes fue lo que llevó al rompimiento de los diálogos entre el gobierno nacional y el Comando Central del ELN en La Habana. El punto crítico se desencadenó cuando se produjo el atentado en la Escuela de Cadetes General Santander, en Bogotá, por parte del frente oriental de guerra, lo que dejó un saldo de 21 personas muertas y 68 heridas.

¿Por qué este planteamiento ante la JEP es preocupante? Porque no se puede asegurar que toda acción tiene un fin político. Es algo elemental dentro del accionar de toda organización insurgente.

Escuela de Cadetes General Santander – Foto El Tiempo

Sobre esa base, si el CoCe no tenía conocimiento en La Habana sobre el atentado a la Academia en la capital de la República, lo que pretendió ser una “acción político militar”, produjo el desmoronamiento de los acercamientos y proceso de sentar las bases con el ELN. Todo diálogo se rompió y se hicieron trizas las aspiraciones de los colombianos, entre los que me encuentro yo, de que la guerra terminara de una vez por todas y que, si persiste el anhelo de que Colombia experimente una transformación en su modelo económico y político, se busque por la vía electoral.

Ahora está sobre la palestra el anuncio de un atentado eleno en Santa Fé de Bogotá o cualquier otra capital del país, hecho por el embajador cubano.

La “autonomía” de quienes permanecen alzados en armas, hace prever dos cosas: en primer lugar, que puede configurarse una anarquía entre las organizaciones guerrilleras y, la segunda, que esa mal llamada autonomía lo que abre paso es a divisiones en futuros procesos de negociación.

No se puede desconocer que las injusticias y el desequilibrio social han alimentado por años la insurgencia, y ahora el asesinato sistemático de líderes sociales, pero es necesario que una aspiración de retomar acercamientos de cara a un acuerdo de paz con los elenos, esté rodeado de la unificación de criterios. No se puede estar planeando un atentado, cuando millares de colombianos lo que queremos es que “termine la horrible noche”.

Las declaraciones de Rodrigo Londoño Echeverri, Timochenko, lo que dejan entrever, como parte de los secretos de la guerra, es que, al interior de algunas organizaciones, cada comandante actúa bajo el convencimiento de que todo redundará alrededor de unos objetivos. Insisto, grave, porque si hay una directriz de avanzar hacia la paz, esa pretendida autonomía llevará a que haya quienes no reciban las orientaciones.

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No es por ofender a Matías, el culebrero de Vijes, pero el presidente Duque le está haciendo competencia con tantos anuncios, al tiempo que pone un velo de misterio alrededor del proceso de compra, bajo el argumento de cierto grado confidencialidad que no se puede violar por acuerdo tácito con las multinacionales que las producen.

Llegaba a Vijes los domingos en la tarde en el bus intermunicipal. Todos sabían que arribaba alrededor de las dos de la tarde con su enorme maleta café, bastante trajinada, a la que le hacía falta la manija; por eso siempre la llevaba sobre el hombro. De él solo se sabía que su nombre era Matías. ¿La edad? Indeterminaba. Bien podría tener cincuenta años que setenta.

Apenas reunía parroquianos, comenzaba a darle órdenes a la peligrosa serpiente que traía en la valija. Tan mortífera era, que jamás la abrió. Solo le gritaba: “Quieta, Margarita, que primero fue el niño Dios que vos”.

Y aunque las cabezas de varios curiosos se asomaban al ruedo, jamás quisieron descubrir que había adentro, porque él los amenazaba. “La mordida de este animal es mortal, así es que, si no quiere ver a sus deudos tomando tinto en un velorio, mejor ni se acerque”, advertía, para –con sutileza—desempacar de una bolsa toda suerte de ungüentos que servían para curar la artritis, el mal de ojo, el asma, el cáncer, las cefaleas y hasta los dolores de un amor incomprendido.

Logró interesar así a un buen número de personas que le compraban la mercancía hasta que un día, sin mayor explicación, desapareció. No volvieron a ver al culebrero que amenazaba con la temible serpiente, de no se sabe cuántos metros, a la que jamás vieron y que el misterioso hombre portaba en su maleta.

La historia vino a mi memoria ahora que el presidente anda con el cuento de que la vacunación masiva comenzara el próximo 20 de febrero y que la meta, a diciembre, es haber inoculado con la “mágica poción”, a por o menos el 70% de la población colombiana.

En las ruedas de prensa y en sus intervenciones en el aburrido telemagazín que transmite todos los días el asunto suena interesante. Sin embargo, el gran interrogante es: ¿en este país, que ocupa un deshonroso puesto entre los más corruptos del mundo, será posible que esas dosis biológicas lleguen a la gente que las necesita? Al margen de si son efectivas o no, la cuestión es si el volumen de vacunas, muy costosas, por cierto, no se pierden en el camino por la magia de birlibirloque y lo más probable es que nunca terminen entre los más vulnerables.

Para nadie es desconocida la serie de escándalos que se produjeron en el 2020 por malversación de fondos en la compra de medicamentos o la destinación inapropiada de ayudas humanitarias. Los roedores de siempre, aquellos que no faltan en el sector público o privado, se encargaron de que desaparecieran y, en la mayoría de los casos, se desconoce cuál ha sido el curso de esas investigaciones.

No es por ofender a Matías, el culebrero de Vijes, pero el presidente Duque le está haciendo competencia con tantos anuncios, al tiempo que pone un velo de misterio alrededor del proceso de compra, bajo el argumento de cierto grado confidencialidad que no se puede violar por acuerdo tácito con las multinacionales que las producen.

Como decía el eterno notario del pueblo, don Angelino Barco, tomando tinto en la cafetería de doña Josefa García: “Amanecerá y veremos”. Esa expresión resumía la incredulidad, la misma que nos asiste como parroquianos del común, frente a los anuncios rimbombantes del presidente Duque en torno a la vacunación, y el temor de que la mano gigante y tenebrosa de la corrupción no vuelva a hacer su aparición ante la indiferencia de los entes de control.

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Por Fernando Alexis Jiménez| @misnotasdeldia
Llegó al cargo de alcaldesa argumentando una posición de centro izquierda a la que, por supuesto es ajena. Y lo digo porque sus actuaciones riñen con lo que pregona. Su más reciente “metida de pata” en la larga cadena de errores y contradicciones, fue la orden de ordenar que 90 mil empleados de la Alcaldía retornaran a sus puestos, sin haber tomado ninguna medida de bioseguridad para asegurar el regreso.
No es coherente porque ella misma ha asumido posiciones radicales en contravía del también errático presidente, Iván Duque, en cuanto a aperturar espacios de trabajo. Y el mandatario le jaló las orejas y dejó claro que no es procedente, tras recordarle que ella  ha insistido en el riesgo que representa para la ciudad la utilización de muchas personas en el sistema de transporte público.
Francisco Maltés Tello, miembro del Ejecutivo Nacional de la Central Unitaria de Trabajadores, consideró este un gran equívoco de varias formas. “En primera instancia, pedir al gobierno nacional que amplíe el confinamiento y ella disponer que los empleados salgan a trabajar. No ha dispuesto medidas de bioseguridad. Este tipo de medidas, se deben concertar con el movimiento sindical que representa a la base de trabajadores los protocolos para que luego los avalara la Secretaría de Salud. Igualmente concertar qué tipo de elementos son necesarios y, si para garantizar el desplazamiento, se pondrán rutas de buses. Las decisiones deben ser concertadas”, insistió.
De hecho, el director del Departamento Administrativo de la Presidencia, Diego Molano, cuestionó, sin mencionar a la funcionaria su decisión al trinar lo siguiente:  “Las entidades públicas del orden nacional, de acuerdo con Directiva Presidencial 02 del 12 de marzo 2020, durante esta emergencia deben privilegiar el teletrabajo para proteger su vida, seguir cumpliendo sus funciones y no congestionar transporte público”.​
Por supuesto, no es la única medida en la que dice y no hace, en una ciudad donde el Escuadrón Móvil Antidisturbio (ESMAD) ha respondido en varias ocasiones conrepresión a quienes salen a pedir comida porque, o se contagian de coronavirus o se mueren de hambre.
Claudia López que restringió la salida a la calle para adquirir alimentos, por esas contradicciones que le asisten, salió junto con su esposa de “compras”, fue en procura de víveres pasando por alto las mismas instrucciones que había impartido.
Sin que haya sido jamás ni vaya a ser el santo de mi devoción por su posición neoliberal, uno entendería que la oposición de Claudia a Iván Duque, obedece a que está haciendo campaña para, en un futuro, cobrar los réditos y pretender materializar su aspiración de llegar a la presidencia.
Dice muchas cosas, con ese prurito populista que la caracteriza, pero sus palabras distan mucho de los hechos.
Los que votaron por ella, en los barrios populares, creyendo en sus discursos mesiánicos, han descubierto muy tarde, que ella va por lo suyo. En pocas palabras, los tres PY: “Primero yo, segundo yo y, tercero yo”.
No ha llegado a sus primeros seis meses de gobierno y ya ha brillado el cobre. ¡Santo Dios, todavía faltan algo más de tres años y medio de desgobierno! Cada día uno se pregunta: ¿Con qué nuevas saldrá hoy?

 


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Cuando estábamos en los tiempos de las “vacas gordas” jamás propusieron un buen aumento salarial, ni siquiera una bonificación extra para los empleados colombianos. Pero ahora que llegaron las “vacas flacas” y están al borde de la quiebra, quieren socializar las pérdidas.


Por Fernando Alexis Jiménez | @misnotasdeldia
Ironías de la vida. Por años y cuando se sentaban en la mesa tripartita con el gobierno y las centrales obreras a acordar el incremento salarial de cada año, los empresarios asumieron históricamente una posición mezquina aduciendo escasez económica.
Así las cosas, los ajustes en los ingresos han sido miserables por mucho tiempo, seguidos por un índice de precios al consumidor despiadado al cerrar cada vigencia anual, aun cuando el Departamento Administrativo Nacional de Estadística –DANE–se encargaba de maquillar informes con la anuencia del sector privado, que aplaudía el circo en el que convirtieron ese espacio. Generalmente terminaban sacando el nuevo valor del salario por decreto “ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo con los trabajadores”
Por supuesto, en un tinglado como ese, todos sabemos quiénes eran los espectadores—los que viven de un empleo—y los payasos, que con sonrisas amplias salían en los noticiarios a pronosticar un nuevo año lleno de posibilidades financieras, ya que no se había permitido el desborde económico, como lo pretendían las centrales de trabajadores.
Amasaron fortunas a costa de los explotados y de profesionales, que tras invertir cuantiosas sumas en su formación universitaria, reciben hoy ingresos que están un poco más allá de un mínimo en Colombia, el país macondiano donde ocurren cosas inverosímiles.
Y precisamente, fruto de esa realidad mágica que sólo puede concebir un escritor de ciencia ficción, la Asociación Colombiana de Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (Acopi) a través de su presidenta, Rosmery Quintero Castro propuso bajar los salarios hasta en un 30% y el presidente de la Federación Nacional de Comerciantes (Fenalco), Jaime Alberto Cabal, hizo lo propio conjugando entre los dos, una “brillante idea” que busca conservar su patrimonio y que ese salvamento lo pague la clase trabajadora.
Desde mi modesto computador y al ver las noticias, me pregunté –y aún no despejo mi interrogante–, si de lo que se contagiaron no fue del Covid 19 sino de una suerte de síndrome de cretinismo, para el que jamás se ha podido encontrar vacuna entre quienes los padecen.

Con la propuesta del empresariado colombiano, uno no sabe si reír no sentir rabia, por lo descabellada.


Y lo digo porque cuando estábamos en los tiempos de las “vacas gordas” jamás propusieron un buen aumento salarial, ni siquiera una bonificación extra para los empleados colombianos. Pero ahora que llegaron las “vacas flacas” y están al borde de la quiebra, quieren socializar las pérdidas. ¡Eso solo se le ocurre al reducido grupo de empresarios que concentran la riqueza en Colombia!
Ojalá y el presidente Iván Duque, cuya falta de liderazgo salta a la vista, no se deje presionar más por la clase otrora rica y privilegiada  que lo llevó al poder, y haciendo acopio de la sensatez se evite que, con todo y medidas restrictivas, se reaviven las manifestaciones en las calles de todo el país por parte de trabajadores que prefieren morirse de coronavirus y no de hambre y explotación.
Ay Dios, las cosas que le toca ver a los colombianos, con una clase gobernante que se aprovecha de los mercados que reparten a la gente necesitada para sacar ventaja económica, los que están haciendo política tomándose selfies cuando entregan ayudas y luego las suben a sus redes sociales con una sonrisa mesiánica e impostada, y ahora los empresarios con su pretensión de  que el pueblo pague para  que ellos puedan superar un mal momento económico.

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Los sectores económicos privilegiados de Colombia que subieron al poder a Iván Duque, son los mismos que le piden que no les deje ahogarse en medio de la recisión.


Por Fernando Alexis Jiménez | @misnotasdeldia
El presidente Iván Duque, tras la prolongación del aislamiento obligatorio hasta el 27 de abril, se encuentra en una enorme disyuntiva: cuidar de la salud de 50 millones de colombianos y los migrantes, o permitir que el país se precipite al abismo por una recesión económicaLo que preocupa es que se incline por la segunda vía al levantar la cuarentena en las próximas dos semanas.
Las presiones del sector económico son enormes. El segmento que le ayudó a llegar al poder, siente que el estancamiento financiero es agudo, que pronto entrarán en cesación de pagos, las medidas planteadas no mitigan su realidad y que el panorama ensombrecido no se prevé cercano al cambio ya que, de acuerdo con Kristalina Georgieva quien se encuentra al frente del Fondo Monetario Internacional,  lo que se avecina es una recesión mucho mayor a la de 1929.
La presidenta de la Asociación Colombiana de Pequeñas y Medianas Empresas–Acopi–, Rosmery Quintero advierte que los créditos ofrecidos por la banca son a muy corto plazo y corren peligro 7 millones de los 17 millones de empleos que generan. Piden al gobierno nacional recursos para pagar nóminas.
Por su parte, el Departamento Nacional de Planeación admitió que el aislamiento llevará a la eventual pérdida de 11.5 millones de empleos. Palabras más, palabras menos, más miseria.
Hasta los médicos han comenzado a protestar en Bogotá pidiendo garantías para el ejercicio de su labor. Todos están en peligro diario junto con enfermeras y auxiliares.
Hasta los médicos han comenzado a protestar en Bogotá pidiendo garantías para el ejercicio de su labor. Todos están en peligro diario junto con enfermeras y auxiliares.
Como siempre y con las perlas que le caracteriza y con las que siempre golpea a los más necesitados, el Ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, anunció que, concluida esta fase crítica, será necesaria una nueva reforma tributaria. Es decir, la clase media deberá soportar sobre sus hombros la crisis. En otras palabras, al caído, caerle, como reza un dicho popular colombiano.
Los brotes de desespero han llevado a que, en varias ciudades y municipios, comenzando por Bogotá, las personas quieran entrar a saquear los negocios. Son aquellos que no tienen empleo y sienten que la hambruna toca a sus puertas. Ya se cansaron de colocar trapos rojos en las ventanas y puertas de las casas que habitan para pedir ayuda gubernamental, que por ser tantas las necesidades, nunca llega.
Los días pasan y esta pandemia que tomó al mundo entero por sorpresa, agudiza la crisis económica de un país como Colombia, donde la base de desempleados crece cada día más y el nivel de desespero es tal, que hasta los ricos y empresarios no soportan más y están pidiendo ayudas al gobierno nacional.

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Los venezolanos en Colombia que ascienden a 1.8 millones, se han convertido en un dolor de cabeza para el presidente de Iván Duque ya que, si bien no tiene la capacidad de atender a los nacionales contagiados con el coronavirus, menos para brindar cobertura sanitaria a esta enorme población flotante que se concentra en las principales ciudades.
En su momento y con el propósito de golpear la imagen y procurar la desestabilización del presidente Nicolás Maduro, alentó el éxodo de quienes salían del vecino país y les presentó el territorio colombiano como el paraíso en el que encontrarían albergue, alimentación y salud.
Pero, de un tiempo acá, todo cambió. La pandemia aceleró el proceso y ahora, la enorme ola de personas provenientes de Venezuela, han optado por volver a su país.
“Acá nos estamos muriendo de hambre. Dormimos en las calles. No encontramos ayuda de nadie”, dijo Rosario Yineth Linares en la entrevista que le hizo un noticiero de televisión cuando la halló de camino a Cúcuta, ciudad fronteriza. El desespero es tal, que conciben la posibilidad de atravesar las trocas en caso de no poder hacerlo por la vía natural, el puente internacional Simón Bolívar.
La situación es grave. No es extraño encontrar familias enteras en los parques, en los andenes o en la salida de los supermercados. Y más grave aún, que como consecuencia del desempleo que azota a los colombianos por cuenta de la enfermedad, infinidad de ciudadanos se ocupan solo de atender su propia encrucijada: no hay plata para comprar y si se compra, es muy poco, apenas para sobrevivir y no para regalar.

Frente a la situación, el alcalde de Cali, Jorge Iván Ospina, propuso un puente aéreo humanitario para llevar venezolanos en la ruta Cali – Caracas y pidió a sus homólogos que hagan lo mismo.



DE ECUADOR HACIA COLOMBIA
El panorama se torna más complejo por el número de venezolanos que, ante la crisis de salud en Ecuador, decidieron salir de allí y hacer tránsito por Colombia. Las principales ciudades en las que se asientan son Pasto, Popayán y Cali.
En algunos casos, están enfermos con el coronavirus, pero no son atendidos. Esta situación ha llevado a que las autoridades del suroccidente colombiano, pongan el grito en el cielo. Sin pretenderlo, las concentraciones de migrantes se pueden convertir en foco de contagio sin que ninguna entidad médica les brinde cobertura.
El éxodo de venezolanos es impresionante. Van de camino a su país.
El éxodo de venezolanos es impresionante. Van de camino a su país.
¿DÓNDE QUEDÓ LA TIERRA PROMETIDA?
Por supuesto, nadie se esperaba esta pandemia ni tampoco, el crecimiento exponencial de las últimas semanas. Pero este tipo de situaciones fortuitas son las que debió prever el presidente Iván Duque cuando salía a los medios, con la anuencia de Donald Trump, a desafiar a Maduro y a invitar a sus compatriotas a que vinieran a la “tierra prometida”.
Frente a la situación, el alcalde de Cali, Jorge Iván Ospina, propuso un puente aéreo humanitario para llevar venezolanos en la ruta Cali – Caracas y pidió a sus homólogos que hagan lo mismo.
Por su parte, la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, expresó su preocupación porque ha hecho lo que está a su alcance, pero dice, no pueden asumir los costos de los hermanos del vecino país que son lanzados a la calle porque no tienen para pagar los inquilinatos donde se hacinan.
El que se está viviendo es un ajedrez en el que cada jugada cuenta, lo grave es que estamos hablando de vidas humanas en peligro, de personas que hoy se encuentran en indefensión y vulnerabilidad. Y, por supuesto, el presidente Duque que otrora se daba ínfulas por sus buenas relaciones con Trump para atacar a Maduro, es quien tiene la palabra…
Por Fernando Alexis Jiménez | @misnotasdeldia

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Se aprovechan de la contingencia nacional para botar al asfalto a quienes, con su esfuerzo y sudor, les han servido de plataforma para enriquecerse durante mucho tiempo.


Por Fernando Alexis Jiménez | @misnotasdeldia
El desempleo en Colombia se disparó. Comprensible en un país que se encuentra en medio de la expansión progresiva del coronavirus. Las medidas excepcionales de aislamiento social que comparte dos elementos, preventivo y obligatorio, se han constituido en un detonante social sin precedentes históricos.
La Fundación para la Educación Superior y el Desarrollo –Fedesarrollo–prevé que, al término de la cuarentena, el índice de desocupación que en febrero rebasaba el 13%, habrá crecido a un 19%. Una apreciación bastante pacata y conservadora, por cierto.
Es imposible que de 3.2 millones de colombianos sin vinculación estable, que era como se encontraba el escenario en febrero último, pasemos a 5 millones aproximadamente. La realidad es otra. La tasa de inactividad laboral podría estar por encima del 25% de acuerdo con los cálculos aterrizados en los que coinciden académicos del país.
Los economistas Álvaro Ruíz Erazo y Yecid González Sabi, quienes desarrollan actividad sindical en el ámbito colombiano y conocen del fenómeno laboral actual, se identifican en un aspecto: las estadísticas sobre desempleo no son las que actualmente ponderan ni el gobierno nacional ni los gremios económicos que les son afectos.
Basta poner en el escenario que ni comerciantes medianos y pequeños, ni vendedores ambulantes, ni migrantes de Venezuela y de otros países, pueden laborar, para concluir que pueden ser más de seis millones las personas—que encabezan una familia—, quienes hoy se encuentran sumidas en el desespero porque no tienen ingresos.
El desempleo acosa por todas partes en Colombia.
El desempleo acosa por todas partes en Colombia.
DESVINCULACIONES MASIVAS
El ministro del trabajo, Ángel Custodio Cabrera Báez, anunció que se investigan 300 empresas por desvinculación de personal irregular, las cuales pueden terminar en sanciones. Se aprovechan de la contingencia nacional para botar al asfalto a quienes, con su esfuerzo y sudor, les han servido de plataforma para enriquecerse durante mucho tiempo.
La cifra en este caso de las empresas donde se finiquitan contratos desconociendo la normatividad, puede ser mayor, porque la tercerización laboral se ha convertido en una constante en Colombia y en períodos que pueden amenazar recesión, lo más fácil es cancelar contratos y definir períodos cesantes no remunerados.
Un número indeterminado de trabajadores han quedado en la calle como consecuencia de las artimañas a las que acuden los patronos para “lavarse las manos” y salir bien librados de la situación.
CIUDADES DONDE SE VIVE DEL REBUSQUE
Las principales ciudades del país tienen un porcentaje que oscila entre el 40 y 46% de personas que sobreviven del rebusque. Bogotá con 7,4 millones de habitantes, es una de ellas, como lo reconoció en Caracol televisión la secretaria de Desarrollo Económico de la capital colombiana, María Carolina Durán Peña.
La crisis de la informalidad es abrumadora porque, en contingencias como la actual, torna vulnerables a quienes se encuentran en este renglón de la economía. Pero hay otros sectores organizados que, por el peso de las circunstancias, han entrado en una recesión obligatoria como el turismo en el Eje Cafetero, el litoral pacífico colombiano y la Costa Atlántica, sin mencionar a quienes, por el período previo, durante y posterior a la llamada Semana Santa, acogían visitantes o veían dinamizada la industria gastronómica o del transporte y, a estas alturas, deben resguardarse en casa.
El panorama laboral luce ensombrecido en Colombia. De la mano con esta situación, la economía, hoy bastante resentida. El problema se agudizará si se acoge la propuesta de la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, de ampliar hasta junio el aislamiento social. ¿Y los desempleados? ¿De qué van a vivir? Dos grandes interrogantes que quedan en el ambiente y a los cuales desde la esfera gubernamental se les debe dar respuesta…

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La decisión de suspender la ruta marítima entre Buenaventura y 16 municipios del litoral pacífico, en el occidente de Colombia, tiene en una crítica situación de desabastecimiento a poco más de 3 millones de personas. La situación es grave y amerita que el gobierno del presidente, Iván Duque Márquez, tome medidas inmediatas.
La falta de provisión de víveres se registra en Juradó, Bahía Solano, Nuquí, Bajo Baudó y el Litoral de San Juan en el Chocó, López de Micay, Timbiquí y Guapí, en el Cauca y en Santa Barbará, El Charco, La Tola, Olaya Herrera, Mosquera, Tumaco y Francisco Pizarro en Nariño, sin contar con los corregimientos que se encuentran dispersos a largas distancias.
Generalmente a estas concentraciones poblacionales no se accede por carretera sino por el mar y los ríos, y la suspensión de viajes desde Buenaventura hacia cada uno de ellos, los deja sin alimentos de primera necesidad. La única alternativa, en muchos casos, radica en someterse a los especuladores que acapararon productos para revenderlos. El problema es que no hay plata.
Bocas de Satinga es otro de los poblados costeros que enfrentan desabastecimiento.
Bocas de Satinga es otro de los poblados costeros que enfrentan desabastecimiento.
¿Por qué optaron por no viajar hacia esos municipios distantes? El argumento de los propietarios de una veintena de embarcaciones es que la mayor ganancia radica en el transporte de pasajeros. La carga no les representa rentabilidad. Así las cosas, prefieren tener buques y barcos de mediano calado, atracados en el puente de El Piñal, en la ciudad portuaria.
La otra cara de la moneda la representan los lugareños de los municipios distantes. Viven su propio drama. Algunos cultivan yuca, plátano y verduras. Un porcentaje mínimo, deriva sus ingresos de la pesca. En algunas poblaciones ya se está recurriendo al trueque, pero no es suficiente.
Las embarcaciones permanecen atracadas en el puente El Piñal, en Buenaventura.
Las embarcaciones permanecen atracadas en el puente El Piñal, en Buenaventura.
El panorama luce ensombrecido porque de un lado los dueños de las embarcaciones se niegan a mover las máquinas, a menos que cuenten con un auxilio gubernamental para combustible, y de otro lado, no ha habido pronunciamiento del gobierno nacional sobre qué hará para resolver el asunto.
“El hambre no da espera”, dijo uno de los lugareños, y sus pocas palabras expresa el desespero que ya comenzó a dominarlos y que, en momentos así, sacan a flote el lado más oscuro del comportamiento humano…

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Las cárceles del país no soportan más hacinamiento. Un virus podría provocar, en cuestión de horas, una mortandad sin precedentes históricos en el país.


Por Fernando Alexis Jiménez | @misnotasdeldia
El estado de desespero que comenzó a invadir a millares de colombianos, horas antes que entre en vigencia la cuarentena total por el coronavirus, llevó a internos de 13 cárceles a protagonizar amotinamientos que, en el caso de Bogotá, deja un saldo de 23 muertos y 83 heridos. Una situación dramática, sin duda.
Lo ocurrido en la penitenciaría La Modelo es el estallido de la bomba de tiempo en la que se ha convertido el hacinamiento en estos centros, situación que hace más de 10 años desbordó la capacidad de alojamiento de quienes han infringido la ley, así como de los centenares que—aun cuando no hay pruebas en su contra–, no han tenido recursos para asumir los costos de un abogado defensor. Irónicamente, los delincuentes de cuello blanco, pagan sus penas en la comodidad del hogar.
La ministra de Justicia, Margarita Cabello Blanco, desestimó que las asonadas fueran producto de un pánico y reacción propia del miedo, pero los hechos dicen lo contrario: la presencia de este virus en cualquiera de los centros carcelarios–podría ser por el contacto mínimo con un guarda del Inpec–desencadenaría una mortandad sin precedentes históricos en el país.
Por muchas horas, familiares de los fallecidos han pedido información veraz y precisa de lo que ocurrió.
REACCIÓN EN CADENA
La revuelta de La Modelo, en Bogotá, tuvo réplicas en otras doce cárceles. No obstante, los comunicados oficiales giraron en torno a que se frenó el propósito de fuga y no en anunciar medidas de fondo que lleven a resolver el hacinamiento y, en segundo lugar, a garantizar una adecuada atención médica a los internos.
Lo previsible es que esta situación tenga réplicas en cadena ya que la sobrepoblación en los reclusorios, no es solamente en las principales ciudades sino en los municipios.
El grave incidente del fin de semana demanda que el gobierno nacional asuma el desafío y responda con acciones concretas que permitan asegurar o, al menos garantizar, que cada persona en reclusión, tenga acceso a una atención de salud oportuna y, en caso de emergencia, tener la certeza de que recibirán el tratamiento acorde a su necesidad.

¿Quién ayudará a millares de venezolanos migrantes que deambulan por las calles? El presidente Duque, quien los alentó a venir, guarda silencio.


UN PAÍS EN INCERTIDUMBRE
El nivel de desempleo había crecido, en el primer bimestre, en un 13% con tendencia a aumentar. En términos sencillos, 3.3 millones de colombianos estaban en el asfalto.
El panorama ahora luce más ensombrecido con la cuarentena obligatoria. ¿Quién le da trabajo a alguien? Nadie. Expertos coinciden en señalar que el porcentaje se puede triplicar (rebasar el 30% de desocupación), teniendo en cuenta que los vendedores informales están obligados a asumir la cuarentena y que, sinnúmero de empresas previendo una crisis económica histórica, solicitaron despidos masivos de personal.
LOS MIGRANTES VENEZOLANOS EN MEDIO DE LA CRISIS
Hasta el mes de enero se estimaba que en territorio colombiano habían alrededor de 1.6 millones de venezolanos asentados y ciudades y municipios. En su gran mayoría sobrevivían gracias a la solidaridad de otras personas o de la mendicidad.
El interrogante apenas natural es, si los nacionales están sumidos en el desespero por la cuarentena obligatoria y ya se siente una situación crítica en la economía, ¿quién ayudará a los migrantes?
Por supuesto, el momento que atraviesa Colombia es la radiografía de lo que ocurre en otros países latinoamericanos. Y ya se está tomando conciencia de que, sin ser apocalípticos en la visión inmediata, los niveles de vida en la nación que están por debajo de los que priman en Europa, llevará a la agudización de la miseria.
Las señales de alarma están encendidas. El desafío del presidente, Iván Duque Márquez quien no ha brillado propiamente por su liderazgo, es muy grande y deberá atenderlo…

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Millares de connacionales reconocen que por primera vez en muchos años, la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos puso el dedo en la llaga y le echó sal y limón cuando el organismo multilateral solicitó una profunda transformación en el Escuadrón Móvil Antidisturbios.


Por Fernando Alexis Jiménez | @misnotasdeldia
Grave. Esta palabra breve pero profunda revela lo que ocurre en Colimba con los líderes sociales y defensores de derechos humanos. Los están matando de manera indiscriminada. Así lo revela el más reciente informe de la ONU. A la gravedad del asunto se suma la reacción del gobierno nacional, desestimando una realidad que no se puede ocultar. Otro adjetivo con el que infinidad de personas han calificado la actitud del presidente Iván Duque: tremenda desfachatez.
Se atrevió a señalar que se trataba de una “intromisión en la soberanía nacional”, y además de cuestionar las fuentes que dieron origen al análisis. Sentenció que espera, hacia el futuro, que un nuevo trabajo sea “más objetivo”. En otras palabras, que oculte la verdad y desconozca que los cementerios colombianos se están llenando cada día más de bóvedas y de cruces, además de los llantos desconsolados de quienes pierden a sus familiares.
Sin embargo, millares de connacionales reconocen que por primera vez en muchos años, la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos puso el dedo en la llaga y le echó sal y limón cuando el organismo multilateral solicitó una profunda transformación en el Escuadrón Móvil Antidisturbios.
De acuerdo con el documento que se convirtió en el florero de Llorente, se deben emprender “investigaciones exhaustivas, efectivas e independientes en relación con casos de presunto uso excesivo de la fuerza por parte del Esmad durante las recientes protestas sociales”.
“Es que los policías de Colombia no se levantan a nada distinto que proteger a los colombianos, protegerles la vida, la honra, los bienes, los derechos, la libertad. A eso se levantan, son personas de carne y hueso, personas llenas de motivación, personas que dejaron al lado el camino de las vanidades para escoger el servicio a la comunidad”, dijo el jefe de Estado en una publicación que difundió el diario El Tiempo el 26 de febrero del año en curso. Con pocas palabras legitimó que el que los agentes especiales repartan generosamente garrote a diestra y siniestra cuando la gente sale a protestar. Infinidad de lesionados y personas con problemas de respiración fruto de los gases lacrimógenos, pueden dar fe de las consecuencias.
Hay una confrentación tácita entre el presidente Duque y la ONU (Foto tomada de la Revista Semana)
Hay una confrentación tácita entre el presidente Duque y la ONU (Foto tomada de la Revista Semana)
SE DISPARARON ASESINATOS DE LÍDERES SOCIALES
Uno y hasta dos líderes sociales son asesinados cada día en Colombia. La máquina de la muerte no se detiene. El modus operandi es el mismo: disparos desde una moto. Sicarios que jamás son capturados. “Exhaustivas investigaciones” que concluyen en nada y engrosas interminables anaqueles en poder de la justicia colombiana.
Lo que relató el informe de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos no es fruto del realismo mágico del enorme Macondo que es Colombia. Valga la redundancia: es real y representa un fenómeno social que ha ido creciendo.
No es algo nuevo. Durante décadas dirigentes sindicales, defensores de derechos humanos, periodistas y políticos han sido víctimas de lo que se ha denominado “crímenes de Estado”, paramilitares, sicarios y narcotraficantes.
CICLOS DE IMPUNIDAD
El Informe de la ONU  critica la falta de acceso a la justicia que “perpetúa ciclos de impunidad y violencia”, y señala que la Fiscalía General de la Nación sólo tiene alcance en la mitad del país. Explica, así mismo, la presencia de organizaciones armadas en varios territorios y las violaciones de derechos humanos que llevan a cabo.
El documento denuncia que en el 2019 hubo privaciones arbitrarias de la libertad por parte del ejército y la policía, casos de violencia de miembros de las fuerzas armadas y la policía contra ex guerrilleros de las FARC, y presuntas torturas y malos tratos.
El ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo, tampoco se quedó callado frente al tema. Defendió al ESMAD. Se puso la camiseta—perdón, el uniforme—y como si estuviera repartiendo garrote y gases lacrimógenos, como suelen hacer ellos, justificó las intervenciones durante las movilizaciones e, incluso, la invasión que hacen a campos universitarios.
Así las cosas, no hay garantías para la protesta social y si alguien quiere ponerse una lápida encima, basta que ejerza como líder social o defensor de derechos humanos. Lo más probable es que no llegará a diciembre ni comerá natilla y buñuelos. Y que una entidad internacional como la ONU ponga en evidencia la realidad, por supuesto que le cayó al gobierno nacional como un baldado de agua fría que desvirtúa los afanosos periplos del presidente Iván Duque, vendiendo a Colombia como un paraíso en diferentes escenarios internacionales…


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El Sindicato Unitario de la Gobernación del Valle del Cauca-Diverso pero Unitario, es una Organización Sindical de Industria y/o rama de actividad económica de primer grado y mixta, que tiene en su seno a Servidores Públicos adscritos en los Niveles Central-Descentralizado, EICES-ESES-de Nivel Dptal. y Funcionaros de Educación planta FODE .


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